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La Doctora Del Padrino

La Doctora Del Padrino

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

El jefe mafioso más temido de España, Damon Burgos, conocido como el Padrino, gobierna con puño de hierro y sin piedad. Christine, una brillante cirujana, carga con un odio profundo hacia él: fueron los hombres de su banda quienes acorralaron a su madre hasta llevarla al suicidio. Damon la ha observado durante meses, deseándola con una intensidad que lo consume, y exige que ella le dé el heredero que su imperio necesita. Christine se niega, y para escapar de su destino, acepta casarse con un hombre que cree que la protegerá. Pero Damon no permite que nadie le quite lo que es suyo. Irrumpe en la boda, la lleva a su fortaleza y la encierra. Cuando un enemigo de Damon la droga para atacarlo a través de ella, él pierde el control y hará cualquier cosa, destruir ciudades, matar ejércitos, con tal de salvarla. Y entre el odio y el peligro, arde un deseo que ninguno de los dos puede apagar.

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Capítulo 4 — Paredes de Piedra y Lujo

La fortaleza de Damon Burgos era un lugar donde el lujo y la prisión se abrazaban con la misma fuerza. Christine recorría cada rincón descubriendo que todo estaba diseñado para deslumbrarla y, al mismo tiempo, recordarle que no tenía salida. Los suelos de mármol blanco con vetas negras brillaban bajo la luz de las lámparas de cristal de roca; los muebles eran de caoba tallada a mano, tapizados en terciopelo burdeos y seda negra; en cada rincón había jarrones antiguos, esculturas de mármol y cuadros de maestros españoles que valían fortunas que ni siquiera podía calcular. Pero las ventanas, altas y adornadas con vidrieras de colores, estaban protegidas por rejas de hierro forjado, tan antiguas como la propia fortaleza, tan gruesas que parecían parte de la estructura misma. Y las puertas, macizas, pesadas, se cerraban tras de sí con un sonido metálico que le helaba la sangre: el sonido de la libertad alejándose un poco más cada día.

Una mañana, mientras recorría la biblioteca, una estancia inmensa con estanterías que llegaban hasta el techo y una escalera de madera de roble que parecía no tener fin, Damon entró sin hacer ruido, como siempre. Llevaba ropa más casual esa mañana: una camisa de algodón negro y pantalones del mismo color, que sin embargo no le restaban ni un ápice de imponencia. Se detuvo en el umbral, observándola con esa intensidad que ya empezaba a conocer, como si estuviera estudiando cada movimiento, cada reacción.

—¿Te gusta? —preguntó, su voz suave, resonando entre los estantes llenos de libros—Mandé traer todos los textos de medicina que pudieras necesitar son ediciones de lujo, tratados actualizados, revistas científicas. Quería que tuvieras tu espacio.

Christine miró los estantes, efectivamente llenos de todo aquello que amaba, y sintió un nudo en la garganta.

—Me das todo lo que pido, Damon, menos lo único que de verdad quiero —respondió ella, sin apartar la vista de los libros— Libros, ropa, comodidades, son solo cosas. No llenan el vacío de no poder salir, de no poder respirar aire que no esté filtrado por tus reglas.

Damon caminó lentamente hacia ella, deteniéndose a unos pasos de distancia, respetando su espacio, aunque su presencia llenaba la habitación por completo.

—No te estoy castigando, Christine. Te estoy protegiendo. Mi mundo es peligroso, y cuanto más lejos estés de él, más segura estarás. Aquí tienes todo lo que necesitas para ser feliz, sin el dolor del pasado ni el miedo al futuro.

—¿Feliz? —repitió ella, con una risa amarga—. No se puede ser feliz encerrada. No importa cuán suave sea la cama ni cuán rica sea la comida. La felicidad necesita libertad, Damon. Y tú me la has quitado.

Él bajó la mirada un instante, como si sus palabras le dolieran de verdad, y cuando volvió a mirarla, sus ojos oscuros estaban llenos de una emoción tan profunda que le cortó la respiración.

