🎄 El esposo que apareció en invierno
Una joven de 18 años es abandonada por el amor de su vida justo cuando descubre que está embarazada de cuatrillizos. Sin familia, sin apoyo y completamente rota, termina viviendo uno de los momentos más difíciles de su vida… hasta que el destino interviene.
Una noche fría de invierno, es encontrada desmayada en la calle con fuertes dolores por un hombre desconocido que decide ayudarla y llevarla al hospital. Allí, un malentendido con los medios los obliga a fingir ser esposos para evitar el escándalo. Lo que comienza como una mentira por necesidad, se convierte en un matrimonio real.
Él, un hombre que siempre soñó con ser padre pero que fue herido por una relación pasada, decide aceptar a la joven y a sus cuatrillizos como su familia. Les da su apellido, los protege y los presenta ante su propia familia en plena Navidad, como su esposa y sus hijos.
Entre momentos de dolor, protecció.
NovelToon tiene autorización de Crismeldy Vásquez P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 5: La mansión de los Valcarcel
Dos días después, Lucía recibió una noticia que llevaba esperando desde que despertó después del parto.
Le darían el alta médica.
Aunque los cuatrillizos todavía permanecerán en cuidados intensivos durante algunas semanas más, ella ya podía abandonar el hospital.
Aquella mañana se levantó temprano.
Después de arreglarse, caminó junto a Adrián hasta la unidad neonatal.
Necesitaba despedirse de sus bebés antes de salir.
Cuando llegó frente a las incubadoras, sintió un nudo en la garganta.
Mateo dormía tranquilamente.
Gabriel movía ligeramente sus pequeñas manos.
Sofía parecía descansar profundamente.
Y Valentina mantenía los ojos cerrados mientras las máquinas controlaban sus signos vitales.
—Mamá volverá mañana.
Susurró Lucía.
—Y pasado mañana también.
—No importa cuánto tiempo tenga que venir.
Siempre estaré aquí.
Las lágrimas aparecieron nuevamente.
Todavía le dolía dejarlos.
Pero sabía que estaban en buenas manos.
Una enfermera sonrió.
—Son muy fuertes.
Estoy segura de que pronto podrán irse a casa.
Lucía asintió.
Esperaba que así fuera.
Porque no había nada que deseara más que tener a sus cuatro hijos junto a ella.
Minutos después abandonaron el hospital.
Los periodistas seguían esperando afuera.
Las cámaras comenzaron a disparar fotografías inmediatamente.
—¡Señor Valcárcel!
—¡Una foto por favor!
—¡Mire hacia aquí!
—¡Señora Valcárcel!
Lucía se sobresaltó al escuchar aquel apellido.
Todavía no estaba acostumbrada.
Adrián colocó una mano en su espalda.
Un gesto simple.
Pero protector.
—No los mires.
Le aconsejó.
—Solo sigue caminando.
Ella asintió.
Y juntos llegaron hasta el automóvil.
Cuando finalmente las puertas se cerraron, Lucía soltó un largo suspiro.
—Jamás me acostumbraré a esto.
Adrián sonrió.
—Eso mismo dije hace diez años.
—¿Y te acostumbraste?
—No completamente.
La respuesta la hizo reír.
El trayecto duró poco más de cuarenta minutos.
Lucía observó el paisaje por la ventana.
Intentando distraerse.
Hasta que finalmente el automóvil atravesó unos enormes portones negros.
Sus ojos se abrieron inmediatamente.
La propiedad parecía interminable.
Había jardines perfectamente cuidados.
Árboles enormes.
Fuentes de mármol.
Y una enorme mansión blanca al final del camino.
—Dios mío.
Susurró.
Adrián observó su reacción.
—Bienvenida a casa.
Lucía casi se atragantó.
—¿Casa?
—Sí.
—Esto parece un hotel de lujo.
Adrián soltó una carcajada.
—Lo tomaré como un cumplido.
—¿Cuántas personas viven aquí?
—Normalmente solo yo.
Lucía abrió los ojos.
—¿Solo tú?
—Sí.
—Entonces definitivamente esta casa es demasiado grande.
Al entrar, Lucía quedó aún más impresionada.
Todo brillaba.
Los pisos de mármol reflejaban la luz de los enormes ventanales.
Las escaleras parecían sacadas de un palacio.
Y los techos eran tan altos que resultaban intimidantes.
Una mujer mayor apareció sonriendo.
—Señor Adrián.
—Rosa.
Respondió él.
La mujer observó a Lucía.
Y enseguida sonrió con ternura.
—Así que usted es la joven de las noticias.
Lucía sintió vergüenza.
—Supongo que sí.
—No se preocupe.
Aquí nadie la juzgará.
Rosa tomó sus manos.
—Bienvenida.
Aquellas palabras hicieron que Lucía se emocionara.
Porque hacía mucho tiempo que nadie le daba una bienvenida sincera.
Adrián le mostró la habitación que usaría.
Y una vez más Lucía quedó sin palabras.
Era enorme.
Tenía una cama gigantesca.
Un balcón privado.
Una sala de estar.
Y un baño más grande que el apartamento donde había vivido.
—No puedo quedarme aquí.
Dijo inmediatamente.
—Claro que sí.
Respondió Adrián.
—Pero esto es demasiado.
—Acostúmbrate.
Lucía negó con la cabeza.
—Jamás me acostumbraré.
—Eso también lo dije yo.
Respondió él.
Y ambos terminaron riendo.
Aquella tarde ocurrió algo inesperado.
Mientras descansaban en la sala principal, Adrián recibió una llamada.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Entiendo.
Dijo.
—Los esperaré.
Cuando colgó, Lucía lo miró.
—¿Qué sucede?
Adrián suspiró.
—Mis padres vienen mañana.
Lucía sintió que el corazón le daba un salto.
—¿Tus padres?
—Y mi hermana.
—¿Aquí?
—Sí.
—¿Para conocerme?
—Exactamente.
Lucía se puso pálida.
—No.
—Sí.
—No estoy preparada.
—Yo tampoco.
Respondió Adrián.
Aquello no ayudó en absoluto.
Esa noche, mientras intentaba dormir, Lucía no podía dejar de pensar en la visita.
Los padres de Adrián pertenecían a una de las familias más poderosas del país.
¿La aceptarían?
¿La rechazarían?
¿Pensarían que era una oportunista?
Miles de preguntas llenaban su mente.
Pero desconocía algo.
En una lujosa residencia al otro lado de la ciudad, otra persona también estaba pensando en ella.
Una mujer observaba las noticias desde una enorme pantalla.
Su nombre era Camila Ferrer.
Hermosa.
Rica.
Y obsesionada con Adrián desde hacía años.
Cuando vio la fotografía de Lucía junto a él, sintió cómo la rabia crecía dentro de su pecho.
—Así que tú eres la mujer.
Murmuró.
Apretando el control remoto.
Sus ojos brillaron con celos.
Porque durante años creyó que terminaría convirtiéndose en la esposa de Adrián Valcárcel.
Y no estaba dispuesta a rendirse.
No tan fácilmente.
Mientras tanto, en la mansión, Lucía finalmente logró cerrar los ojos.
Sin imaginar que al día siguiente conocería a la familia Valcárcel.
Y que aquella visita cambiaría muchas cosas.