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Salvatore Nueva Tierra

Salvatore Nueva Tierra

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Malentendidos / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: jhezzy ortiz

Esta historia no empezó con amor.
Empezó con una reseña de 2 estrellas que casi la arruina.
Y con un contrato de 50 mil euros que casi lo salva.

*Él: Damián Ruiz*
35 años. Crítico de vinos. Dueño de viña en Toscana.
Escribió que su comida "no tenía alma".
Ahora necesita que ella cocine su boda.

*Ella: Melody Salvatore*
29 años. Chef en París. 12 mesas y una deuda gigante.
Lo odia. Con razón.
Ahora tiene 30 días para cocinar para él en Toscana.

El trato: 1 mes. Sin tocarse. Sin hablar de lo de Roma.
Solo comida y dinero.

Lo que no estaba en el contrato:
Los viñedos en verano.
Las noches sin dormir.
Las manos que se rozan al probar un plato.
Y la pregunta que nadie se hace: ¿Y si el odio es solo miedo de querer?

NovelToon tiene autorización de jhezzy ortiz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Fuego en la cocina

Las 7:00pm. _Villa Ruiz_ estaba llena.

20 invitados. Socios de Damián, familia de Valeria, gente importante de Florencia. Copas de Prosecco, risas, música de violín.

Y en la cocina, el caos.

—¡Se quemó el risotto! —gritó Luc, el ayudante que trajeron de París.

—¡Faltan 6 platos de branzino y el horno se apagó! —otro grito.

Melody tenía el pelo recogido, el delantal manchado de salsa, y los ojos encendidos. Estrés. Adrenalina.

La puerta se abrió. Damián. Traje negro, corbata floja. Se veía perfecto y fuera de lugar.

—¿Qué pasó? —preguntó, serio.

—El generador falló. Perdimos 40 minutos —dijo Melody sin mirarlo, picando ajo a toda velocidad—. Si quieres cancelar la cena, hazlo ya.

Damián se quitó el saco. Lo tiró en una silla.

—No se cancela nada. Dime qué necesitas.

Melody lo miró sorprendida.

—¿Sabes cocinar?

—Mi abuela me enseñó —se arremangó la camisa, dejando ver los antebrazos—. Manda.

Por primera vez en días, trabajaron juntos. De verdad.

Él emplataba. Ella gritaba tiempos. Sus hombros se chocaban. Sus manos se cruzaban buscando la misma sartén.

—Más sal —dijo ella, probando su salsa.

Damián probó con el mismo tenedor. Sus labios tocaron donde habían estado los de ella.

Melody se quedó quieta un segundo.

—Está perfecta —dijo él, con voz baja.

Afueras se escuchó la risa de Valeria. Y la de Marco. Muy cerca.

Damián apretó la mandíbula.

—Mesa 3 pide si hay opción vegetariana —dijo Luc.

—Haz pasta al pomodoro —ordenó Melody—. Yo la saco.

Salió con 2 platos. En el comedor, Valeria estaba sentada entre dos hombres. Y Marco le estaba sirviendo vino. Muy cerca. Tocándole la espalda.

Damián apareció detrás de Melody.

—¿Todo bien?

—Sí —mintió ella.

Volvieron a la cocina. Faltaba el postre. El tiramisú.

Damián se puso detrás de ella para alcanzar el cacao en polvo en el estante alto. Su pecho rozó su espalda. Un segundo. Dos.

Melody sintió un escalofrío.

—Perdón —murmuró él, pero no se movió enseguida.

Espolvorearon el tiramisú juntos. Manos sobre manos. Silencio.

Salieron los postres. Aplausos. Todo salió bien al final.

Cuando los invitados se fueron, eran las 2:00am. La cocina era un desastre. Y ellos dos estaban solos.

Agotados. Sudados. Adrenalina todavía en el cuerpo.

Melody se dejó caer contra la encimera.

—Lo logramos.

Damián se sirvió dos copas de agua. Le dio una.

—Eres increíble cuando estás así. Al mando.

Ella bebió. Lo miró.

—¿Y tú eres increíble cuando no eres un idiota arrogante.

Él sonrió. De lado. Peligrosa.

—Solo contigo.

El aire cambió. Otra vez esa tensión.

Damián dejó la copa. Se acercó a lavar una olla. Melody se puso a su lado. Espalda con espalda, lavando en silencio.

—Hoy Marco le tocó la espalda a Valeria —dijo Damián de repente.

—Ya lo vi —respondió Melody—. ¿Te molesta?

—Me molesta que no le moleste a ella.

Melody se giró. Lo miró.

—¿Y a ti te molestaría si a mí me tocaran?

Damián dejó la esponja. El agua seguía corriendo.

—Sí —dijo, sin pensar—. Mucho.

Se miraron. Mojados, cansados, con olor a comida y a vino.

Melody dio un paso hacia él. Luego otro.

Damián no se movió. Solo la miraba con esos ojos verdes oscuros.

Levantó la mano. Le quitó una mancha de harina de la mejilla con el pulgar. El roce fue lento. Delicado.

Melody cerró los ojos.

—Damián...

Su nombre en su boca lo rompió.

Él bajó la cabeza. Sus frentes se tocaron. Respiraban agitados.

Toc, toc.

—¡Hola? ¿Siguen ahí? —la voz de Valeria en la puerta.

Se separaron de golpe. Como adolescentes.

—Ya salimos —dijo Damián, con la voz ronca.

Valeria entró, bostezando.

—Uff qué noche. Gracias chicos. Me voy a dormir. —Miró a Melody de arriba a abajo—. Buen trabajo, chef.

Salió.

El momento se había ido. Pero algo había cambiado.

Melody recogió su chaqueta.

—Buenas noches.

Al pasar junto a Damián, él le susurró al oído:

—28 días, Melody. Cada día va a ser peor.

Ella salió corriendo. Con el corazón a mil y la piel ardiendo donde él la tocó.

En su cuarto, se miró al espejo. Labios hinchados de mordérselos. Mejillas rojas.

Ya no era odio.

Ya era algo mucho más peligroso.

1
Ffgh Sfgh
escriba más bien de vaqueros es más creible
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