Elena Rossi lo dio todo por amor, solo para descubrir que su prometido y su media hermana no solo la engañaban, sino que planearon su trágica muerte para arrebatarle su herencia y su empresa. Sin embargo, el destino le otorga una segunda oportunidad: Elena despierta un año atrás en el tiempo, atrapada en su cuerpo real —lleno de curvas voluptuosas, caderas marcadas y una belleza sensual que antes ocultaba por inseguridad—. Esta vez, no habrá lágrimas; solo una fría y calculada venganza.
NovelToon tiene autorización de Araceli Settecase para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 2: La Firma del Pacto y la Primera Chispa
La luz de la mañana siguiente entraba a través de los amplios ventanales de la oficina privada de Dante Valenti. Sobre la caoba pulida del escritorio reposaban dos carpetas de cuero negro: el contrato prenupcial y la solicitud de licencia de matrimonio urgente.
Dante estaba de pie junto al ventanal, observando el horizonte de la ciudad con un vaso de agua en la mano. La camisa blanca de vestir se ceñía a sus hombros anchos y marcaba la curva impecable de su espalda trabajada. Al escuchar el leve toque en la puerta y el suave sonido de unos tacones sobre la alfombra, se giró con una lentitud llena de elegancia predatoriedad.
Elena entró a la estancia erguida, con una postura de absoluta seguridad. Llevaba un vestido ajustado de corte lápiz en tono azul noche que abrazaba cada contorno de su cuerpo, remarcando la curva acentuada de sus caderas, su cintura pequeña y la plenitud de su escote sobrio. Había dejado atrás cualquier atisbo de la mujer retraída que solía ser; ahora irradiaba el poder de quien sabe exactamente lo que vale.
Dante la recorrió con la mirada de arriba abajo. Sus ojos grises se detuvieron un segundo más de lo profesional en la curva de sus caderas antes de volver a chocar con la mirada de Elena.
—Puntual, Elena. Me gusta la gente que no me hace perder el tiempo —dijo él, con esa voz grave y aterciopelada que parecía hacer vibrar el aire alrededor.
—Cuando se trata de asegurar mi futuro y el de mi empresa, no me permito retrasos, Dante —respondió ella, caminando directamente hacia el escritorio.
Dante caminó hacia ella y le tendió una elegante estilográfica de plata.
—Los términos están claros: un año de matrimonio legal ante los medios. Apoyo financiero y legal completo de Valenti Holding para restaurar tu posición en Rossi Design y desmantelar a cualquier conspirador. A cambio, vives en mi residencia, asumes el rol de mi esposa en eventos públicos y te haces cargo de la supervisión de la crianza de Leo.
Elena tomó la pluma. Sus dedos rozaron la piel cálida y firme de la mano de Dante. Una chispa de electricidad recorrió el brazo de Elena, haciendo que su respiración se detuviera por un instante. Alzó la vista y encontró a Dante observándola con una intensidad oscura, calculadora, pero teñida de un magnetismo peligroso.
—¿Alguna duda sobre las cláusulas? —preguntó él, inclinándose apenas lo suficiente para que Elena pudiera percibir su perfume de notas de cedro, cuero y ámbar.
—Ninguna —dijo ella con firmeza. Sin titubear, firmó cada una de las páginas con una caligrafía fluida.
Dante tomó la pluma de las manos de Elena, asegurándose de que sus yemas se volvieran a rozar deliberadamente. Firmó con trazo firme y cerró la carpeta.
—Hecho. A partir de este momento, eres oficialmente la señora Valenti.
Tres horas más tarde, el automóvil blindado de Dante se detuvo frente a la residencia Rossi.
Elena había vuelto para recoger sus pertenencias personales y cerrar formalmente su etapa en aquella casa. Sin embargo, no esperaba encontrarse con la escena que se desarrollaba en la sala principal.
Julián y Valeria estaban reunidos en el salón, rodeados de carpetas y hablando en voz baja. Al ver entrar a Elena, el rostro de Valeria se transformó en una mueca de falsa preocupación, mientras que Julián se levantó de inmediato con una expresión autoritaria.
