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Olvidada Por Mi Marido

Olvidada Por Mi Marido

Status: Terminada
Genre:CEO / Pérdida de memoria / Embarazo no planeado / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:215.6k
Nilai: 4.6
nombre de autor: 1x.santx

Ella se casó por amor.
Él, un poderoso CEO, perdió la memoria… y con ella, el corazón.
Después de un accidente, empieza a creer que solo lo quisieron por su dinero y la expulsa de casa sin piedad. Sola, embarazada y traicionada por quien más amaba, lucha por sobrevivir… hasta descubrir que lleva tres vidas en su vientre. Entre habitaciones baratas, trabajos extenuantes y noches frías en pasillos de hospitales, ella elige resistir.
Cuando la verdad finalmente sale a la luz y los recuerdos regresan, tal vez ya sea demasiado tarde para pedir perdón.
Porque algunas heridas no se borran… ni siquiera con amor.

NovelToon tiene autorización de 1x.santx para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Luisa

El silencio de la habitación del hospital no era tranquilo. Era opresor. Era el tipo de silencio que no te deja dormir, porque cada pensamiento resuena demasiado alto. Estaba acostada de lado, inmóvil como habían ordenado, el cuerpo pesado, dolorido, como si hubiera sido vaciado de fuerza. La mano reposaba sobre la barriga casi por instinto, un gesto automático, desesperado. Tres golpecitos leves. Tres movimientos pequeños. Respiré hondo, sintiendo el nudo en la garganta apretar.

"Estoy aquí..." susurré, la voz fallida. "Mamá está aquí."

Pero no me sentía entera. No me sentía segura. Me sentía rota, esparcida en pedazos que ya no sabía cómo juntar. Ana dormía sentada en el sillón al lado de la cama. El cuerpo torcido, el rostro demasiado cansado para alguien que ya había hecho tanto por mí. Observé por algunos segundos, sintiendo culpa. Estaba arrastrándola a este caos conmigo.

Cerré los ojos. Arthur firmó. La frase volvió como un impacto seco en el pecho. No importaba cuántas veces me dijera a mí misma que él no recordaba, que estaba siendo manipulado, que no era culpa suya. El dolor no negociaba con la lógica. Venía entero, crudo, aplastando todo. Él firmó... sin saber de los hijos. Sin saber de mí. Sin saber de la vida que aún existía entre nosotros.

Las lágrimas corrieron silenciosas por mi rostro. No hice sonido alguno. Ya había llorado demasiado en los últimos días. Ahora era un llanto vacío, cansado, como si hasta el dolor estuviera exhausto.

"Prometiste..." murmuré para nadie. "Prometiste que nunca me ibas a abandonar."

Tal vez lo había prometido. Tal vez no. Pero la sensación era esa: abandono. No físico. Emocional. Existencial. Cuando desperté de nuevo, la luz de la mañana ya entraba por la ventana. El médico vino temprano, como siempre. Mirada seria, postura contenida, palabras medidas.

"¿Cómo pasó la noche?" preguntó.

"Sin dolor fuerte." respondí. "Solo... cansada."

Él asintió, chequeando los monitores. "Eso es esperado." dijo. "Su cuerpo pasó por un pico severo de estrés."

Ana despertó en el mismo instante. "¿Ella va a estar bien?" preguntó rápido de más.

"Sí." respondió. "Pero necesita seguir al pie de la letra lo que le dije. Reposo absoluto. Nada de conflictos, nada de emociones fuertes."

Solté una risa floja, sin humor. "Las emociones no tienen botón de apagar."

Él me miró por un segundo más largo. "Lo sé. Pero cualquier nueva crisis puede ser fatal para la gestación."

La palabra fatal quedó suspendida en el aire.

Ana apretó mi mano. "Escuchaste." dijo firme. "Vas a cuidarte."

Asentí, aun sabiendo que cuidar del cuerpo era fácil. Difícil era calmar la mente.

Dos días después, contra la voluntad de Ana, volví al trabajo. Necesitaba salir de aquella habitación, de aquella cama, de aquel papel de víctima que estaba comenzando a pegarse en mí. Yo necesitaba recordar quién era yo además de alguien que casi lo perdió todo. El edificio parecía más grande. Más frío. Cada paso exigía esfuerzo. Cuando entré en la sala, algunas personas me miraron con cuidado excesivo, aquella mirada que mezcla pena y curiosidad.

"¿Luisa?" La voz de Marcos vino rápida, preocupada. Él salió de su sala casi corriendo cuando me vio.

"No deberías estar aquí." dijo bajo, ya aproximándose. "¿Qué estás haciendo fuera del hospital?"

"Viviendo." respondí. "O intentando."

Él frunció el ceño. "Eso no es vivir, es forzarse." Antes de que yo respondiera, él jaló una silla. "Siéntate. Ahora."

Había firmeza allí. No autoridad. Preocupación. Entonces sin elección, yo me senté.

