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Olvidada Por Mi Marido

Olvidada Por Mi Marido

Status: Terminada
Genre:CEO / Pérdida de memoria / Embarazo no planeado / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:302.4k
Nilai: 4.7
nombre de autor: 1x.santx

Ella se casó por amor.
Él, un poderoso CEO, perdió la memoria… y con ella, el corazón.
Después de un accidente, empieza a creer que solo lo quisieron por su dinero y la expulsa de casa sin piedad. Sola, embarazada y traicionada por quien más amaba, lucha por sobrevivir… hasta descubrir que lleva tres vidas en su vientre. Entre habitaciones baratas, trabajos extenuantes y noches frías en pasillos de hospitales, ella elige resistir.
Cuando la verdad finalmente sale a la luz y los recuerdos regresan, tal vez ya sea demasiado tarde para pedir perdón.
Porque algunas heridas no se borran… ni siquiera con amor.

NovelToon tiene autorización de 1x.santx para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Luisa

El silencio de la habitación del hospital no era tranquilo. Era opresor. Era el tipo de silencio que no te deja dormir, porque cada pensamiento resuena demasiado alto. Estaba acostada de lado, inmóvil como habían ordenado, el cuerpo pesado, dolorido, como si hubiera sido vaciado de fuerza. La mano reposaba sobre la barriga casi por instinto, un gesto automático, desesperado. Tres golpecitos leves. Tres movimientos pequeños. Respiré hondo, sintiendo el nudo en la garganta apretar.

"Estoy aquí..." susurré, la voz fallida. "Mamá está aquí."

Pero no me sentía entera. No me sentía segura. Me sentía rota, esparcida en pedazos que ya no sabía cómo juntar. Ana dormía sentada en el sillón al lado de la cama. El cuerpo torcido, el rostro demasiado cansado para alguien que ya había hecho tanto por mí. Observé por algunos segundos, sintiendo culpa. Estaba arrastrándola a este caos conmigo.

Cerré los ojos. Arthur firmó. La frase volvió como un impacto seco en el pecho. No importaba cuántas veces me dijera a mí misma que él no recordaba, que estaba siendo manipulado, que no era culpa suya. El dolor no negociaba con la lógica. Venía entero, crudo, aplastando todo. Él firmó... sin saber de los hijos. Sin saber de mí. Sin saber de la vida que aún existía entre nosotros.

Las lágrimas corrieron silenciosas por mi rostro. No hice sonido alguno. Ya había llorado demasiado en los últimos días. Ahora era un llanto vacío, cansado, como si hasta el dolor estuviera exhausto.

"Prometiste..." murmuré para nadie. "Prometiste que nunca me ibas a abandonar."

Tal vez lo había prometido. Tal vez no. Pero la sensación era esa: abandono. No físico. Emocional. Existencial. Cuando desperté de nuevo, la luz de la mañana ya entraba por la ventana. El médico vino temprano, como siempre. Mirada seria, postura contenida, palabras medidas.

"¿Cómo pasó la noche?" preguntó.

"Sin dolor fuerte." respondí. "Solo... cansada."

Él asintió, chequeando los monitores. "Eso es esperado." dijo. "Su cuerpo pasó por un pico severo de estrés."

Ana despertó en el mismo instante. "¿Ella va a estar bien?" preguntó rápido de más.

"Sí." respondió. "Pero necesita seguir al pie de la letra lo que le dije. Reposo absoluto. Nada de conflictos, nada de emociones fuertes."

Solté una risa floja, sin humor. "Las emociones no tienen botón de apagar."

Él me miró por un segundo más largo. "Lo sé. Pero cualquier nueva crisis puede ser fatal para la gestación."

La palabra fatal quedó suspendida en el aire.

Ana apretó mi mano. "Escuchaste." dijo firme. "Vas a cuidarte."

Asentí, aun sabiendo que cuidar del cuerpo era fácil. Difícil era calmar la mente.

Dos días después, contra la voluntad de Ana, volví al trabajo. Necesitaba salir de aquella habitación, de aquella cama, de aquel papel de víctima que estaba comenzando a pegarse en mí. Yo necesitaba recordar quién era yo además de alguien que casi lo perdió todo. El edificio parecía más grande. Más frío. Cada paso exigía esfuerzo. Cuando entré en la sala, algunas personas me miraron con cuidado excesivo, aquella mirada que mezcla pena y curiosidad.

"¿Luisa?" La voz de Marcos vino rápida, preocupada. Él salió de su sala casi corriendo cuando me vio.

"No deberías estar aquí." dijo bajo, ya aproximándose. "¿Qué estás haciendo fuera del hospital?"

"Viviendo." respondí. "O intentando."

Él frunció el ceño. "Eso no es vivir, es forzarse." Antes de que yo respondiera, él jaló una silla. "Siéntate. Ahora."

Había firmeza allí. No autoridad. Preocupación. Entonces sin elección, yo me senté.

Él se agachó frente a mí, manteniendo distancia, pero la mirada era intensa, atenta. "Ana me contó." dijo mirándome con cuidado. "Que fue serio."

Mi pecho apretó. "Casi perdí a mis hijos."

La frase salió simple de más para algo tan grande.

Marcos quedó en silencio por algunos segundos. Respiró hondo. "Lo siento mucho." dijo. "De verdad."

No fue automático. No fue educado. Fue sentido.

"Estoy cansada, Marcos." confesé, la voz quebrando. "Cansada de ser fuerte todo el tiempo."

