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La esposa secreta del magnate Alcázar

La esposa secreta del magnate Alcázar

Status: Terminada
Genre:Romance / Aventura de una noche / Centrado emocionalmente / Amor a primera vista / Romance oscuro / Completas
Popularitas:40k
Nilai: 5
nombre de autor: Fabiana Luna

Camila Fuentes solo quería sobrevivir: pagar sus deudas, conservar su empleo y olvidar la noche en que despertó en la suite de un desconocido.
Pero aquel desconocido era Maximiliano Alcázar, heredero de uno de los imperios empresariales más poderosos de México. Frío, arrogante y acostumbrado a conseguir todo lo que desea, Max no está dispuesto a dejar escapar a la única mujer que logró alterar su mundo.
Para mantenerlo lejos, Camila inventa un novio. La mentira, sin embargo, desata una persecución de celos, secretos y deseos imposibles de ocultar. Mientras un amor del pasado intenta recuperarla y la familia Alcázar se niega a aceptarla, Camila deberá enfrentarse también a la herida que ha cargado desde niña: la certeza de que su propia madre la abandonó porque nunca fue digna de ser amada.
Max puede ofrecerle dinero, protección y hasta su apellido. Pero para convertirla en su esposa tendrá que demostrarle algo mucho más difícil: que esta vez, cuando todos los secretos salgan a la luz, él será el hombre que decida quedarse.

NovelToon tiene autorización de Fabiana Luna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

Huir al amanecer

El hombre era, sin la menor duda, el más guapo que Camila había visto en su vida. Y esa fue justamente la razón por la que decidió huir.

Dormido, con un brazo cruzándole todavía la cintura, tenía las facciones de esos hombres que ella solo había visto en las vallas publicitarias de Polanco: la mandíbula recta, las cejas oscuras, una boca que hasta en sueños parecía acostumbrada a mandar. No era un hombre cualquiera. Un hombre así no se quedaba en un cuarto de hotel por accidente, y desde luego no tenía nada, absolutamente nada, que ver con una empleada a prueba de Iztapalapa, ahogada en deudas.

“Un error. Fue un error, y los errores se dejan atrás.”

Levantó el brazo del hombre centímetro a centímetro y lo dejó sobre la sábana. Contuvo el aire cuando él frunció el ceño entre sueños, pero no despertó. Se deslizó fuera de la cama, con las piernas temblándole y el cuerpo entero protestando, y recogió del suelo el vestido rojo arrugado. Se lo pasó por la cabeza a tientas, sin buscar el resto de la ropa. Los zapatos los agarró de las tiras, descalza, para no hacer ruido en la alfombra.

Sobre el buró, junto a una cartera de piel, había una tarjeta.

Camila se detuvo un segundo. Era negra, gruesa, con las letras en un dorado mate que atrapaba la luz del amanecer. No tenía dibujo ni nombre de banco que ella conociera, solo un peso y un brillo que le decían, sin que entendiera cómo, que aquello valía más de lo que ella ganaba en un año. La tomó un instante entre dos dedos; pesaba distinto a cualquier tarjeta que hubiera tenido en la mano, como si estuviera hecha de otro material y para otra clase de gente. Alargó la vista hacia la cama, hacia el hombre dormido, y de golpe la soltó como si quemara. No era suya. Nada de ese cuarto era suyo, ni la tarjeta, ni la cama, ni el hombre. La dejó donde estaba y no volvió a mirarla.

Cruzó la suite en penumbra, abrió la puerta lo justo y salió al pasillo.

El pasillo era interminable, alfombrado, silencioso, con apliques de cristal cada pocos metros. Cinco estrellas gritadas en cada detalle. Camila caminó pegada a la pared hasta el elevador, se puso los zapatos con las manos temblorosas mientras bajaba, y cruzó el lobby con la cabeza gacha, sintiendo que cada empleado uniformado la miraba y sabía exactamente de dónde salía a esa hora, con ese vestido, con esa cara.

Nadie la detuvo. Nadie la conocía. Eso, al menos, era una suerte.

Afuera, la mañana de la ciudad la recibió con un aire frío que le limpió un poco la cabeza y le devolvió, entera, la conciencia de lo que había hecho.

Caminó dos cuadras sin rumbo hasta que vio el letrero verde de una farmacia que abría temprano. Entró. Se quedó parada frente al mostrador más de lo necesario, tragando saliva, hasta que la muchacha de bata la miró con paciencia.