Él se agachó frente a mí, manteniendo distancia, pero la mirada era intensa, atenta. "Ana me contó." dijo mirándome con cuidado. "Que fue serio."

Mi pecho apretó. "Casi perdí a mis hijos."

La frase salió simple de más para algo tan grande.

Marcos quedó en silencio por algunos segundos. Respiró hondo. "Lo siento mucho." dijo. "De verdad."

No fue automático. No fue educado. Fue sentido.

"Estoy cansada, Marcos." confesé, la voz quebrando. "Cansada de ser fuerte todo el tiempo."

Él inclinó la cabeza. "No necesitas ser fuerte aquí."

"Pero necesito serlo en algún lugar." repliqué. "Si paro... me desmorono."

Él se sentó en la silla a mi lado, aún manteniendo espacio. "¿Y si te desmoronas?" preguntó. "¿Quién dijo que necesitas reconstruirte sola?"

Lo miré, sorprendida. "Hablas como si supieras."

Él dio una media sonrisa triste. "Sé cómo es aguantar todo hasta que el cuerpo pide socorro."

El silencio que se siguió no fue desconfortable. Fue íntimo. Peligroso.

"Deberías alejarte un tiempo." dijo por fin. "Tu trabajo puede esperar."

"Mi cabeza no." respondí.

Él me observó por algunos segundos, después habló más bajo: "Me importas, Luisa."

Aquello me afectó más de lo que debería.

"Como amiga." completó rápido. "Como colega."

Pero el modo como desvió la mirada entregó el resto.

Sentí el corazón acelerar, no por deseo, sino por miedo. Miedo de sentir algo. Miedo de confundir gratitud con otra cosa. Miedo de necesitar de alguien.

"No estoy lista para nada." avisé.

Él asintió. "Lo sé. No te estoy pidiendo nada."

"¿En serio?" pregunté.

"En serio." respondió. "Solo quiero que estés bien."

Él se aproximó y besó mi frente. "Puedes contar conmigo."

Cuando llegué a casa aquella noche, el cuerpo finalmente cedió. Me senté en la cama y lloré sin freno, sin control, sin vergüenza. Lloré por Arthur que no recordaba. Por la mujer que soy que Verónica intentó apagar. Por la vida que se desmoronó sin aviso.

"Estoy rota..." susurré, abrazando la barriga. "Pero aún estoy aquí."

Me acosté despacio, sintiendo cada dolor, cada miedo, cada pérdida. Yo estaba en pedazos. Pero aún respiraba. Y mientras respirase... nadie iba a decidir mi fin por mí. Ni Verónica. Ni el pasado. Ni el hombre que se olvidó de mí. Por mí... Y por mis hijos.

1
San Aguirre
No me gustó 😒
Angela Mabel Fernandez
como Alicia encerio .que fastidio contigo escritorav
Angela Mabel Fernandez
encerio ..es una idiota
Petrona Arias Leon
muy bonita x a pesar delas personas que quisieron separlo lograron estar juntos
Petrona Arias Leon
el fue loque quiso pero ella no le dio motivos y siempre fue onesta
Maria Elena Jiménez Torres
Gracias bonita historia te felicito /Rose//Rose//Rose//Rose/
Edith Zenteno
buuuu me aburrí demasiada estupidez y para variar un Ceo estúpido adiossss
Edith Zenteno
siempre en los casos de pérdida de memoria el corazón recuerda y todo lo que pasa después si lo recuerdan y como el no recuerda a la mujer que el hecho y decía ser su esposa está fome llego hasta acá mucha estupidez
Edith Zenteno
ella no está divorciada?🤔
Edith Zenteno
se puso fome cuando alguien pierde la memoria es la mente pero el corazón recuerda siente y el Tal Arthur como todos los Ceos que se dicen inteligentes son unos tarados, leere un poco más pero si como en otras pasarán años no sigo muy fome
Angela Mabel Fernandez
eso mismo dije desde un principio .
😂😂😂😂😂
Angela Mabel Fernandez
que horrible su hablar
Angela Mabel Fernandez
no me gusta la traducion.y no veo acción de pareja todo muy monótono muy frío..
Edith Meraz
Pero ella lo ubiera demandado porque era la esposa 😭😭😭😭😭😭
Mónica Viviana
Muy linda historia!!!
Ginnette
Tampoco entiendo, estuvo con ella, la echo sin motivo y ahora no recuerda!!! RaRo!!!!
Ginnette
Que maldito, porque echarla si el está con su madrastra viviendo y por último no tan miserable y dejarla sin nada, es su esposa, que país es ese, que no hay respeto ahh!!😱😱😱😱
Lourdes Balenzuela
muy linda historia
Isabel Martín
Excelente historia, me ha gustado mucho, felicidades autora 🤗👏👏👏👏
Fania
pero que basura, despues de todo lo pordono. Que mujer mas estupida y boba.
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