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Protege Mi Corazón

Protege Mi Corazón

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor eterno / Completas
Popularitas:66.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Vanesa Casarino

Elena Rossi, la princesa consentida de los Rossi, tras la disolución de la trinidad, busca un nuevo comienzo académico en Manhattan. Sin embargo, el pasado de los Rossi es un lazo de sangre imposible de cortar, y las mafias locales no tardan en rastrear sus pasos en Nueva York.

Para sobrevivir en este nueva etapa de su vida, Elena no estará sola. Cuenta con el amparo constante de Christopher Sterling, un frío y letal custodio profesional encargado de su seguridad perimetral. En medio de balaceras en callejones húmedos y persecuciones a alta velocidad, la estricta relación jerárquica y el protocolo de un contrato laboral por su padre empiezan a desmoronarse.

Entre la adrenalina del peligro y la soledad de las noches, un sentimiento profundo e indomable transformará a la heredera y a su sombra en un equipo indestructible y un amor que atravesará todas las barreras que les pondrá la vida en el camino.

NovelToon tiene autorización de Vanesa Casarino para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4

Al día siguiente, el despertador sonó a las seis de la mañana. Me quedé unos minutos tapada hasta la nariz, mirando cómo la claridad del amanecer empezaba a colarse por las rendijas de la persiana de mi nuevo cuarto. La cama era cómoda, las sábanas de hilo eran perfectas, pero el ambiente se sentía helado, no por el clima de Nueva York, sino por esa falta de ruidos cotidianos a la que todavía no me acostumbraba

En Chicago, a esta hora, ya se escuchaba el movimiento de los autos de la custodia en la entrada de grava o el portazo sutil de Franco saliendo hacia los muelles del sur. Acá, en cambio, el único sonido era el zumbido sutil del motor de la heladera en la cocina

Me levanté de mal humor, sintiendo que la conversación de la tarde anterior con Christopher me había dejado más expuesta de lo que me gustaba admitir. Yo era una Rossi, se suponía que mi mente tenía que estar enfocada en los gráficos de rendimiento de la universidad y no en andar ventilando mis crisis existenciales con el personal de seguridad. Me vestí con un pantalón clásico oscuro, un suéter de hilo fino y me recogí el pelo en una colita tirante, buscando recuperar esa imagen de seriedad que tanto me había costado construir en las oficinas del centro

Cuando abrí la puerta del departamento para salir hacia el palier, Christopher ya estaba ahí, parado junto al ascensor con la espalda recta y un café en vaso de cartón en la mano. Su traje no tenía una sola arruga y sus ojos oscuros me recorrieron la cara de inmediato, evaluando mi estado anímico con esa atención que mi padre le había encomendado antes de subirnos al avión

— Buenos días, señorita Elena — me saludó con una inclinación de cabeza, manteniendo ese tono de voz bajo que no llamaba la atención de los vecinos — El vehículo ya está posicionado en la salida lateral del edificio y la ruta hacia el campus está despejada según el reporte del tránsito de las seis y media

— Buenos días, Christopher — respondí, intentando que mi voz sonara lo más fría y corporativa posible mientras caminábamos hacia el ascensor — Hoy tengo una jornada larga en la facultad, el profesor de microeconomía va a revisar los proyectos individuales y no quiero llegar tarde bajo ninguna circunstancia

El viaje en el auto fue completamente distinto al de ayer. Me esmeré en marcar una distancia estricta, abriendo una carpeta con apuntes sobre la falda y fingiendo una concentración absoluta que en realidad no tenía. Christopher pareció entender el mensaje de inmediato, no hizo un solo comentario ajeno al trayecto, limitándose a manejar con una suavidad extrema por las avenidas congestionadas de Manhattan

A través del reflejo del vidrio, noté cómo sus manos se mantenían firmes sobre el volante, moviéndose con una tranquilidad que contrastaba con el caos de bocinas y taxis amarillos que nos rodeaba

Las horas en la universidad pasaron volando entre ecuaciones de segundo grado y discusiones sobre la tasa de interés de los bancos europeos. Por primera vez en la semana, logré que la cabeza no se me fuera hacia la mansión de Illinois ni hacia las caritas de los mellizos de Camilo

