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CERO EN CONDUCTA MI QUERIDA SECRETARIA

CERO EN CONDUCTA MI QUERIDA SECRETARIA

Status: Terminada
Genre:CEO / Completas
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Chiquitas

romance, contrato, amor, diversión

NovelToon tiene autorización de Chiquitas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 3: El cristal y el asfalto ( Parte 1)

El trayecto desde la boutique en la Quinta Avenida hasta el Museo Metropolitano de Arte fue, para Elena, un viaje entre dos galaxias. Sentada en el asiento de cuero del Mercedes blindado, evitaba moverse demasiado para no arrugar la seda marfil de su vestido. El coche olía a una mezcla de ozono, lujo y el perfume de Alexander, que inundaba el espacio como una presencia física.

Alexander no había dicho una palabra desde que subieron. Estaba concentrado en su teléfono, con la luz de la pantalla iluminando sus facciones duras y decididas. Elena lo observaba de reojo. A sus treinta años, Alexander Zenith no solo era el dueño de una cadena de hoteles; era el dueño de un silencio que podía asfixiar a cualquiera.

—¿Vas a seguir mirándome como si fuera a morderte o vas a ensayar tu sonrisa de prometida? —dijo él, sin apartar la vista del teléfono.

Elena se sobresaltó.

—No lo miraba a usted. Miraba la mancha que quedó en su asiento. Es una pena que un coche tan caro no pueda limpiarse solo —mintió ella, recuperando su tono defensivo.

Alexander bloqueó su teléfono y giró la cabeza lentamente hacia ella. Sus ojos grises la recorrieron de arriba abajo. Liam había hecho un trabajo extraordinario. Elena ya no parecía la chica que tropezaba con sus propios pies en el lobby; ahora era una visión de elegancia clásica. El cabello, recogido en un moño bajo con algunos mechones sueltos, resaltaba su cuello largo y la delicadeza de sus facciones, que ahora no tenían ni rastro de harina.

—Estás diferente —admitió él, y por un microsegundo, su voz perdió la frialdad—. Pero recuerda, Elena: en cuanto bajemos de este auto, dejas de ser la administradora desempleada de Queens. Eres Elena Davenport, hija de una familia de hoteleros de Londres que conocí en un viaje de negocios. Si alguien te pregunta por tu familia, diles que están en los Alpes suizos.

—¿Davenport? ¿Alpes suizos? —Elena soltó una risita amarga—. Señor Zenith, apenas puedo pronunciar "croissant" sin que se note que soy de la vecindad. ¿No cree que es más fácil decir la verdad? Que me está pagando para ser su guardaespaldas emocional.

—La verdad no vende periódicos, Elena. Y la verdad no detiene a Vanessa —el nombre de su ex salió de sus labios como una maldición—. Ella conoce mis debilidades. Si aparezco con una "chica normal", sabrá que es un montaje. Necesito que seas alguien que ella no pueda ignorar.

El coche se detuvo. El rugido de la multitud y el estallido de los flashes se filtraban a través de los cristales blindados. Elena sintió que el estómago se le cerraba. Pensó en su pequeña habitación, en el olor a bizcocho recién horneado que solía reconfortarla. Aquí, en la puerta del Met, no había olor a hogar; solo había olor a ambición.

—Tengo miedo —susurró ella, una confesión que no quería hacer.

Alexander se quedó quieto. Sus dedos se movieron hacia la mano de Elena, pero se detuvieron antes de tocarla. En lugar de eso, la miró fijamente.

—No tienes miedo, Elena. Tienes rabia. Úsala. Recuerda que todos los que están ahí afuera, con sus diamantes y sus trajes de etiqueta, son iguales a ti. Solo que ellos tienen mejores zapatos.

Ese comentario, extrañamente, la hizo sentir mejor. Era el Alexander que ella conocía: cínico, pero directo.

La puerta se abrió. El frío de Nueva York la golpeó, pero fue el calor de los focos lo que la desorientó. Alexander bajó primero y le tendió la mano. Al tomarla, Elena notó que su palma estaba firme. Él era su ancla en este mar de hipocresía.

Mientras subían la famosa escalinata del Met, Elena se obligó a caminar con la espalda recta. Cada paso era un desafío. Los fotógrafos gritaban el nombre de Alexander, preguntando quién era la misteriosa mujer que lo acompañaba. Él no respondió. Se limitó a colocar una mano posesiva en la cintura de Elena, guiándola hacia la entrada con una seguridad que la hacía sentir, por primera vez en su vida, protegida.

Al cruzar el umbral del museo, el lujo los envolvió. Las estatuas egipcias parecían observar la procesión de invitados con indiferencia milenaria. Elena miraba las joyas de las mujeres que pasaban a su lado. Collares que podrían comprar todo su edificio, pendientes que pagarían la educación de sus futuros hijos.

—No mires las joyas, Elena —susurró Alexander cerca de su oído—. Mira a los ojos. Las joyas son para ocultar que no tienen nada más que mostrar.

Caminaron hacia el salón principal, donde una orquesta de cámara tocaba una pieza de Mozart. Liam los interceptó casi de inmediato, luciendo una sonrisa de oreja a oreja y sosteniendo dos copas de champán.

—Lo habéis logrado. La prensa está vuelta loca —dijo Liam, dándole una copa a Elena—. Bienvenida al circo, Elena. Estás radiante. Si Alex no se casa contigo de verdad, avísame.

—Liam, no es el momento —gruñó Alexander, pero Elena notó que no le soltaba la cintura.

—Solo digo la verdad. Por cierto, Alex... —el tono de Liam cambió a uno más bajo—. Ella ya está aquí. Está en el ala de las esculturas griegas, rodeada de sus "seguidores". Ha estado preguntando por ti desde que llegó.

Elena sintió cómo los músculos de Alexander se tensaban bajo el traje. La mano que tenía en su cintura se apretó un poco más.

—Vamos entonces —dijo Alexander—. No quiero que piense que estamos evitándola.

Elena respiró hondo. La verdadera batalla estaba por comenzar. No era solo contra Vanessa, sino contra la sensación de que, en este mundo de cristal, ella era la única pieza de barro que corría el riesgo de romperse.

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Sabina Altamirano
el papel del personaje se me hace muy infantil,ni parece que haya pasado siquiera la universidad,como llegar a un trabajo,hacer cambio como si fuera tu casa decir que contrato de un hotel no es importante lo va llevar a la quiebra,si. oy de acuerdo que se le festejé a los empleados,pero hacerlo en el trabajo como si fuera en el patio de su casa,eso perece ilógico
Teresa Nancy Fernandez
me encantó tu novela👏👏👏
chiquita: Teresa gracias por tu apoyo, me alegra un montón leer tu comentario🥰🥰🥰
total 2 replies
Lili Hebe Villarruel
👏👏👏
chiquita: Gracias gracias 🫂🫂🫂🫂🫂 Lili súper agradecida por tu apoyo 😍😍😍😍😍
total 1 replies
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