—La… la pastilla del día siguiente —dijo Camila, bajando la voz como si las repisas pudieran oírla—. Por favor.

—¿Fue anoche? —preguntó la muchacha, ya buscando en el cajón.

A Camila se le encendió la cara.

—Sí.

—Tiene setenta y dos horas, pero entre antes, mejor. —La empleada puso la cajita sobre el mostrador y sacó una botellita de agua—. ¿Se la toma aquí o…?

—Aquí. —No quería llegar a casa con esa decisión todavía pendiente.

La tomó ahí mismo, de pie, con la muchacha mirándola sin juzgarla y con media farmacia de testigos indiferentes —un señor comprando aspirinas, una madre con un niño de la mano—, y el trago de agua le supo a vergüenza. Leyó de reojo el instructivo: una sola dosis, cuanto antes mejor, no era un método para repetir. Pagó con las monedas sueltas del fondo del bolso, contándolas dos veces porque le temblaban los dedos. La cajita vacía la guardó en el puño, como si tirarla a la vista de todos fuera una segunda confesión.

Al menos eso ya estaba resuelto. Un problema menos de los que podían venir. Se agarró de esa idea como de un clavo.

Ya en la banqueta, sonó el celular. El nombre de Fernanda en la pantalla le encogió el estómago más que cualquier otra cosa de esa mañana.

—¿Bueno?

—¡Cami! Ay, comadre, ¿dónde te metiste? Te busqué toda la noche, ya me tenías con el alma en un hilo. —La voz de Fernanda era un torrente—. ¿Estás bien? ¿Dónde amaneciste?

Camila cerró los ojos. La mentira le salió sola, redonda, fácil, y por eso mismo le dolió.

—Estoy bien, Fer. Se me subió horrible y una muchacha del evento me consiguió otro cuarto para dormirla. Perdón por no avisar, se me acabó la pila.

—¿Otro cuarto? Ay, qué susto me metiste. —Hubo una pausa—. ¿Segura que estás bien? Te oigo rara.

—Cruda, nada más. —Se obligó a reír—. Ahorita me voy a la casa. Feliz cumpleaños otra vez, comadre.

Colgó antes de que la voz se le quebrara. Era la primera vez en años de amistad que le mentía a Fernanda, y lo notó como una piedra fría instalándose en algún lado del pecho.

El regreso a Iztapalapa fue largo, como siempre. Un pesero repleto primero, el Metro después, de pie, apretada entre cuerpos, con el vestido rojo llamando la atención de todos a esa hora en que la gente normal iba a trabajar. Hora y media colgada de un tubo, mirando el piso, contando estaciones, sintiéndose cada minuto más ajena a la mujer que unas horas antes había dormido bajo molduras doradas.

Cuando por fin abrió la puerta del cuarto que compartía, la casa estaba vacía. Su compañera se había ido temprano. Mejor así.

Se metió a bañar sin esperar a que el boiler calentara. Talló. Se enjabonó. Volvió a tallar, como si la vergüenza fuera algo que se quitara con la piel, como si el ardor del cuerpo y el olor a alcohol y la mano tibia de aquel hombre en su cintura pudieran irse por la coladera junto con el jabón. Pero no se iban. Cada vez que cerraba los ojos volvía el techo de molduras doradas, el brazo pesado, su propia voz en la oscuridad diciendo “quédate”. Abrió más la llave, como si el ruido del agua pudiera taparle también la memoria. Se quedó bajo el chorro hasta que el agua salió fría y la obligó a salir.

Envuelta en una toalla, se sentó en el borde del colchón sin base, en el cuartito de paredes descascaradas, y se miró en el espejo manchado del ropero.

No lloró. Se lo prohibió.

“No pasó nada que no puedas cargar. Fuiste tú, nadie te obligó, nadie te empujó. Fuiste tú la que no se detuvo, y tú vas a cargar con eso. Ni un escándalo, ni una llamada, ni un reclamo. Ya está.”

Y quedaba lo importante, lo que no podía darse el lujo de olvidar por una noche estúpida: al día siguiente le tocaba entrar a Aurelle. Estaba a prueba. Un tropiezo y la corrían, y con ella se iban la renta, la deuda del vestido, el dinero que le mandaba a su abuela. No podía permitirse que un desconocido guapísimo de un hotel de Polanco le costara lo único que tenía.

Se levantó, colgó el vestido rojo en el clavo detrás de la puerta, donde no tuviera que verlo, y volvió al espejo. Se miró a los ojos, con las dos manos apoyadas en el ropero, y se lo dijo en voz alta, para que fuera verdad:

—A ese hombre no lo vuelves a ver en tu vida.