—Elena, por fin llegas —dijo Julián, dando un paso al frente con actitud condescendiente—. Lo que hiciste ayer en la empresa fue una locura e impensable. La junta directiva está confundida. Necesitamos que firmes la cesión de poderes temporal antes de que cometas un error catastrófico por tus impulsos emotivos.
—Julián tiene razón, hermana —añadió Valeria, acercándose con una sonrisa fingida—. Estás actuando de forma muy errática. Entendemos que tu físico y el estrés te estén afectando la cabeza, pero déjanos las cosas difíciles a nosotros...
Elena soltó una carcajada fría que heló la sonrisa de Valeria.
—¿Mi físico? ¿Mi estrés? —Elena dio dos pasos hacia adelante, erguida, dominando el espacio—. Valeria, se te acaba el tiempo para seguir viviendo de mi dinero y de la memoria de mi padre. Y tú, Julián, no vas a volver a poner un pie en mi empresa. Ni hoy, ni nunca.
Julián apretó los dientes, perdiendo la compostura. La tomó bruscamente del brazo.
—¡No me hables así! ¡Eres mi prometida y vas a escucharme!
—Ella no es tu prometida. Y sugiero que le quites la mano de encima si valoras tu carrera y tus dedos.
La voz resonó desde el umbral con la fuerza de un trueno contenido.
Julián y Valeria se congelaron. Dante Valenti avanzaba por el pasillo con la calma de un depredador que sabe que domina el territorio. Su presencia imponente llenaba toda la habitación, dejando a Julián ridículamente pequeño a su lado. Detrás de él, dos guardias de seguridad de élite esperaban en silencio.
Julián soltó el brazo de Elena de inmediato, palideciendo.
—¿Señor... Señor Valenti? ¿Qué significa esto?
Dante ignoró por completo a Julián. Caminó directamente hacia Elena, colocó una mano grande y posesiva en la parte baja de su espalda —sintiendo la calidez y la forma curva de sus caderas atravesar la tela del vestido— y la atrajo suavemente hacia su costado.
—Significa que la mujer que estás tocando es mi esposa —declaró Dante, mirando a Julián con un desprecio absoluto—. Y cualquier intento de acoso, chantaje o manipulación contra la señora Valenti será tomado como una declaración de guerra personal contra el grupo Valenti.
Valeria ahogó un grito de asombro, mirando a Elena con envidia y rabia no disimulada.
—¿Esposa? ¡Eso es imposible! ¡Elena no... ella no puede estar casada contigo!
Dante sonrió de manera afilada y peligrosa.
—Los papeles están firmados. Los abogados de la familia Valenti ya están ejecutando la auditoría completa de Rossi Design. Cualquier irregularidad financiera cometida en los últimos dos años por ustedes dos será perseguida por la vía penal. Tienen dos horas para desalojar esta casa.
Julián quiso hablar, pero la mirada de acero de Dante lo dejó mudo. Tomó a Valeria del brazo y, deshechos por el shock y el pavor, salieron apresuradamente de la propiedad.
Elena dejó salir un largo suspiro que no sabía que estaba reteniendo. Al girarse para agradecer a Dante, notó que la mano de él no se había retirado de su espalda. Al contrario, los dedos de Dante se afianzaron con firmeza sobre la curva de su cadera, atrayéndola un centímetro más hacia él.
—Le dijiste que eras mi esposa con mucha convicción —murmuró Elena, alzando la vista hacia los ojos grises del magnate.
—No me gusta que nadie toque lo que me pertenece, Elena —respondió Dante. Su voz bajó una octava, volviéndose un susurro oscuro y provocador—. Y tú ahora llevas mi apellido.
Elena sintió un temblor de anticipación recorrerle el vientre. La determinación en sus ojos chocó contra la devoción latente y el deseo contenido en la mirada de Dante. La venganza acababa de empezar, pero la tentación en los brazos de Dante prometía ser una batalla aún más ardiente.