Después de morir, Isabel tomó el lugar de Helena y no solo cumplirá su deseo de venganza, sino que también logrará aquello que tanto desea su corazón.
En esta segunda oportunidad de vida, no solo hará que esos infelices tengan un final horrible, sino que también será feliz y tendrá un amante
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Hombre hipócrita
La idea de Helena era buena, y por eso ambas se pusieron de acuerdo en irse al palacio antes de que ocurra aquella calamidad.
Las dos, para no levantar sospechas, salieron de la habitación y, al salir, se encontraron al esposo de Helena en la planta baja de la mansión.
Dicho hombre, al verla aunque estaba sorprendido, fue a ella y le tocó el vientre con mucho amor —claro, amor hipócrita.
Helena, como sabía qué tipo de hipócrita era aquel sujeto, se incomodó un poco, pero lo fingió muy bien.
El infiel, después de tocar su barriga, hasta intentó darle un beso en los labios, y Helena se tapó los labios y fingió tener náuseas.
—Espero y me disculpes, amanecí un poco indispuesta y no me siento bien —dice ella, y el hombre se aleja un poco.
—Que el médico familiar te revise para evitar inconvenientes —dice el preocupado, y ella acepta.
Nora fue a buscar al médico familiar, quien vivía allí mismo, en una cabaña especial para él.
No tardó en llegar el doctor, quien era un señor ya pasado los 50 años y estaba allí desde que Helena se mudó a la mansión ducal.
Helena se fue en compañía del doctor a su habitación; el hombre, al estar ella allí, la mandó a sentar en la cama y allí le tomó el pulso.
A medida que él iba haciendo su trabajo, iba cambiando de semblante.
La señora de la casa estaba envenenada y su pulso era débil.
Él no dudó en expresar su inquietud.
—¿La princesa últimamente ha estado enferma? —pregunta el doctor, y ella, antes de hablar claro, decide preguntar al doctor algo al respecto.
—¿Doctor, usted es fiel a la familia Lombardi o a la familia imperial? —pregunta ella, y el doctor, un poco extrañado de su pregunta, decide responder con sinceridad.
—La familia Lombardi me ha abierto las puertas, pero le debo la vida al emperador; siempre le estaré agradecido —dice el hombre y hace una reverencia ante ella.
Helena lo manda a levantar y entonces procede a decir lo que tenía que decir —claro, no la verdad del todo.
—Estoy en peligro en la mansión del duque, mi núcleo mágico está dañado, y al parecer alguien en la mansión me está haciendo daño —dice ella, y el hombre se pone pálido.
Jamás en toda su vida había visto algo semejante.
—¡Qué insolencia! ¿Quién es tan estúpido para atentar contra la vida de la princesa imperial? —dice el hombre exaltado, y Helena le responde.
—Eso es lo que no sé aún; me temo que alguien no quiere que el bebé en mi vientre nazca y menos me quieren con vida. Si usted conoce algún método para recuperar la magia, me lo hace saber —terminó de decir ella, y el hombre se compromete a ayudar.
—Prometo ayudar, cuente conmigo para lo que esté a mi alcance; yo estoy para lo que necesite —promete el doctor, y ambos se ponen de acuerdo en no hablar sobre lo ocurrido y seguirán con el plan de salir de esa mansión e irse al palacio.
Acto seguido, el doctor siguió en lo suyo y le escribió al finalizar una receta con algunas indicaciones para desintoxicar su cuerpo.
Después, tanto él como Helena salieron de la habitación y se encontraron a Mateo con cara de preocupación.
En cuanto vio al doctor, lo abordó con algunas preguntas.
—¿Doctor, cómo está mi esposa? ¿Está bien mi hijo? —pregunta Mateo preocupado; el doctor lo tranquilizó con lo que acordaron decir sobre el estado de la embarazada.
—La señora necesita descanso, y creo que le vendría bien cambiar de ambiente: el bebé últimamente le está consumiendo mucha energía y ella necesita conectarse más con un entorno más familiar, al menos el resto del embarazo —dice el doctor, insinuando directamente que Helena necesita irse al palacio imperial.
Mateo lo entendió enseguida y aceptó aquello.
—Por el bien de mi esposa hago lo que sea; si estar en el palacio le hace bien a ella y a mi hijo, pues que se haga así. Ambos son lo más importante en mi vida —dice el sujeto con la mayor desvergüenza posible.
La realidad es otra: él ya ha estado en contacto con aquella maga y estaba esperando la oportunidad para traerla a casa con cualquier excusa.
Los hechos originales ya estaban sucediendo desde hace poco, y la trama original que llevó a Helena a la muerte estaba aconteciendo de una forma totalmente diferente.
Aquel hombre ya no dijo nada, sino que se fue de allí y dejó a Helena en compañía de la sirvienta y el doctor, quien se despidió para irse a su residencia.
Ambas se quedaron solas y buscaron un lugar para hablar; la habitación era lo más seguro, puesto que estaba bien preparada para que no saliera sonido alguno desde adentro.
Ya solas, Helena decidió hablar.
—Busca a alguien que siga a este infeliz de Mateo, quiero saber todo de él; haz que gente de confianza trabaje en la cocina. Toma en cuenta que nos iremos de aquí, pero haremos un buen escándalo para que a ese sinvergüenza de Mateo no le quede energía para ir a buscarme al palacio; haremos que la casa Lombardi caiga en la desgracia, me lo deben —fue lo que dijo, y acto seguido fue a su mesa de noche y tomó algunas joyas valiosas y se las entregó a Nora, quien lo entendió al instante.
Ella, cuando tomó las joyas, se fue de allí a hacer su trabajo y dejó a Helena sola, quien al estar sola respiró aliviada.
Vaya si que es difícil fingir ser otra persona.
Aquello se sentía un tanto incómodo, pero es algo que puede manejar: no va a desperdiciar esta segunda oportunidad de vivir y tener este hijo que vive dentro de ella.
El universo le dio la dicha en esa segunda vida de ser madre, y por lo menos antes de morir eliminó a esos dos amantes infames y salvó a sus padres.
Ella, aunque extrañe a su familia, por un lado se siente en paz consigo misma: dio todo lo que tenía por ellos.
Aquella paz le provocó sueño, y ella no perdió esa oportunidad y se acostó en su cama para dormir.
No tardó en quedarse dormida.
Mientras ella dormía, el futuro duque estaba camino a un lugar importante para él.
Ese día salió del ducado para verse con su amante, en una mansión que tenía cerca del ducado.
Le tomó media hora llegar al lugar; al llegar, se fue a ver a su amante, quien lo estaba esperando fuera de la mansión con cara de preocupación.
Antes de preguntar siquiera cómo estaba, dicho hombre le dio un beso en los labios a su amante, y los dos entraron a la mansión y se fueron directamente a su habitación a hablar.
—Aquella mujer no sufrió ningún daño en la noche de ayer; ella y aquel niño están como si nada —dice Mateo con desprecio, y Kenia se pone triste en la superficie, pero por dentro estaba ardiendo de la rabia.
—Tendremos que eliminar a su hijo para que el nuestro sea el único heredero en la familia Lombardi; ese niño no puede nacer —dice Kenia con la mayor desvergüenza del mundo, y Mateo le dio un beso como respuesta.
La idea lo puso tan feliz que los dos desvergonzados se entregaron a la pasión.
vaya no acepta nada pero si se la dan tampoco la va a rechazar 🤣🤣
o me equivoco que alguien me explique bien