Estaba concentrada, rindiendo al máximo, demostrándome a mí misma que mi capacidad intelectual seguía intacta fuera del entorno de la firma familiar. Pero al mediodía, cuando salí al patio central del campus para tomar un poco de aire durante el entretiempo de las clases, la sensación de aislamiento volvió a ganarme la partida

Me senté en un banco de madera bajo la sombra de los árboles, mirando a los grupos de estudiantes que compartían almuerzos, reían y organizaban salidas para el fin de semana. Eran jóvenes normales, con preocupaciones normales, cuyas vidas no dependían de cuidar las cuentas de una corporación ni de esquivar las balas de los Moretti. Me sentí un bicho raro en medio de ese paisaje, una mujer de veintiún años con el alma cansada de cargar con secretos que ninguno de ellos podría entender jamás

Saqué el teléfono del bolso con la intención de ver si tenía algún mensaje de Franco, pero la pantalla estaba limpia, salvo por un correo institucional de la aduana de Chicago que Camilo me había derivado por pura costumbre administrativa

— La veo muy pensativa, señorita Rossi — la voz de Christopher me sacó de mis pensamientos de golpe

Me sobresalté un poco y levanté la vista. Él se había acercado sin que yo escuchara sus pasos por el sendero, sosteniendo una botella de agua mineral y un sándwich envuelto en papel manteca que me extendió con un gesto de cortesía

— Gracias, Christopher... No me di cuenta de la hora — admití, tomando el almuerzo mientras me acomodaba el suéter — ¿Siempre te movés sin hacer ruido? Es una costumbre bastante molesta para los que tenemos los nervios sensibles

Christopher esbozó una sonrisa sutil, casi imperceptible, y dio un paso atrás para mantener la distancia reglamentaria entre nosotros

— Es deformación profesional, señorita Elena. En los depósitos del puerto norte, aprender a caminar sin que las maderas hagan ruido era la única forma de verificar que los serenos estuvieran cumpliendo con su trabajo en los galpones de la aduana

Me quedé mirándolo mientras le daba un mordisco al sándwich. Había algo en su presencia que, a pesar de la distancia que yo intentaba imponer, me resultaba extrañamente cómodo. No intentaba llenarme la cabeza con discursos optimistas como mi mamá, ni me trataba con la lástima que a veces se le escapaba a Camilo cuando me veía sola en la biblioteca

— Mi primo me envió un informe contable de la galería de Chelsea hoy a la mañana — comenté, rompiendo mi propia regla de no hablar de la empresa — Es ridículo, ya no formo parte de las decisiones del día a día, pero parece que no pueden evitar mandarme los archivos para que les dé el visto bueno antes de subirlos al servidor central

— No es ridículo, señorita — respondió él, mirando hacia el frente, vigilando el movimiento de los estudiantes que cruzaban el patio — Cambiar las costumbres de toda una vida lleva tiempo, tanto para ellos como para usted. Dejar que la estructura funcione sola es el desafío más grande que tiene ahora que está en Nueva York

El resto de la tarde transcurrió de forma monótona dentro de las aulas, pero la verdadera complicación empezó a las seis, cuando salimos de la última clase de la materia de gestión de capitales. El cielo de Manhattan se había cerrado por completo, amenazando con una tormenta inminente que empezó a descargar las primeras gotas gruesas sobre el asfalto de la avenida principal. El tránsito se convirtió en un nudo de autos varados y bocinas ensordecedoras que hacían que el regreso al departamento se perfilara como una odisea de varias horas

Christopher maniobró con destreza, metiendo el vehículo por unas calles laterales del sector este para evitar el embotellamiento de la avenida central. La lluvia golpeaba con fuerza contra el techo del coche, creando una atmósfera de encierro que volvió a ponerme tensa. Me crucé de brazos, clavando la vista en el limpiaparabrisas que se movía de un lado a otro con un ritmo constante e hipnótico

