Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Frank 3
Finalmente, después de varias horas, la subasta llegó a su fin.
Los últimos invitados comenzaron a despedirse.
Algunos felicitaban nuevamente a Kayla por la organización.
Otros comentaban sobre las excelentes pujas.
Y muchos destacaban lo generosa que había sido la familia Fletcher al organizar aquel evento.
Kayla estaba agotada.
Sus pies le dolían.
Sus mejillas también.
Y lo único que quería era meterse en la cama.
Fue entonces cuando Frank se acercó.
—Primita, me quedaré unos días en la mansión.
Kayla asintió.
—Perfecto.
Luego miró al duque Laurent.
Y, sin pensarlo demasiado, sonrió.
—Usted también puede quedarse.
Benjamin levantó ligeramente las cejas.
—No, Lady Kayla. No sería lo adecuado.
Kayla parpadeó.
[¿No tiene ropa suficiente?]
Miró discretamente al duque.
Su traje parecía perfecto.
[¿Entonces qué quiso decir?]
Por supuesto, Kayla no pensó ni por un segundo en las normas sociales relacionadas con un hombre y una mujer solteros compartiendo una residencia.
Su mente simplemente llegó a una conclusión completamente distinta.
[Quizás no tiene lo necesario para quedarse.]
Así que sonrió.
—Está bien.
Benjamin pareció relajarse.
Hasta que ella continuó..
—Entonces iré a visitarlo en unos días.
El duque se quedó inmóvil.
—¿Perdón?
—Necesito agradecerle por su ayuda y coordinar el transporte de las donaciones.
Benjamin abrió la boca.
No alcanzó a responder.
Frank ya estaba mirando a su amigo con una sonrisa enorme.
—¿Lady Kayla va a ir a la mansión Laurent?
Kayla respondió con absoluta naturalidad.
—Claro.
Frank parpadeó.
—¿Claro?
—Sí.
Se encogió de hombros.
—Necesito su ayuda para llevar las cosas.
Luego sus ojos se iluminaron.
—Además, nunca he ido a esos lugares.
Miró al duque.
—Podré conocer la playa.
Frank se quedó en silencio durante dos segundos.
Después comenzó a reír.
—¡JAJAJAJA!
Benjamin lo fulminó con la mirada.
—¿Qué?
Frank intentó contenerse.
—Nada.
Volvió a mirar a Kayla.
—Primita...
—¿Sí?
—¿Te invitaste tú sola a la mansión Laurent?
Kayla frunció el ceño.
—¿Qué tiene de malo?
Frank abrió la boca.
La cerró.
Volvió a abrirla.
Pero finalmente decidió que era mejor no explicar nada.
Kayla miró al duque.
—¿Le molesta que vaya?
Benjamin se quedó callado.
No le molestaba.
En absoluto.
El problema era que, según las normas de la sociedad, aquello podía considerarse poco apropiado.
Pero también había comprendido que Kayla parecía interpretar sus palabras de una manera completamente distinta.
[En eso se parece mucho a Frank]
Así que simplemente asintió.
—No me molesta.
Kayla sonrió inmediatamente.
—¡Excelente!
Benjamin sintió que algo no estaba bien.
Pero ya era demasiado tarde.
—Entonces ayudaré llevando las cosas.
Kayla levantó un dedo.
—Y además...
Sonrió.
—Tendré unos días de vacaciones en la playa.
Benjamin sintió que su ojo derecho comenzaba a temblar.
Frank, por supuesto, lo notó.
Y volvió a reír.
—¡JAJAJAJA!
El duque volvió a fulminarlo con la mirada.
Frank levantó ambas manos.
—Yo no dije nada.
Kayla no parecía entender en absoluto el problema.
Para ella, aquello era sencillo.
Había una misión de ayuda.
Había un duque que sabía de transporte marítimo.
Había un lugar al que debía ir.
Y además...
Había playa.
[¡Perfecto!]
Benjamin finalmente decidió despedirse.
—Nos veremos entonces, Lady Kayla.
—Claro, duque Laurent.
El hombre hizo una reverencia y se marchó.
Kayla lo observó alejarse.
[Es muy serio.]
Después miró a Frank.
—Tu amigo es bastante extraño.
Frank la miró.
—¿Él es extraño?
—Sí.
Frank soltó una carcajada.
—No sabes cuánto.
Luego se alejó para conversar con algunos de los nobles que todavía permanecían en la mansión.
Kayla, en cambio, sintió que ya no podía mantenerse de pie.
—Estoy agotada.
Se despidió de los últimos invitados y finalmente regresó a su habitación.
Las doncellas la ayudaron a quitarse el vestido.
Esta vez Kayla ni siquiera tuvo fuerzas para protestar por el tiempo que tardaban.
Cuando finalmente pudo meterse en la cama, soltó un suspiro de alivio.
Había sido un día agotador.
Pero había valido la pena.
La subasta había sido un éxito.
Habían reunido muchísimo dinero.
Y ahora podían comenzar a enviar ayuda a las personas afectadas por las inundaciones.
Kayla cerró los ojos.
Sonrió.
[Lo conseguimos.]
Pero había algo más que la hacía feliz.
Había descubierto que no necesitaba abandonar su personalidad para convertirse en una mejor persona.
Podía seguir siendo alegre.
Pícara.
Atrevida.
Desinhibida.
Podía hacer bromas.
Podía ser orgullosa.
Podía tener carácter.
Podía ser una fiera.
Solo necesitaba recordar que tener fuerza no significaba utilizarla para hacer daño.
Kayla se acomodó entre las almohadas.
[Quizás mi personalidad de mi primera vida sí funciona aquí.]
Sonrió.
[Quizás puedo seguir siendo yo.]
Y mientras pensaba en el viaje a la costa, en las donaciones y en aquella extraña conversación con el duque Laurent, sus ojos comenzaron a cerrarse.
[Playa...]
Ese fue su último pensamiento antes de quedarse dormida.
La nueva vida de Lady Kayla Fletcher acababa de comenzar.
Y, aparentemente...
También acababa de comenzar una nueva colección de problemas.
Dos bombas sexuales🤭👏👏