NovelToon NovelToon
Su Obsesion Prohibida

Su Obsesion Prohibida

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mafia / Amor a primera vista / Esclava / Sirvienta / Amor-odio / Triángulo amoroso / Secuestro y encarcelamiento / Yandere / Romance oscuro / Completas
Popularitas:20.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Valentina fue comprada a los seis anos por el hombre que la crio. A los dieciocho, un magnate mafioso la reclama como suya. Atrapada entre su tutor obsesivo y un multimillonario que le compra islas y le destroza enemigos, descubre que su propio cuerpo esconde un secreto por el que matarian. ?Escapara... o elegira al hombre equivocado?

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

Capítulo 4: El hombre del reloj de oro

El aire de la terraza olía a sal y a jazmín.

Valentina se había soltado de la mano de Nicolás con la excusa de ir al baño, pero en lugar de entrar, había empujado la puerta de cristal que daba a la terraza exterior. Necesitaba respirar. Necesitaba aire que no estuviera contaminado de perfume caro y miradas que la evaluaban como mercancía.

La terraza de Club Ónix era un balcón largo con barandal de hierro forjado que daba hacia el puerto. Desde ahí se veían las luces de los barcos anclados y, más allá, la mancha oscura del agua donde el muelle desaparecía en la noche.

"No mires hacia allá."

Se aferró al barandal con ambas manos. El metal frío le ancló los pensamientos.

"Es solo un reloj. Es solo un hombre. No significa nada."

Pero la herida en su costado palpitaba como si tuviera memoria propia, como si reconociera algo que su mente todavía se negaba a aceptar.

—Bonita noche para estar sola.

La voz llegó desde atrás. Grave, controlada, sin prisa.

Valentina se giró de golpe.

Él estaba a tres metros de ella, recargado contra el marco de la puerta de cristal con los brazos cruzados. De cerca era más alto de lo que había parecido desde abajo. Mandíbula afilada, cabello negro, ojos oscuros que la estudiaban con una intensidad que no intentaba disimular. Llevaba un traje negro sin corbata, impecable, como si hubiera nacido dentro de él.

Y en la muñeca izquierda, el reloj de oro.

El corazón de Valentina se detuvo un segundo y luego arrancó a latir con fuerza brutal.

—No estoy sola —dijo, y odió que la voz le temblara—. Mi acompañante está adentro.

—Ferrera. —No fue una pregunta. Lo dijo como quien constata un hecho menor, sin importancia—. Sí, lo vi.

Dio un paso hacia ella. Solo uno. Pero Valentina sintió que el espacio entre los dos se reducía a la mitad.

Entonces lo olió.

Sándalo.

La nota cálida, amaderada, inconfundible. La misma que se le había pegado a la ropa aquella noche en el muelle mientras corría bajo la lluvia con la sangre empapándole el vestido.

"No. No, no, no."

El terror le subió por la garganta como bilis. Las piernas le temblaron. Dio un paso atrás y su espalda chocó contra el barandal.

El hombre ladeó la cabeza. Un gesto mínimo, casi imperceptible, como si registrara su reacción y la archivara.

—¿Has dormido bien esta semana? —preguntó.

La pregunta fue suave. Casual. Como si preguntara por el clima.

Pero Valentina la sintió como un golpe en el estómago.

"Sabe. Él sabe."

—¿Perdón? —logró decir.

—Es una pregunta sencilla. —Otro paso. Ahora estaba a menos de dos metros—. Te ves cansada. Ojerosa. Como alguien que no ha podido dormir en... ¿cuánto? ¿Una semana?

Una semana. Exactamente una semana desde el muelle.

Valentina apretó el barandal hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

—Duermo bien —mintió—. Gracias por la preocupación.

—No es preocupación. —Media sonrisa. Fría, controlada, pero con algo debajo que ella no supo identificar—. Es curiosidad.

Se quedaron en silencio un momento. La música del club llegaba amortiguada. En algún lugar debajo de ellos, el agua del puerto golpeaba contra los pilotes del muelle con un ritmo lento y constante.

Valentina tomó una decisión. Estúpida, tal vez. Suicida, probablemente. Pero necesitaba saber.

—Bonito reloj —dijo, mirándolo directamente a los ojos.

Algo cambió en la expresión del hombre. Un destello. No de sorpresa, sino de algo parecido al reconocimiento. Como si ella acabara de mover una pieza en un tablero que solo ellos dos podían ver.

—Gracias —dijo—. Era de mi padre.

—¿Lo usas siempre?

—Siempre. —Bajó la mirada hacia el reloj y luego la levantó de nuevo hacia ella. Sus ojos eran dos pozos negros sin fondo—. Incluso de noche. Incluso bajo la lluvia.

"Bajo la lluvia."

El aire se le atascó en los pulmones. Ahí estaba. La confirmación envuelta en seda, pronunciada con la calma de quien sabe que tiene todo el poder y no necesita apresurarse.

Era él. El hombre del muelle. El hombre que había jalado el gatillo mientras la lluvia le caía encima como un castigo bíblico.

