El día de su boda, Camila Duarte descubrió tres cosas: que su prometido nunca la amó, que su hermana tenía una relación con el, y que la familia que la crio la había estado usando desde el principio.
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CAPÍTULO 16: LA PUERTA DE ENTRADA
La invitación llegó exactamente como Valeria había calculado que llegaría.
Después de tres semanas de apariciones cuidadosamente coreografiadas en los lugares correctos —el club de golf donde se reunían los directores financieros de las principales empresas de la ciudad, la gala benéfica de la Fundación Cultural que Valeria había financiado generosamente sin llamar demasiado la atención, la conferencia de inversión latinoamericana donde había hecho una pregunta lo suficientemente inteligente como para que tres personas distintas le pidieran su tarjeta al finalizar el panel— el nombre de Valeria Cross empezó a circular en los círculos correctos con la velocidad exacta que ella había anticipado.
—Señorita Cross. —La voz pertenecía a Ricardo Almanza, presidente de la Cámara de Comercio de la ciudad, un hombre que Camila recordaba vagamente de las cenas empresariales de su padre, ahora considerablemente más canoso y con una barriga que la vida de banquetes corporativos había ido moldeando con el paso de los años—. Me han hablado maravillas de usted. Dicen que trae capital fresco directamente de Zúrich.
—Ricardo, ¿verdad? —Valeria le tendió la mano con una sonrisa medida, ni demasiado cálida ni demasiado distante, exactamente el punto medio que Trinidad le había enseñado a proyectar—. He escuchado también hablar mucho de usted. Su cámara de comercio tiene una reputación excelente en los círculos internacionales de inversión.
—Me halaga usted. —Ricardo sonrió, visiblemente complacido—. Dígame, ¿qué la trae exactamente a nuestra ciudad? No es común ver a inversionistas suizos interesarse en nuestro mercado emergente.
—Precisamente por eso me interesa. —Valeria tomó una copa de champán de una bandeja que pasaba cerca, sin apresurarse—. Los mercados saturados de Europa ya no ofrecen el tipo de retorno que mis clientes esperan. Latinoamérica, en cambio, tiene sectores completos todavía subvalorados, especialmente en minería y agroindustria. Y esta ciudad, en particular, tiene una concentración de capital familiar consolidado que resulta... fascinante desde una perspectiva puramente analítica.
—Capital familiar consolidado. —Ricardo rió, con el tono de quien reconoce un eufemismo elegante—. Así que ya empezó a estudiar el terreno.
—Siempre hago mi tarea antes de invertir en cualquier lugar, Ricardo. —Valeria sostuvo su mirada con una calma absoluta—. Por ejemplo, sé que el Grupo Duarte acaba de completar una fusión importante con la empresa Roig, hace ya algunos años, y que desde entonces han mantenido un crecimiento sostenido bastante notable en el sector de manufactura industrial.
La mención pareció despertar en Ricardo un interés inmediato, exactamente como Valeria había calculado.
—Los Duarte son prácticamente la familia empresarial más influyente de la ciudad. —Bajó ligeramente la voz, con el tono confidencial de quien disfruta compartir información privilegiada—. Doña Perla Duarte dirige el conglomerado con mano de hierro desde hace más de dos décadas. Una mujer formidable, aunque no exenta de... cierta historia complicada.
—¿Historia complicada? —Valeria arqueó una ceja, con un interés perfectamente calibrado entre la curiosidad casual y la indiferencia educada.
—Hace unos años hubo un escándalo bastante mediático. La hija mayor de Doña Perla fue condenada por el asesinato de su suegro, el mismo día de su boda, nada menos. —Ricardo bajó aún más la voz, casi como si estuviera compartiendo un secreto delicioso—. Toda la ciudad habló de eso durante meses. La hija terminó en prisión, y la otra hermana se casó con el viudo... perdón, con el prometido de la primera. Un culebrón digno de televisión, se lo aseguro.
—Qué historia tan trágica. —Valeria sostuvo su copa con una mano perfectamente firme, ocultando cualquier rastro del terremoto interior que esas palabras, pronunciadas con tanta ligereza casual por un extraño, habían provocado—. ¿Y la hija condenada? ¿Sigue en prisión?