— Vamos a tardar bastante en llegar al departamento, señorita Elena — anunció Christopher, disminuyendo la velocidad al llegar a una esquina inundada — Hubo un choque en la subida del puente y el desvío por los barrios bajos de la zona este está colapsado por los camiones de reparto

— No tengo ningún apuro, Christopher... Total, nadie me está esperando en el departamento — contesté con un dejo de ironía que me salió del alma, apoyando la mejilla contra la palma de la mano mientras miraba las luces rojas de los frenos del auto de adelante

Él guardó silencio por unos minutos, concentrado en esquivar un bache profundo que se había formado por el agua acumulada. Cuando el auto se detuvo por completo a mitad de la cuadra debido al semáforo defectuoso, se volvió sutilmente hacia el asiento trasero, fijando sus ojos oscuros en los míos con una seriedad que me obligó a enderezarme

— El hecho de que nadie la espere en el departamento no significa que su tiempo no tenga valor, señorita Rossi — pronunció con una firmeza que me tomó por sorpresa — Estudiar una especialización en una ciudad como esta requiere una fortaleza mental enorme y usted lo está haciendo de forma impecable. No permita que el silencio de la casa la haga dudar del valor de la decisión que tomó en el comedor de sus padres

Sus palabras me cayeron en medio del pecho como un golpe seco, pero esta vez no me dolió, sentí una oleada de calor que me ayudó a aflojar la tensión de los hombros. Me quedé mirándolo fija, descubriendo que detrás de ese traje sastre impecable y de las directrices que mi padre le había manuscrito antes de salir de Illinois, había un hombre con una sensibilidad que yo no había sabido ver en los primeros días del viaje

— Sos un custodio bastante particular, Christopher — le manifesté, esbozando una sonrisa sutil que eliminó de golpe la frialdad de la tarde — Pensé que tu único trabajo era revisar que nadie me pusiera un micrófono en la cartera o que los frenos del auto estuvieran revisados por los mecánicos del norte

— Mi único trabajo es cuidar de usted, señorita Elena, en todos los sentidos que sean necesarios para que complete sus estudios con la tranquilidad que se merece — me contestó, volviendo la vista hacia el volante justo cuando el semáforo cambiaba a verde y el tránsito empezaba a avanzar lentamente hacia el sector de nuestra residencia

Llegamos al edificio pasadas las ocho de la noche, bajo una lluvia torrencial que borraba los perfiles de los rascacielos. Christopher estacionó el coche en la rampa subterránea y me acompañó hasta el hall de entrada, manteniendo el paraguas abierto sobre mi cabeza con un cuidado extremo para evitar que me mojara el suéter de hilo

Al llegar al ascensor, me di vuelta y lo miré a los ojos, sintiendo que la depresión que me había acompañado al despertar se había disuelto por completo en el transcurso de la jornada

— Mañana tengo que estar en el campus a las siete y media para la entrega de los balances del trimestre, Christopher... Te voy a necesitar temprano en la puerta — le avisé, manteniendo mi tono formal pero con una calidez nueva en la mirada

— A las siete en punto voy a estar esperándola en este mismo pasillo, señorita Elena — respondió con una inclinación de cabeza respetuosa, quedándose firme junto a las puertas metálicas que empezaban a cerrarse lentamente, dejándome con una sensación de amparo y seguridad que hacía mucho tiempo no experimentaba en la soledad de mis noches.

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Veronica Araceli Salinas cabrera
al parecer este par ya decidieron estar juntos
KCCC
hermoso
mariel⚘️
linda novela 😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭😘😘😘😘hermoso bebe
mariel⚘️
😘😘😘😘😘😘😘
mariel⚘️
🤭🤭😘😘😘😘
mariel⚘️
🤠🤠😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭
mariel⚘️
👍👍
mariel⚘️
l😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭
mariel⚘️
🤠🤭
mariel⚘️
👍
Gavy Berrío
hermosa novela la recomiendo
Geo Guzmán
muy buena historia gracias
Geo Guzmán
👏👏👏👏 bonito cap muy tiermo
Gavy Berrío
buen cap me gustó
mariel⚘️
🤭🤭🤭
mariel⚘️
😘
mariel⚘️
😘😘😘
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