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Entre Dos Mundos

Entre Dos Mundos

Status: En proceso
Genre:Escuela / BL / LGBT
Popularitas:468
Nilai: 5
nombre de autor: Luis Fernando Sanchez

Mateo Rivera llega a una prestigiosa universidad de Estados Unidos con una beca que representa la oportunidad de cambiar su vida. Acostumbrado a luchar por cada oportunidad, sabe que no puede permitirse cometer errores. Alexander Whitmore, en cambio, nació rodeado de privilegios. Hijo de una de las familias más importantes de la ciudad, tiene un futuro prácticamente asegurado. Pero detrás de su apellido, su dinero y la imagen de una vida perfecta existe una presión que pocos conocen. Sus caminos se cruzan durante su primer día de universidad. Al principio, solo son dos estudiantes que comienzan a hablar. Después, poco a poco, se convierten en amigos. Entre conversaciones, miradas y momentos compartidos, algo comienza a cambiar entre ellos. Pero mientras Mateo empieza a descubrir lo que realmente siente, Alexander tendrá que enfrentarse a sus propios miedos. Porque enamorarse de Mateo significa desafiar un mundo al que siempre ha pertenecido. Un mundo donde las apariencias importan, donde su familia tiene una reputación que proteger y donde mostrar quién es realmente podría cambiarlo todo. Dos chicos. Dos mundos completamente diferentes. Una historia que comienza con una simple mirada. Entre Dos Mundos es una historia de amor, amistad, descubrimiento y valentía, donde ambos tendrán que decidir si vale la pena luchar por lo que sienten.

NovelToon tiene autorización de Luis Fernando Sanchez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Capítulo 15 — Lo que no podemos controlar

El jueves por la mañana, Mateo llegó a la universidad con una sensación extraña.

Desde la noche anterior no había podido dejar de pensar en lo que Alexander le había contado.

Su padre lo estaba investigando.

No sabía qué información podía haber encontrado.

No sabía qué estaba buscando.

Y, sobre todo, no entendía por qué alguien como Richard Whitmore se interesaría tanto en él.

Mateo dejó su mochila sobre la mesa de la cafetería y sacó sus apuntes. Intentó concentrarse en su proyecto de arquitectura, pero después de unos minutos cerró el cuaderno.

No podía.

Su teléfono vibró.

Alexander: Buenos días.

Mateo sonrió.

Mateo: Buenos días.

Pasaron unos segundos.

Alexander: ¿Ya llegaste?

Mateo: Sí.

Alexander: Voy para allá.

Mateo negó con la cabeza, sonriendo.

No habían pasado ni cinco minutos cuando Alexander apareció.

—Buenos días.

—Buenos días.

Alexander se sentó frente a él.

—¿Dormiste?

—Más o menos.

—Yo tampoco.

Mateo lo miró.

—¿Tu padre?

Alexander asintió.

—No pude dejar de pensar en lo que pasó.

—Yo tampoco.

Hubo un momento de silencio.

Alexander extendió la mano sobre la mesa.

Mateo la tomó.

—No quiero que esto cambie lo que tenemos —dijo Alexander.

Mateo lo miró.

—No tiene por qué cambiar.

—¿Seguro?

—Seguro.

Alexander sonrió.

—Bien.

Daniel llegó unos minutos después.

—Buenos días.

Mateo y Alexander soltaron sus manos rápidamente.

Daniel los miró.

—Interesante.

—¿Qué? —preguntó Mateo.

—Nada.

Daniel se sentó.

—No vi nada.

Alexander soltó una risa.

—Eres terrible.

Sophie llegó después.

—¿Qué me perdí?

Daniel respondió:

—Nada.

Sophie miró a Mateo y Alexander.

—Claro.

Mateo negó con la cabeza.

—Ustedes dos están insoportables.

Sophie sonrió.

—Solo observamos.

Durante la clase, Mateo intentó concentrarse.

El profesor explicó el siguiente proyecto y dividió a los estudiantes en equipos.

Mateo quedó con Daniel y otros dos compañeros.

Alexander, que estudiaba Administración, tendría otra clase al otro lado del campus.

Antes de irse, Alexander se acercó a Mateo.

—Te veo después.

—Sí.

—¿Seguro?

Mateo sonrió.

—Sí.

Alexander se alejó.

Daniel observó cómo se marchaba.

—Ya ni disimulan.

Mateo se rio.

—No estamos haciendo nada.

Daniel levantó una ceja.

—Exactamente.

Al terminar las clases, Mateo encontró a Alexander afuera del edificio.

Pero algo era diferente.

Alexander estaba serio.

—¿Qué pasó?

—Mi padre habló con alguien de la universidad.

