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LA OBSESIÓN DEL ZORRO

LA OBSESIÓN DEL ZORRO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Rishel23

Espero que les guste esta novela tanto como a mi...

NovelToon tiene autorización de Rishel23 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

4

Capítulo 4: Instintos que no pueden ocultarse

El aroma de vainilla permanecía impregnado en la memoria de Ren incluso varias horas después de haber abandonado la universidad.

Era desesperante.

Se encontraba sentado en la cabecera de una larga mesa de juntas mientras los directivos del Grupo Ashikaga exponían los resultados del último trimestre.

—Las ganancias aumentaron un doce por ciento...

—La nueva sucursal estará lista el próximo mes...

—También recibimos una propuesta de...

Ren no escuchaba.

Solo veía, una y otra vez, el momento en que sus dedos habían rozado la mano de Richel.

Había sido un contacto de apenas unos segundos.

Pero bastó para calmar un vacío que llevaba sintiendo desde el día en que la encontró.

—¿Señor Ashikaga?

La voz del vicepresidente lo hizo volver a la realidad.

Todos lo observaban.

Ren aclaró la garganta con elegancia.

—Continúe.

Nadie comentó su distracción, aunque varios intercambiaron miradas de sorpresa.

Ren Ashikaga jamás perdía la concentración.

Jamás.

Al terminar la reunión, su secretario lo alcanzó antes de que entrara a su oficina.

—Señor.

—¿Sí?

—Hemos recibido la lista de estudiantes que solicitaron ingresar al programa de prácticas.

Ren tomó la carpeta sin darle demasiada importancia.

Comenzó a revisar los nombres.

Uno tras otro.

Hasta que...

Richel.

Sus ojos se detuvieron sobre aquel nombre.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

Ella había presentado la solicitud.

—¿Cuántos candidatos hay?

—Más de trescientos.

—¿Y cuántos serán aceptados?

—Diez.

Ren cerró la carpeta.

—Quiero entrevistar personalmente a los finalistas.

El secretario arqueó una ceja.

—¿Usted mismo?

—Sí.

—Nunca había hecho eso.

Ren caminó hasta el ventanal.

—Siempre hay una primera vez.

Mientras tanto...

Richel salía de la biblioteca acompañada por Clara.

—No puedo creer que al final sí enviaras la solicitud.

Comentó Clara con una enorme sonrisa.

—Solo porque tú insististe.

—¡Te lo agradecerás cuando seas millonaria!

Richel soltó una carcajada.

—No necesito ser millonaria.

Solo quiero terminar la universidad.

Clara negó con la cabeza.

—Eres demasiado sencilla.

En ese momento, el teléfono de Richel vibró.

Era un mensaje de un número desconocido.

"No camines sola al salir de clases."

Ella frunció el ceño.

—Qué raro...

—¿Qué pasó?

Richel mostró la pantalla.

Clara leyó el mensaje.

—¿Quién lo envió?

—No tengo idea.

Intentó llamar al número.

Estaba apagado.

—Debe ser una broma.

Dijo Richel, guardando nuevamente el teléfono.

Pero una extraña sensación comenzó a instalarse en su pecho.

Como si alguien la estuviera observando.

Sin darse cuenta, levantó la vista.

No había nadie.

Solo estudiantes caminando de un lado a otro.

En el estacionamiento del campus...

Dentro de una camioneta negra con los vidrios polarizados...

El mismo hombre de negro bajó lentamente el teléfono.

—Cayó.

Murmuró.

En el asiento trasero, otro hombre sonrió.

—¿Se asustó?

—Todavía no.

—Perfecto.

No queremos que sospeche demasiado pronto.

El desconocido sacó una fotografía.

Era una imagen de Richel entrando a la universidad esa misma mañana.

Había muchas más.

Decenas de fotografías.

Tomadas desde distintos lugares.

En diferentes días.

—El señor quiere que permanezca ilesa.

Hasta que llegue el momento.

Esa misma tarde...

Ren decidió abandonar la empresa antes de lo habitual.

Algo dentro de él no lo dejaba tranquilo.

No era un presentimiento común.

Era el instinto.

El mismo que había protegido durante siglos a los semi zorros.

Mientras conducía por la ciudad, una sensación incómoda recorría todo su cuerpo.

Su cola permanecía completamente erizada.

Sus orejas se movían con inquietud.

Algo no estaba bien.

No sabía qué.

No tenía pruebas.

Pero su instinto rara vez se equivocaba.

Sin darse cuenta...

Giró el volante.

En lugar de dirigirse a su mansión...

Terminó conduciendo hacia la universidad.

Porque, aunque intentara convencerse de que era una simple coincidencia...

Su corazón ya había tomado una decisión mucho antes que su mente.

Y cada camino...

Siempre terminaba llevándolo hasta Richel.

Sin embargo, ninguno de los dos imaginaba que, oculto entre los estudiantes que abandonaban el campus, un hombre los observaba con una sonrisa fría.

—Cada vez estás más cerca de ella, Ren Ashikaga...

Eso hará que todo sea mucho más interesante.

El cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados cuando las clases terminaron.

