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Hasta Encontrarte Otra Vez

Hasta Encontrarte Otra Vez

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Nath O.

Él la rechazó el mismo día que descubrió que era su compañera destinada. Años después, convertido en Alfa, comprende que perderla fue el peor error de su vida. Pero ella ya no vive en la manada… y un humano ocupa el lugar que él dejó vacío. Ahora tendrá que demostrar que algunas promesas merecen una segunda oportunidad.

NovelToon tiene autorización de Nath O. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Alfa y la huérfana

Los días en la Manada Luna de Plata comenzaban con el sonido de una campana de hierro.

No era una orden.

Era una costumbre.

Cada amanecer, todos dejaban por un momento lo que estaban haciendo para reunirse frente a la Casa del Alfa.

Algunos llevaban herramientas.

Otros, armas de entrenamiento.

Los más pequeños apenas conseguían mantenerse despiertos.

Pero nadie faltaba.

Alyssa observaba todo desde detrás de Kaleb.

Todavía le costaba acercarse a personas que no conocía.

Y, aunque habían pasado varias semanas desde que llegó, seguía caminando un paso detrás de él.

Siempre.

Como si aquel niño de cabello negro fuera un refugio.

—Buenos días, pequeña.

Una mujer de cabello plateado le sonrió mientras acomodaba unas canastas con pan recién horneado.

Alyssa respondió con una tímida inclinación de cabeza.

Todavía le daba vergüenza hablar.

Kaleb tomó una pieza de pan.

—Gracias, señora Elara.

La mujer le revolvió el cabello.

—¿Y tú vas a dejar que Alyssa muera de hambre?

Kaleb abrió mucho los ojos.

—¡Claro que no!

Tomó otra pieza y se la entregó de inmediato.

Alyssa la recibió con ambas manos.

—Gracias…

—De nada.

Kaleb sonrió satisfecho.

La señora Elara soltó una pequeña risa.

Toda la manada comenzaba a notar lo mismo.

Desde que Alyssa había llegado…

Kaleb parecía sentirse responsable de ella.

—¿Puedo hacer una pregunta?

El Alfa terminó de revisar unos informes antes de mirar al pequeño grupo de niños que entrenaba cerca del claro.

—Claro.

Kaleb señaló discretamente a Alyssa.

—¿Ella se va a quedar para siempre?

Su padre permaneció unos segundos en silencio.

—No lo sabemos.

—¿Y si un día vienen por ella?

Aquella pregunta pesó más de lo que un niño podía imaginar.

El Alfa dirigió la mirada hacia Alyssa.

La niña intentaba darle de comer a una ardilla con enormes dificultades.

Sonrió apenas.

—Si algún día aparece su verdadera familia…

Ella tendrá derecho a decidir.

Kaleb frunció el ceño.

No le gustaba aquella respuesta.

—Yo quiero que se quede.

El Alfa apoyó una mano sobre su hombro.

—Lo sé.

Con el paso de las semanas, Alyssa dejó de esconderse.

Comenzó a ayudar a las mujeres a recoger hierbas medicinales.

Aprendió dónde estaba la cocina común.

Incluso se animó a jugar con los otros niños.

Aunque…

Siempre terminaba buscando a Kaleb con la mirada.

Si él desaparecía unos minutos…

Ella también dejaba de sonreír.

Una tarde, mientras todos jugaban cerca del río, Ethan apareció corriendo.

—¡Encontré un zorro!

Todos salieron detrás de él.

Todos…

Excepto Alyssa.

Ella permaneció sentada sobre una roca.

Kaleb regresó apenas notó que no lo seguía.

—¿No vienes?

La niña bajó la cabeza.

—No puedo correr tan rápido.

Kaleb no respondió.

Simplemente volvió sobre sus pasos.

Se sentó junto a ella.

—Entonces yo tampoco voy.

Alyssa levantó la vista sorprendida.

—Pero tus amigos…

—Pueden esperar.

Ella sonrió.

Era una sonrisa pequeña.

Pero sincera.

Kaleb sintió una extraña satisfacción.

Como si hacerla sonreír fuera el premio más importante del mundo.

Esa noche, el Consejo volvió a reunirse.

Solo asistieron los ancianos, el Alfa y la sanadora.

Sobre la mesa descansaba el colgante de Alyssa.

—Hemos recibido respuesta de todas las manadas del norte —informó uno de los consejeros.

—¿Y?

—Nadie reconoce ese símbolo.

La anciana guardó silencio.

Sabía que aquello no era cierto.

Había alguien que sí lo reconocía.

Ella.

Pero todavía no era el momento.

El Alfa la observó.

—¿Hay algo que quieras decirnos?

Durante unos segundos, el salón quedó completamente en silencio.

La anciana acarició el antiguo colgante con la yema de los dedos.

Después negó lentamente con la cabeza.

—No.

Mintió.

Y era la primera vez, en más de cuarenta años como sanadora, que le mentía a su Alfa.

Al terminar la reunión, el Alfa permaneció solo en la sala.

Tomó nuevamente el colgante.

Lo observó con detenimiento.

No entendía por qué…

Pero tenía la sensación de que aquella pequeña niña no había llegado a la manada por casualidad.

Afuera, la luna iluminaba el bosque.

Y, ocultos entre los árboles, unos ojos observaban en silencio el territorio de la Manada Luna de Plata.

No cruzaron la frontera.

No aquella noche.

Pero alguien…

Había encontrado el rastro de Alyssa.

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Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos
Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos👌
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