Y ahora estaba frente a ella, a menos de dos metros, y no había bala esta vez, no había lluvia, solo el olor a sándalo y la certeza helada de que él sabía exactamente quién era ella.

—Escúchame bien. —Su voz bajó un tono. Ya no era conversación; era algo más directo, más urgente—. No vuelvas a esa parte del puerto. Ni de día ni de noche. ¿Me entiendes?

Valentina parpadeó.

—¿Qué?

—Ya me oíste. —Dio un último paso. Ahora estaba tan cerca que ella podía ver las líneas finas de tensión alrededor de sus ojos, el corte perfecto de su mandíbula, la sombra de barba que le oscurecía las mejillas—. No es un lugar para ti.

No había amenaza en su voz. Eso fue lo que más la desconcertó. No había crueldad, no había filo. Había algo que, en otra circunstancia y con otro hombre, habría sonado como preocupación genuina.

—¿Y qué te importa a ti dónde vaya yo? —Las palabras le salieron antes de que pudiera frenarlas. El miedo seguía ahí, palpitando bajo su piel, pero la rabia se le estaba montando encima.

Otra vez esa media sonrisa.

—Más de lo que crees.

—¡Damián! —La voz de Santiago cortó la noche desde la puerta de cristal. Venía caminando hacia ellos con las manos en los bolsillos y una sonrisa que no le llegaba a los ojos—. Qué sorpresa verte tan sociable. Normalmente no bajas de tu torre de marfil.

"Damián."

El nombre se le grabó en la mente como hierro candente.

El hombre —Damián— giró la cabeza hacia Santiago sin prisa.

—Carrasco. ¿No te enseñaron a no interrumpir?

—Me enseñaron a no dejar a una mujer sola con alguien que la tiene acorralada contra un barandal. —Santiago se colocó al lado de Valentina. No la tocó, pero su presencia fue como un escudo—. ¿Todo bien, Val?

—Todo bien —dijo Valentina, y esta vez la voz le salió más firme.

Damián los miró a los dos. Algo pasó por sus ojos —algo rápido y oscuro que Valentina no pudo descifrar— y luego se alisó la solapa del traje con un gesto despreocupado.

—Fue un placer, Valentina.

Ella no le había dicho su nombre.

"El guardia. Le dijo mi nombre."

Un temblor frío le recorrió la espalda.

Damián se dio la vuelta para irse. Dio tres pasos. Luego se detuvo.

—Valentina.

Ella no quería responder. No quería mirarlo. Pero su cuerpo la traicionó y giró la cabeza.

Damián sacó algo del bolsillo interior de su traje. Algo pequeño, delicado, que brilló bajo la luz tenue de la terraza.

Su arete. El arete de plata con la piedra azul que había perdido aquella noche mientras corría por el muelle con una bala incrustada en el costado.

Se lo extendió entre el índice y el pulgar, con la misma calma con la que le había hablado toda la noche.

—Se te cayó esto —dijo—. Cuídalo mejor la próxima vez.

Valentina alargó la mano. Sus dedos rozaron los de él al tomar el arete. El contacto duró menos de un segundo, pero le quemó la piel como una marca.

Damián se fue sin decir otra palabra. Su silueta desapareció por la puerta de cristal y se tragó la oscuridad del club.

Santiago la miró. La sonrisa había desaparecido por completo.

—Val. ¿Qué fue eso?

Valentina cerró los dedos alrededor del arete hasta que el metal se le clavó en la palma.

—Nada —susurró—. No fue nada.

Pero el arete le pesaba en la mano como una sentencia.

Y el nombre le ardía en la cabeza como una llama que nadie iba a poder apagar.

"Damián."

1
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que miedo
Jujerny Del Valle Farfan cuica
es una mujer sin voluntad propia
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que rabia con Valentina
Jujerny Del Valle Farfan cuica
Huy q miedo
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ya era hora 🥺
Jujerny Del Valle Farfan cuica
fuera de lo común me encanta 👏
Jujerny Del Valle Farfan cuica
siempre fue esto lo q quiso el pelambres este 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que le pasa a esta mujer tanto miedo le tiene a Nicolás y no se va
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá consiga aliados q la ayuden a salir de ese horror 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá consiga aliados q la ayuden a salir de ese horror 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que terror vive Valentina!
Jujerny Del Valle Farfan cuica
no soy vip y no lo voy a ser aunque quiera soy de Venezuela 🥺
Jujerny Del Valle Farfan cuica
interesante
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá Damián pueda sacarla d allí
Jujerny Del Valle Farfan cuica
por que tanto encierro es abrumador 🥺
Luz Silvero
x lo q entendí, si no entendí mal
El si la compro, para estar esos días con ella😑
Gaby N
Tanto poder tiene Nicolás?
Xq el banana de Damián no hace nada?
Gaby N
Xq le dice "Cruza"?
Pdll Dsrth
🥰Esta novela diferente al principio casi dejo de leerla pero ya le fui tomando el hilo un buen final
Graciela Saiz
todo el mundo la manipula a esta mujer ,!
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play