Él inclinó la cabeza. "No necesitas ser fuerte aquí."

"Pero necesito serlo en algún lugar." repliqué. "Si paro... me desmorono."

Él se sentó en la silla a mi lado, aún manteniendo espacio. "¿Y si te desmoronas?" preguntó. "¿Quién dijo que necesitas reconstruirte sola?"

Lo miré, sorprendida. "Hablas como si supieras."

Él dio una media sonrisa triste. "Sé cómo es aguantar todo hasta que el cuerpo pide socorro."

El silencio que se siguió no fue desconfortable. Fue íntimo. Peligroso.

"Deberías alejarte un tiempo." dijo por fin. "Tu trabajo puede esperar."

"Mi cabeza no." respondí.

Él me observó por algunos segundos, después habló más bajo: "Me importas, Luisa."

Aquello me afectó más de lo que debería.

"Como amiga." completó rápido. "Como colega."

Pero el modo como desvió la mirada entregó el resto.

Sentí el corazón acelerar, no por deseo, sino por miedo. Miedo de sentir algo. Miedo de confundir gratitud con otra cosa. Miedo de necesitar de alguien.

"No estoy lista para nada." avisé.

Él asintió. "Lo sé. No te estoy pidiendo nada."

"¿En serio?" pregunté.

"En serio." respondió. "Solo quiero que estés bien."

Él se aproximó y besó mi frente. "Puedes contar conmigo."

Cuando llegué a casa aquella noche, el cuerpo finalmente cedió. Me senté en la cama y lloré sin freno, sin control, sin vergüenza. Lloré por Arthur que no recordaba. Por la mujer que soy que Verónica intentó apagar. Por la vida que se desmoronó sin aviso.

"Estoy rota..." susurré, abrazando la barriga. "Pero aún estoy aquí."

Me acosté despacio, sintiendo cada dolor, cada miedo, cada pérdida. Yo estaba en pedazos. Pero aún respiraba. Y mientras respirase... nadie iba a decidir mi fin por mí. Ni Verónica. Ni el pasado. Ni el hombre que se olvidó de mí. Por mí... Y por mis hijos.

1
Kelvis Rondon
Excelente
Kelvis Rondon
Gracias estuvo bueno
Gabriela Carina Leañez
No entiendo cómo lleva la historia,la hace quedar como boba e ignorante,ella está actuando mal,debía haberse puesto firme,es su esposa y él como amnésico ella tenía su deber como esposa,no dejarse llevar x la madrasta,tendría que haber luchado,que no era que lo amaba?,ya piensa en otro?,no me gusta como va está historia!
Susana
Excelente me encantó 💖💖💖💖
Susana
Que triste lo que está pasando 😭😭😭😭
Cliente anónimo
No me gustó Muy aburrida .
Susana Macedo
Excelente, excelente trabajo autora muy atrapante, y dramática muy buen final felicitaciones gracias x compartir tu trabajo con nosotros 👏👏👏
carina alejandra moreno
me parece que Marcos se fué de mambo,ir a invadir el departamento donde ella está viviendo con sus hijos?creo que el tendría que haber llamado y citarla para hablar
Mercedez Peréz
bueno asta sca llego su historia. no tiene pata ni cabeza pense que iba a cambiar algo pero sigue dando buelta en.lo misma tontefa desde.que empeze aleer sdta una proxima historia edperando algo mejor
Mercedez Peréz
pero que mujer tan tonta como no se da cuenta que el no tiene culpa solo que esta todo mal le quedo mas.facil dejar todo en vez de buscar solucionez como va a firmar.un papel de diborcio sabiendo que el no sabe ni donde el ezta parado menos mal que eres inteligente.no parese
Mercedez Peréz
pero el perdio la memoria no es que la dejo el se dejo manipular por la madrastra y ella no lucho mucho para que el raccione asi. que ay mucho que poner en orden un amor como ellos tenian ay que luchar por el ella tiene derecho y formas que puede y derschos
Mercedez Peréz
bueno es novela pero como dises mirna en que cabeza dentra que ella como su espoda no tenga voz ni boto primero hizo mal en dejar que el tenga que bolver a su casa por desicion de la madrasta cuando la que tiene que decidir es ella como la esposa bueno seguimos leyendo beremos
Moralba La Niña
bueno el carajo no recuperó la memoria
Moralba La Niña
el no reflejo ningún entusiasmo por los hijos,el no debe preguntar si puede ayudar,solo debe hacerlo y listo y también averiguar los hechos
Mirla Loyo
bueno por lo menos llegando al final la autora le puso coherencia a la trama 🤣🤣
Mirla Loyo
desde el principio Alice no estaba de acuerdo, pero la pregunta es.. porqué ésa obsesión de ésa vieja?🤷‍♀️
Mirla Loyo
y que hace ése hombre ahí, me imagino que si llegó hasta ahí, es porque sabe que volvió con el padre de sus hijos..🤔o será que se confabuló con la Verónica?🤷‍♀️
Mirla Loyo
espero que la autora no retroceda .y como está éso que ésa mujer entró, si en otras oportunidades tocaba para que le abrieran 🤣🤷‍♀️
Mirla Loyo
explicar que a quién? es su ex y padre de sus hijos 🤷‍♀️
carina alejandra moreno: a parte este tal Marcos ni un escarpín les a regalado a los bebitos,re agarrado 🙄
total 1 replies
Mirla Loyo
y que pasó con la consulta que se supone tenía con el siquiatra?🤷‍♀️
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