—Te daré todo lo que esté en mi mano —dijo, con voz firme y a la vez tierna—. Excepto la libertad de marcharte. Porque si te dejo ir, te perderé para siempre. Y no puedo vivir sin ti. Ya no puedo.

Esas palabras la dejaron sin habla. No era deseo, no era posesión. Era necesidad. Una necesidad absoluta, devastadora, que la confundía y la aterrorizaba a partes iguales. Quería odiarlo por ello, quería gritarle que no tenía derecho, pero en el fondo, algo en su interior se estremecía al escucharlo. Nadie nunca la había necesitado con tanta fuerza. Nadie nunca la había puesto en el centro de su universo, aunque fuera un universo construido con cadenas de oro.

Esa tarde, Damon le mostró el resto de la fortaleza, guiándola por pasillos amplios y salones que parecían pertenecer a otro siglo. Había un gimnasio completo, una sala de música con un piano de cola de ébano, un invernadero lleno de plantas exóticas y flores de todos los colores. En cada detalle se notaba que él había pensado en ella, en sus gustos, en lo que la haría sentir más cómoda. Y eso era lo más peligroso de todo: no la estaba tratando como una prisionera común. La estaba tratando como una reina en su propia jaula.

—¿Por qué haces todo esto? —preguntó ella cuando terminaron el recorrido, de pie frente a la gran chimenea del salón principal—. Podrías haberme obligado, podrías haberme tratado mal. Pero no lo haces. ¿Por qué?

Damon se quedó mirándola, y en su mirada se mezclaban el tormento y la adoración.

—Porque tú no eres una prisionera, Christine. Eres mi destino. Y no se trata bien al destino con violencia. Se trata con reverencia, con cuidado, con todo lo que uno tiene.

Se acercó un paso más, y el aire se volvió denso, cargado de esa electricidad que siempre crecía entre ellos.

—Un día comprenderás —susurró, tan cerca que ella podía sentir el calor de su aliento—. Un día me darás la razón, y ya no querrás irte. Y ese día, esta fortaleza dejará de ser una prisión. Se convertirá en nuestro hogar.

Christine quiso responder, quiso decirle que nunca, que jamás ese día llegaría, pero las palabras murieron en su garganta. Porque en el fondo, muy en el fondo, donde no se atrevía a mirar, empezaba a temer que él tuviera razón. Que las paredes de piedra y lujo no eran lo que la mantenía allí. Era la forma en que la miraba. Era la certeza con la que hablaba de un futuro juntos. Era ese deseo que crecía cada día, más fuerte, más peligroso, quemándola desde dentro.

...El lujo podía comprar comodidad… pero nunca podía llenar el vacío de una jaula dorada....

...CONTINUARÁ...

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1
MAR
👏
Eliana Angulo
estuvo interesante tu novela, la recomiendo 👏👍
Eliana Angulo
🤣🤣 dicho y hecho una empleado los traicionó y de confianza que no es lo mismo.. ella también tan 🤬le dice que no reciba nada y lo hace.. hay tiene
Eliana Angulo
ahora los traiciona algún empleado 🤔
Eliana Angulo
Y no decía que quería su libertad 🤔 y ahora que se la estando no la quieren ... quién la entiendo 🤣🤣
Eliana Angulo
Y no decía que quería su libertad 🤔 y ahora que se la estando no la quieren ... quién la entiendo 🤣🤣🤭
Eliana Angulo
🤣🤣 me das todo menos mi libertad... y está más enamorada
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Exacto! Le quitó su libertad… pero le dio algo que valía mucho más: amor, protección y un hogar donde sentirse por fin libre de verdad. No la encadenó a su casa… la encadenó a su corazón. Gracias por leerla con tanto sentimiento
total 1 replies
Eliana Angulo
cómo dice un refrán del Odio al Amor solo hay un paso.. y ella está que pérdida
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Así es! 💥 Ese paso fue el más difícil y el más hermoso de todos… porque al cruzarlo descubrió que lo que sentía no era odio, sino amor escondido detrás del dolor. ❤️‍🔥 Gracias por esa frase tan bonita, ¡es perfecta para ellos dos!
total 1 replies
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