Los pasillos de la universidad se llenaron de estudiantes que se despedían entre risas mientras caminaban hacia la salida.

Richel acomodó los últimos libros dentro de su mochila y lanzó un largo suspiro.

—Por fin terminó el día.

Clara sonrió.

—¿Vas directo a la cafetería?

—Sí, hoy me toca el turno de la tarde.

—Yo iré a casa. Nos vemos mañana.

—Hasta mañana.

Las dos se despidieron con un abrazo antes de tomar caminos distintos.

Richel salió del campus con los audífonos puestos, completamente ajena a la mirada que la seguía desde el otro lado de la avenida.

Dentro de un automóvil gris, el hombre vestido de negro habló por un pequeño auricular.

—El objetivo acaba de salir.

Una voz respondió al instante.

—No intervengas todavía.

Solo confirma la rutina.

—Entendido.

El vehículo arrancó lentamente.

---

A unas calles de allí...

Ren conducía su automóvil deportivo en dirección a la universidad.

No entendía por qué.

Intentó convencerse de que solo quería revisar unos documentos con el rector.

Pero ni él mismo creyó aquella excusa.

Su instinto lo guiaba.

Y nunca antes lo había sentido tan fuerte.

De pronto...

Sus pupilas se estrecharon.

Su agudo olfato captó algo extraño.

Un olor metálico.

Aceite.

Pólvora.

Y... miedo.

Su corazón dio un vuelco.

Sin pensarlo, aceleró.

---

Richel caminaba por una calle tranquila rumbo a la cafetería.

Miró la hora en su teléfono.

—Voy bien...

Guardó el celular y continuó.

No notó que el automóvil gris seguía avanzando a la misma velocidad que ella.

Tampoco vio al hombre que descendió discretamente del asiento del copiloto.

Sus pasos eran silenciosos.

Demasiado silenciosos.

Cuando estuvo a pocos metros de Richel...

Alargó la mano.

En ese preciso instante, un fuerte claxon rompió el silencio.

—¡Apártese!

El hombre reaccionó por reflejo y dio un paso hacia atrás.

Un elegante automóvil negro se detuvo bruscamente junto a la acera.

La puerta del conductor se abrió de golpe.

Ren descendió con el rostro completamente serio.

Sus ojos dorados recorrieron la escena en apenas un segundo.

El desconocido.

Richel.

El automóvil gris.

Algo no encajaba.

El hombre vestido de negro comprendió que permanecer allí era un error.

Retrocedió con calma y volvió al vehículo.

En cuestión de segundos, desaparecieron entre el tráfico.

Ren no los siguió.

Toda su atención estaba sobre Richel.

—¿Se encuentra bien?

Ella lo miró sorprendida.

—¿Señor Ashikaga?

—¿Ese hombre le hizo algo?

Richel negó lentamente.

—No... creo que solo iba caminando.

Ren frunció el ceño.

No.

Su instinto le gritaba que aquello no había sido una casualidad.

Pero no tenía pruebas.

Y no quería preocuparla.

Respiró profundamente antes de recuperar su habitual serenidad.

—Permítame llevarla a su trabajo.

Richel sonrió con amabilidad.

—No es necesario.

Puedo caminar.

Antes de que terminara de hablar, una motocicleta pasó a toda velocidad demasiado cerca de la banqueta.

El viento hizo que Richel perdiera el equilibrio.

Sin pensarlo, Ren la sujetó por los hombros.

Su expresión permanecía tranquila.

Pero por dentro...

El simple hecho de imaginar que algo pudiera ocurrirle le provocó un nudo en el pecho.

Richel levantó la vista.

Estaban muy cerca.

Tan cerca que podía distinguir los pequeños destellos dorados en los ojos del semi zorro.

—Gracias...

Murmuró.

Ren retiró lentamente las manos, obligándose a mantener la distancia.

—Insisto.

Déjeme llevarla.

Es más seguro.

Ella dudó unos segundos.

Era extraño aceptar la ayuda de un hombre al que apenas conocía.

Pero también era cierto que ya la había ayudado varias veces.

Finalmente sonrió.

—Solo hasta la cafetería.

Los ojos de Ren brillaron con una satisfacción imposible de ocultar.

Abrió la puerta del copiloto con toda la cortesía de un caballero.

—Después de usted.

Mientras el automóvil se alejaba de la avenida, ninguno de los dos notó que, desde la azotea de un edificio cercano, una cámara capturaba cada movimiento.

El hombre de negro bajó lentamente los binoculares.

—Así que ya empezó a protegerla...

Tomó nuevamente el teléfono.

—Informe para el señor.

Ren Ashikaga ya está completamente involucrado.

La respuesta llegó de inmediato.

Una voz grave, tranquila y escalofriante.

—Perfecto.

Entonces... el juego puede comenzar.

El hombre sonrió mientras guardaba el teléfono.

Muy pronto, Richel descubriría que conocer a Ren Ashikaga no solo cambiaría su vida...

También la convertiría en el objetivo de un enemigo dispuesto a destruir todo aquello que el poderoso semi zorro juraría proteger.

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Lariel Flowers
Exelente
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