El espejo, manchado y viejo, le devolvió la promesa sin discutírsela.

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Yraima Núñez
Me encanta ésta novela, hasta ahora es bellísima y muy tierna/Heart//Heart/
Alba Hurtado
te cogieron por mentiroso una pareja deciden los dos,,te jodiste😢😨😃😀🌹🇨🇴🌹🇨🇴🌹
Alba Hurtado
que 😢😭 tierna historia triste de madre hija que por malas decisiones la abandono y esta pagando su karma😢😭
Alba Hurtado
estos son calentura sabrosura 💥⚡🔥🔥 volcan en erupción 🌋💥🌋💥
Lilia Rodríguez Licona
Es de las historias más bonitas que he leído y bien escrita👏👏🥰felicidades a la autora.
Alba Hurtado
que triste dicen que en esta vida se paga todo,como termino ella,por una mala decision ,😱😨
Alba Hurtado
el karma existe,ya vas a pagar todo,la justicia cojea pero llega
Alba Hurtado
el que menos se pensaba y dio la prueba para sacar del caminoa esa toxica
Alba Hurtado
autora no ponga a ella a 💔💔 a sufrido mucho yo se que es ficticia
Alba Hurtado
esta loca no le tiene 😱😨 miedo a la muerte,que regaladas el no la soporta ella que busca
Alba Hurtado
el amor lo cambio ,quien diria que el iceberg 🧊 hielo se derritiera de amor verdadero 😍💯❤️🌹🇨🇴💯💯🌹🇨🇴💯😘
Alba Hurtado
que tierno y bello buscando su hermana,sofia la dejo pero le mandaba dinero mensual ,para la escuela ,para comida sacaba millones para la madre ,ladrones la tia,lo malo es nunca visitarla ni llamarla,mas malo es pedirle que le deje el novio a la toxica 🐍 vibora ponsoñoza 🐍🐍👁️😨🫪🥺👁️💛💙❤️🌹🇨🇴🌹
Alba Hurtado
esa Sofia es una hiena el animal que no quiere a sus hijos ,hijadeputa,el karma te llega,💛💙❤️💯🌹🇨🇴🌹🇨🇴🌹
Alba Hurtado
estoy llorando otra vez de oir su historia otra vez ,los suegros la aceptaron como hija,yo soy buena suegra son las parejas de nuestros hijos ,hay que quererlos claro que cuando salen malos separarlos
excelente historia 😍💯❤️💛💙❤️💛💙❤️
Alba Hurtado
que malo cuando son de clases sociales diferentes, el que diran ,miran a los empleados de limpieza por, encima las que son humildes trabajadoras se graduan con sacrificios,y las niñas de papa rico no estudian trabajan ni se graduan se arrastran como zorras tener un pendejo que las mantengan en su posicion social,y las tratan de zorras que solo buscan el 🫰🤑 dinero y es lo contrario❤️💯😍
Alba Hurtado
🌹 excelente historia gracias por compartir con nosotros tus lectoras de novelatoon encantada con tus atrapantes capitulos desde el principio a fin😘😍❤️💯🎊🎉🌹🇨🇴🌹🇨🇴🌹
Alba Hurtado
estoy llorando con este capitulo que triste tierna historia triste la niñez vida de ella y tierna por ese amor devocion de el por eso tengo el corazon la escribe piensa redacta comparte tambien que parece verdad felicidades por tu atrapante novela cada capitulo mejor 💛💙❤️💯😍
Alba Hurtado
los dejaron mamando como el ternero ella mandaba plata 🫰🪙 dinero y no le daban medicina a la mamá son unas porquerías de personas 👥👤🥺👁️😚👁️👁️😨 solo la herencia,ya tiene un hombre que la ama y quiere a la abuela,💛💙❤️💯😍
Alba Hurtado
que bueno asi quiero uno,que me defienda,que amor tan grande le tiene,ella se lo merece todo,amo este par😘🙏😍❤️💯🌹🇨🇴🌹💛💙❤️
Alba Hurtado
esta traumada no tiene voluntad de enfrentarse a la toxica de alexandra,el la ama sobre todas cosas, no tiene autoestima de creer en ella misma,la infancia la tiene traumada,necesita terapia ayuda vencer esos miedos es profesional tiene un hombre que la ama la apoya,tiene que dejar de ser asi💛💙❤️
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