Tras una vida de maltrato, Akira consigue una beca para la universidad más prestigiosa del continente. Allí descubre que los seis príncipes de las bestias están ligados a su destino y que ella es la última Vinculadora. Un antiguo poder ha despertado... y todos la están buscando.
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Capítulo 4
El bosque quedó completamente en silencio.
Akira seguía sentada en el suelo, incapaz de apartar la mirada del desconocido de ojos plateados.
Su presencia imponía tanto respeto que el aire parecía haberse vuelto más pesado.
A unos metros de ellos, el joven que acababa de aparecer levantó las manos en señal de paz.
—Tranquilo, no vine a pelear.
El muchacho tenía el cabello castaño oscuro y una sonrisa amable.
—Escuché un rugido y vine a ver qué había pasado. Vi a los lobos escapar.
El hombre de ojos plateados no respondió.
Solo dio otro paso hacia Akira, colocándose entre ella y el recién llegado.
—Ya dije que te alejes.
Su voz era tan fría que hizo estremecer incluso a los pájaros que descansaban en las ramas.
El desconocido frunció el ceño.
—No estoy intentando hacerle daño.
—No necesito comprobarlo.
Akira observó la escena confundida.
—Esperen...
Los dos hombres giraron la cabeza al mismo tiempo para mirarla.
Ella se puso de pie lentamente y sacudió la tierra de su ropa.
—Los dos pueden dejar de discutir. Estoy bien.
El joven de ojos plateados la examinó de arriba abajo.
Tenía un pequeño raspón en la rodilla y varias hojas enredadas en el cabello.
Sin darse cuenta, extendió la mano para retirarlas.
Akira retrocedió un paso.
—¿Qué hacés?
Él se quedó inmóvil.
Ni siquiera entendía por qué había querido tocarla.
Solo sentía la necesidad de asegurarse de que estuviera bien.
—Estabas lastimada.
—Es solo un raspón.
La respuesta lo dejó sin palabras.
Nunca nadie le había hablado así.
En su reino, bastaba una mirada suya para que todos obedecieran.
Ella, en cambio, lo enfrentaba sin mostrar miedo.
El otro muchacho sonrió divertido.
—Parece que no le gusta que le den órdenes.
Por primera vez, el príncipe Varkhan sintió una molestia difícil de describir.
Aquel desconocido le estaba sonriendo a Akira.
Y ella le había respondido con una pequeña sonrisa de cortesía.
Su mandíbula se tensó.
No le gustó en absoluto.
—¿Quiénes son ustedes? —preguntó Akira.
Los dos guardaron silencio.
No podían revelar su identidad.
Mucho menos decir que eran parte de un mundo que ella todavía desconocía.
—Me llamo Kael —respondió una voz desde lo alto de un árbol.
Akira levantó la vista sobresaltada.
Un joven de cabello gris descendió de un salto con una agilidad imposible.
Detrás de él apareció otro de cabello dorado, luego uno pelirrojo y otro de largo cabello negro.
En apenas unos segundos había cinco jóvenes rodeándola.
Akira dio un paso hacia atrás.
—¿Qué está pasando?
Los seis la observaban fijamente.
Era la misma chica.
El cabello rosa.
Los ojos brillantes.
La energía que habían sentido durante la noche.
No había ninguna duda.
La habían encontrado.
El príncipe dragón respiró hondo.
Su bestia rugía con fuerza dentro de él.
Quería acercarse.
Quería comprobar que realmente era ella.
Pero el Varkhan se interpuso antes de que pudiera dar un solo paso.
—No.
El dragón arqueó una ceja.
—¿No qué?
—No te acerques.
—¿Desde cuándo das órdenes?
Durante unos segundos ambos se sostuvieron la mirada.
La tensión era tan intensa que el viento comenzó a agitar las hojas del bosque.
El príncipe león soltó una risa.
—Ya empezaron...
El zorro negó con la cabeza.
—Ni cinco minutos tardaron.
Akira cruzó los brazos.
—¿Alguien puede explicarme qué está pasando?
Los seis guardaron silencio.
Nadie sabía por dónde empezar.
¿Cómo le explicaban que pertenecían a los seis reinos más poderosos del continente?
¿Cómo le decían que, desde el instante en que sintieron su presencia, sus bestias no dejaban de reclamarla?
El príncipe serpiente dio un paso al frente.
—Solo queremos hablar.
—Pues podrían haber empezado por ahí.
Akira respiró hondo y los miró uno por uno.
—Pero antes quiero saber una cosa.
Todos esperaron su pregunta.
—¿Por qué me miran como si ya me conocieran?
Ninguno respondió.
Porque la verdad era mucho más peligrosa de lo que ella podía imaginar.
Y porque cada segundo que pasaban cerca de Akira hacía que el vínculo ancestral se fortaleciera... y que el instinto posesivo de sus bestias fuera cada vez más difícil de controlar.