Mateo frunció el ceño.

—¿Con quién?

—No sé.

—¿Y qué dijo?

Alexander respiró profundamente.

—Que quería conocer más sobre tu situación académica.

Mateo sintió incomodidad.

—¿Mi beca?

—Probablemente.

—¿Por qué?

—No lo sé.

Mateo guardó silencio.

—Alexander, yo no quiero que tu familia piense que estoy contigo por dinero.

Alexander reaccionó inmediatamente.

—Nunca pensaría eso.

—Pero tu padre sí podría.

—Mi padre sospecha de todo.

Mateo bajó la mirada.

—No quiero convertirme en un problema para ti.

Alexander se acercó.

—No eres un problema.

—Pero…

—Mateo.

Alexander esperó a que lo mirara.

—Tú no eres responsable de lo que mi familia piense.

Mateo permaneció en silencio.

—Y yo tampoco voy a dejar que mi padre decida quién puede estar en mi vida.

Más tarde, caminaron juntos hasta la biblioteca.

Mateo necesitaba terminar una parte del proyecto.

Alexander se sentó frente a él.

—¿Quieres que te ayude?

Mateo sonrió.

—No sabes nada de arquitectura.

—Puedo aprender.

—¿En una tarde?

—Soy inteligente.

Mateo soltó una risa.

—Eso sí lo sabes vender.

Alexander sonrió.

—Solo contigo.

Mateo volvió a mirar su computadora.

Durante casi una hora trabajaron en silencio.

De vez en cuando, Alexander observaba a Mateo dibujar.

Le gustaba verlo concentrado.

Le gustaba la manera en que Mateo mordía ligeramente el extremo del lápiz cuando estaba pensando.

Le gustaba incluso cuando Mateo fruncía el ceño porque algo no salía como quería.

Alexander se dio cuenta de que estaba sonriendo.

Mateo levantó la mirada.

—¿Qué?

—Nada.

—Estás sonriendo.

—¿No puedo?

—Sí.

Alexander bajó la mirada.

—Me gusta verte trabajar.

Mateo sonrió.

—Eso sonó raro.

—Lo sé.

Ambos rieron.

Mientras ellos estaban en la biblioteca, Daniel y Sophie caminaban por otro edificio.

—¿Quieres ir por un café? —preguntó Sophie.

—Sí.

Caminaron hasta una cafetería cercana.

Esta vez ninguno habló demasiado.

Cuando se sentaron, Sophie finalmente dijo:

—Daniel.

—¿Sí?

—Quiero preguntarte algo.

—Adelante.

—La persona que te gusta…

Daniel se quedó quieto.

—¿Sí?

—¿Soy yo?

Daniel dejó de respirar durante un instante.

Sophie se arrepintió inmediatamente.

—Perdón. No debí preguntarlo.

Daniel negó con la cabeza.

—No.

—Está bien.

—No, espera.

Sophie lo miró.

Daniel respiró profundamente.

—No estoy seguro.

Ella permaneció en silencio.

—Eso es lo peor —continuó Daniel—. Porque contigo me siento diferente. Pero no sé si es amistad o algo más.

Sophie bajó la mirada.

—Yo también siento algo diferente contigo.

Daniel levantó los ojos.

—¿Entonces?

Sophie sonrió nerviosamente.

—Entonces ninguno sabe qué hacer.

Ambos rieron.

Por primera vez, ninguno tuvo que fingir que no existía algo entre ellos.

Esa tarde, Richard recibió un informe.

Estaba sentado en su despacho revisando documentos.

El informe contenía información académica de Mateo.

Calificaciones.

Beca.

Historial universitario.

Actividades.

Nada parecía extraño.

Hasta que Richard llegó a una sección específica.

Situación económica familiar.

Richard leyó lentamente.

Después dejó el documento sobre la mesa.

Victoria entró.

—¿Qué encontraste?

Richard permaneció en silencio.

—Richard.

—No hay nada sospechoso.

Victoria respiró aliviada.

—Entonces deja el asunto.

Richard negó con la cabeza.

—No es tan sencillo.

—¿Qué quieres decir?

—El chico no parece estar buscando dinero.

—Entonces ¿qué problema hay?

Richard miró el informe.

—Precisamente ese.

Victoria frunció el ceño.

—No entiendo.

—Si no quiere nada de Alexander, entonces lo que existe entre ellos puede ser más serio de lo que pensaba.

Victoria se quedó callada.

Esa noche, Alexander llevó a Mateo a cenar.

No era un restaurante elegante.

Era un pequeño lugar cerca del campus.

Mateo sonrió al entrar.

—¿Aquí?

—Sí.

—Pensé que elegirías algo mucho más caro.