—Cumplió su condena hace poco, según tengo entendido. Nadie sabe muy bien dónde está ahora. —Ricardo se encogió de hombros, con la indiferencia de quien ha perdido interés en un capítulo cerrado de un chisme antiguo—. Pero volviendo a temas más interesantes, señorita Cross, ¿le gustaría que la presentara formalmente con Doña Perla? Ella siempre está buscando socios de inversión internacional para nuevos proyectos del Grupo Duarte. Va a estar presente en la gala de la próxima semana, la celebración del aniversario de la fusión.
Valeria sintió que su pulso se aceleraba, aunque su rostro permaneció absolutamente inmutable.
—Me encantaría, Ricardo. Nada me interesa más, en este momento, que conocer personalmente a Doña Perla Duarte.
La conversación se prolongó unos minutos más, entre comentarios triviales sobre el mercado bursátil y el clima inusualmente cálido de esa temporada, hasta que Ricardo se disculpó para atender a otros invitados, dejando a Valeria sola junto a un ventanal que dominaba el horizonte iluminado de la ciudad.
Desde ahí, a lo lejos, podía distinguir la silueta del edificio Roig, con las luces de sus oficinas todavía encendidas a pesar de lo avanzado de la hora, y más allá, aunque invisible desde esa distancia, sabía exactamente dónde se encontraba la mansión Duarte, la casa donde había crecido, donde había aprendido a caminar, a leer, a amar y a confiar de la manera más ingenua e imprudente posible.
—Una copa de champán a solas junto a una ventana. —Una voz masculina la sacó de sus pensamientos, y Valeria se giró para encontrar a un hombre de aproximadamente su misma edad, elegante, con una sonrisa fácil que resultaba casi demasiado practicada—. Eso solo puede significar dos cosas: o está profundamente aburrida de esta fiesta, o está calculando algo mucho más interesante que cualquier conversación que pueda ofrecerle esta sala.
Valeria lo observó con atención, reconociendo de inmediato ese tipo particular de encanto superficial que había aprendido a identificar durante años en las cenas empresariales de su padre, y que ahora, con la distancia fría de su nueva identidad, podía analizar con una claridad casi científica.
—Podría ser ambas cosas —respondió, con una sonrisa apenas insinuada—. ¿Con quién tengo el gusto?
—Mateo Restrepo. Dirijo el área de inversiones del banco que probablemente va a terminar financiando cualquier proyecto que usted decida emprender en esta ciudad. —Extendió su mano con una confianza que rozaba, sin llegar del todo, la arrogancia—. Y usted es la misteriosa Valeria Cross de la que todos en esta fiesta llevan media hora hablando.
—Veo que mi reputación me precede.
—Su reputación acaba apenas de empezar, señorita Cross. —Mateo sonrió con lo que evidentemente consideraba encanto irresistible—. Pero algo me dice que en unos meses, va a ser bastante más que un simple tema de conversación en fiestas.
Valeria sostuvo su mirada un segundo de más, evaluando rápidamente el valor estratégico de ese hombre y de la institución financiera que representaba, y decidió, con la misma frialdad calculadora con la que Trinidad le había enseñado a tomar cada decisión de esa nueva vida, que Mateo Restrepo sería exactamente el tipo de aliado útil que necesitaría en los meses siguientes.
—Tiene razón, señor Restrepo. —Le tendió su tarjeta, con el nombre de Valeria Cross impreso en un elegante relieve plateado—. Va a ser bastante más que eso.
Y mientras Mateo se alejaba, visiblemente satisfecho con el intercambio, Valeria volvió a mirar hacia el horizonte de la ciudad, hacia la casa que la había visto nacer y traicionar en igual medida, sintiendo que, por primera vez desde su regreso, la puerta hacia el corazón mismo del imperio Duarte acababa de abrirse exactamente como ella lo había planeado.
La gala de la próxima semana no sería solo una fiesta más.
Sería el momento exacto en que Camila Duarte, disfrazada por completo de Valeria Cross, se sentaría cara a cara, por primera vez en cuatro años, frente a la mujer que la había destruido.
Y esta vez, sería Camila quien sostuviera todas las cartas.