Tres amigos fijan un objetivo cada uno y deciden grabar un vídeo esperando poder cumplirlos en un año... pero las situaciones alterarían los planes iniciales.
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Capítulo 3
Respondí con la voz elevada: “¿Eres imbécil?”
Jonathan: “shhhh. Baja la voz.”
Digo: “Este es tu problema, no el mío.”
Jonathan: “es cierto. Es mi problema y necesito que me ayudes a resolver mi problema. Por favor, apóyame.”
Digo: “no me agrada esto. No me gusta para nada.”
Jonathan: “Haz lo que puedas y ganes o pierdas te deberé un gran favor.”
Digo: “un favor gigantesco.”
Jonathan: “si, lo entiendo. Pero da todo de ti en el tablero.”
Digo: “siempre que juego doy todo en el tablero. Pero si hago esto, quiero que prometas que nunca más harás algo tan estúpido como lo que acabas de hacer.”
Jonathan: “No te preocupes, aprendí mi lección. En menos de 24 horas mi compromiso de un año se fue a la basura y ha sido un golpe lo suficientemente fuerte para no volverlo a hacer. Ya debe ser momento de la siguiente partida. Eres el único de los hombres que no ha sido derrotado. Confío en ti.”
A pesar de mi enojo, me dirijo al lugar del juego y efectivamente ya está un solo tablero con una mujer que ha ganado 2 partidas… y que no es Gipsy.
Sin embargo, Gipsy toma una silla y se sienta a un lado para ver la partida.
Las demás personas rodean el tablero una vez que estamos sentados y empieza la tercera partida.
Después de varias jugadas, miradas de tensión y la vigilancia calculadora de Gipsy, nos acercamos al final de la partida, donde a pesar de la dificultad superior a las 2 partidas anteriores, he logrado obtener una ligera ventaja.
Entonces, un error en una jugada de mi adversaria me permite hacer una maniobra que me da ventaja decisiva.
En eso, mi rival claramente enojada de un golpe con su mano arroja todas las piezas al suelo y después se retira diciendo: “esto es trampa”
Gipsy y yo dijimos al unísono: “¿Qué has dicho?”
Gipsy me toca el hombro y me dice: “Tranquilo. Has ganado está partida. Dame un momento para resolver esto y de allí seguimos con el torneo.”
Asiento con la cabeza y me retiro, pero el comentario me ha desubicado. Me dirijo al baño, pero escucho a una mujer del grupo decirle con temor a Gipsy: “eres la única que queda. ¿Qué pasa si pierdes?”
En el baño medito: “mi celular está en silencio y estoy 100% seguro de que no he hecho trampa. Estábamos rodeados, pero nadie habló durante la partida y si alguien lo hubiese hecho, mi rival hubiera podido reaccionar al instante. Además, ¿Por qué decir que hubo trampa cuando la partida ya estaba definida?. Esto parece más un arrebato de ira que un motivo válido a mi parecer y en mi experiencia, esto es muy inusual en un torneo de ajedrez.”
Intento calmarme y después salgo del baño. Veo que Gipsy se dirige a hablar con Jonathan en privado. Me acerco por un lado para escuchar la conversación, pero evito que me vean.
Entonces escucho:
Gipsy: “Ya me enteré de que has hecho trampa. No tienes dinero para pagar la apuesta.”
Por un momento siento calma. La “trampa” no se refería a mí. Igual sigo escuchando…
Jonathan: “Eso no tiene relevancia. Si ganamos no necesitaré dinero.”
Gipsy: “¿Por qué asumes que ganarás?. Podrías perder esta última partida y si eso ocurre ¿Qué harás?”
Jonathan: “Ese sería mi problema y me ocuparé de esa situación cuando ocurra. De todos modos ustedes no tienen nada que criticarme porque de la misma forma ustedes tampoco tienen dinero.”
Gipsy sonríe y dice: “Es cierto, no tenemos dinero. Pero ustedes recibieron nuestras fotos íntimas y así pudieron saber claramente cuál era el premio para los hombres si ganaban ¿Verdad?. Así que sabes perfectamente que nosotras desde el principio aclaramos que no era dinero lo que íbamos a apostar y todos los hombres estuvieron de acuerdo en aceptar nuestro “método de pago” si perdíamos.”
En ese instante me acerco, lo agarro a Jonathan y al verme él se asusta.
Mirándolo a los ojos le pregunto, claramente enojado:
“¿Qué apostaron las mujeres?”