Alexander se rio.

—¿Y si te digo que prefiero esto?

—Te creo.

Se sentaron.

Durante la cena hablaron de la universidad.

De sus clases.

De Daniel y Sophie.

De los planes que tenían para el fin de semana.

Por un momento, todo parecía normal.

Hasta que Mateo preguntó:

—¿Crees que algún día tu padre va a dejar esto?

Alexander bajó la mirada.

—No sé.

—¿Y si no?

Alexander pensó unos segundos.

—Entonces tendré que poner límites.

Mateo lo miró.

—¿Y si esos límites te cuestan algo?

Alexander sostuvo su mirada.

—Hay cosas que valen la pena.

Mateo sintió un nudo en la garganta.

—¿Yo soy una de esas cosas?

Alexander no respondió inmediatamente.

Después dijo:

—Sí.

Mateo bajó la mirada.

No sabía qué decir.

Después de cenar, caminaron por la calle.

La noche estaba tranquila.

Alexander se detuvo.

—Mateo.

—¿Sí?

—Hay algo que quiero preguntarte.

—¿Qué?

Alexander respiró profundamente.

—¿Te arrepientes de lo que pasó ayer?

Mateo supo inmediatamente a qué se refería.

A sus manos entrelazadas.

A la forma en que se habían quedado juntos.

—No.

Alexander sonrió.

—Yo tampoco.

Mateo lo miró.

—Pero tengo miedo.

—¿De qué?

—De que todo esto cambie.

Alexander se acercó.

—Ya está cambiando.

Mateo levantó la mirada.

—¿Para bien?

Alexander sonrió.

—Eso espero.

Durante unos segundos quedaron frente a frente.

Muy cerca.

Pero ninguno se atrevió a dar el siguiente paso.

Alexander finalmente se apartó.

—Vamos.

Mateo sonrió.

—Vamos.

Cuando Alexander llegó a su casa, encontró a Richard esperándolo.

—Tenemos que hablar.

Alexander dejó las llaves.

—¿Otra vez?

Richard sostuvo un documento.

—Hoy recibí información sobre Mateo.

Alexander se tensó.

—¿Qué información?

Richard se acercó.

—Su situación económica.

Alexander apretó la mandíbula.

—¿Y?

—Su familia no tiene recursos suficientes para mantenerlo en una universidad como esta sin la beca.

—Ya lo sabía.

—Pero hay algo que no entiendes.

Richard dejó el documento sobre la mesa.

—Mateo depende completamente de esa beca.

Alexander lo miró.

—¿Qué estás insinuando?

Richard respondió con tranquilidad.

—Nada.

—Entonces ¿por qué me dices esto?

Richard sostuvo su mirada.

—Porque quiero que entiendas que algunas personas pueden perderlo todo muy fácilmente.

Alexander sintió una mezcla de enojo y miedo.

—No te atrevas.

Richard no respondió.

Alexander tomó el documento y lo dejó sobre la mesa.

—No voy a permitir que uses su vida para controlarme.

Richard lo miró fijamente.

—Entonces no me obligues a hacerlo.

Alexander se quedó inmóvil.

—¿Eso es una amenaza?

Richard guardó silencio.

Alexander subió las escaleras.

Pero aquella noche, por primera vez, comprendió que su padre no solo estaba observando.

Estaba buscando una forma de tener poder sobre la situación.

Al día siguiente, Mateo llegó a la universidad.

Todo parecía normal.

Hasta que recibió un correo.

Lo abrió.

Era de la administración universitaria.

Asunto: Revisión de documentación de beca.

Mateo sintió que el corazón se le detenía.

Leyó el mensaje.

La universidad solicitaba una reunión para revisar nuevamente su situación académica y económica.

Mateo no entendía por qué.

Su beca había sido aprobada meses atrás.

No había ningún problema con sus calificaciones.

Miró alrededor.

Entonces recibió otro mensaje.

Alexander: Buenos días. ¿Ya llegaste?

Mateo comenzó a escribir.

Sí. Pero necesito hablar contigo.

Se detuvo.

Borró el mensaje.

Volvió a escribir.

Mateo: Sí. ¿Podemos vernos?

Alexander respondió casi inmediatamente.

Alexander: Claro. ¿Qué pasó?

Mateo miró nuevamente el correo.

Y por primera vez sintió que la amenaza de Richard no estaba dirigida solamente contra Alexander.

También estaba comenzando a alcanzarlo a él.

1
Max
Pero si ya te lo dijo 👀
Max
Ya cállese señor 🤗
Max
Más inoportuno imposible 🤦‍♀️
Max
Juju alguien se está enamorando 👀
Max
Awww 🤭
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