Novela +18
Mi nombre es Lucia Westton, la hija legítima del Marqués Arturo Westton.
Durante años viví rodeada de amor, lujos y tranquilidad… hasta que mi madre murió en un trágico accidente de carruaje después de una fiesta de té.
Creí que aquella sería la peor tragedia de mi vida.
ME EQUIVOQUÉ.
Poco después descubrí que mi padre había ocultado una amante… y una hija ilegítima: Laura Westton.
Desde el momento en que ellas cruzaron las puertas de la mansión, todo cambió.
Mi hogar dejó de sentirse seguro.
Las miradas se volvieron frías.
Los susurros comenzaron en la oscuridad.
Entonces Laura me convenció de jugar un extraño juego.
Dijo que podría ayudarme a hablar con mi madre una última vez.
PERO ALGO SALIÓ MAL.
Ahora… algo me sigue desde las sombras.
Lo veo en los espejos.
Escucho sus pasos detrás de mí.
Siento sus manos heladas rozando mi cuello mientras duermo.
¡TENGO MIEDO!
Y lo peor de todo…
¡NADIE ME CREE!
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CAPÍTULO 3 — ACUSACIÓN
Llegué a mi habitación y cerré la puerta con seguro detrás de mí.
El silencio del cuarto me envolvió inmediatamente.
Caminé lentamente hasta mi cama y me dejé caer sobre ella abrazando con fuerza una almohada mientras las lágrimas seguían saliendo sin control.
—Mamá… —susurré entre sollozos—. Te extraño mucho…
Mi pecho dolía tanto que apenas podía respirar.
Todo había cambiado demasiado rápido.
La muerte de mamá…
La existencia de Laura…
La amante de mi padre…
Y la forma en que él me había mirado con odio.
Apreté la almohada con más fuerza.
—¿Por qué…? —murmuré llorando—. ¿Por qué tuvo que pasar todo esto…?
No me di cuenta en qué momento el cansancio terminó venciendo mi tristeza y me quedé dormida.
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Cuando desperté, la habitación estaba completamente oscura.
El sol ya se había ocultado hacía mucho tiempo.
Me incorporé lentamente mientras me limpiaba el rostro húmedo.
—Padre no me llamó para bajar a cenar… —susurré.
Bajé la mirada.
—Padre… ¿por qué traicionaste a mamá…?
En ese instante, mi estómago rugió fuertemente.
Parpadeé sorprendida.
—Tengo hambre… debería pedirle a Lina que me traiga algo.
Me sequé las últimas lágrimas y caminé hasta la puerta.
Al abrirla, asomé la cabeza hacia el pasillo mirando de un lado a otro.
Pero Lina no estaba.
El largo corredor permanecía vacío y silencioso.
Suspiré suavemente.
—Supongo que ya debe ser muy tarde… probablemente ya se fue a dormir.
Salí lentamente de mi habitación.
La tenue iluminación nocturna y las velas hacía que los pasillos de la mansión parecieran tranquilos y silenciosos.
Seguí caminando lentamente hasta llegar a la cocina.
Abrí la puerta y miré alrededor.
El lugar estaba vacío.
Las sirvientas seguramente ya habían terminado sus labores hacía horas.
—No sé cocinar nada… que no sean postres —murmuré con vergüenza.
Me acerqué a una de las mesas buscando algo preparado.
Levanté una tapa de metal y mis ojos brillaron ligeramente al encontrar algunos panes de carne horneados.
—Qué alivio…
......................
Lucia Westton levantó lentamente una de las tapas de metal y sus ojos verde grisáceo brillaron apenas al encontrar algunos panes de carne recién horneados.
—Qué alivio… —murmuró en voz baja.
El cálido aroma de la comida llenaba la silenciosa cocina iluminada únicamente por unas cuantas velas.
Completamente distraída, Lucia no notó la figura masculina escondida entre la oscuridad del pasillo trasero.
La figura masculina avanzó lentamente.
Silenciosa.
Pesada.
En sus manos sostenía un grueso palo de madera.
Lucia apenas alcanzó a girar ligeramente el rostro al sentir una extraña presencia detrás de ella.
Entonces—
¡Golpe!
El palo impactó brutalmente contra su cabeza.
—¡Ah…!
El cuerpo de Lucia cayó al suelo de inmediato.
Su visión se volvió borrosa mientras un fuerte zumbido llenaba sus oídos.
Intentó moverse… pero el dolor era insoportable.
Finalmente, todo se volvió negro.
La figura masculina permaneció inmóvil unos segundos observando el cuerpo inconsciente de la jóven.
Luego sujetó a Lucia de los brazos y comenzó a arrastrarla fuera de la cocina.
El sonido de su cuerpo deslizándose lentamente por el suelo resonó en el silencioso piso de la mansión.
......................
Empecé a despertar lentamente.
Sentía la cabeza ardiendo de dolor, como si algo pesado me hubiera golpeado con fuerza.
Escuchaba voces a mi alrededor, pero todo sonaba distante y confuso.
Abrí los ojos poco a poco.
Estaba tirada en el suelo cerca de la cocina.
Intenté incorporarme un poco apoyándome con las manos mientras el mareo me hacía tambalear.
Entonces levanté la mirada.
Había un hombre junto a varias sirvientas observándome.
Pero sus miradas…
Nunca antes alguien me había mirado de esa forma.
Era como si hubiera hecho algo horrible.
Como si fuera una criminal.
Mi pecho comenzó a tensarse confundido.
Entonces escuché pasos acercándose desde el otro extremo del pasillo.
Volteé lentamente.
Era mi padre.
A su lado venían Clarissa y Laura.
Clarissa abrió los ojos exageradamente al verme.
—¡Oh por Dios! ¿Qué sucedió?
Dijo aquello mientras sujetaba el brazo de mi padre como una esposa preocupada.
Mi padre me observó.
Pero aquella mirada…
Ya no era la misma de antes.
Era fría.
Distante.
Casi decepcionada.
Entonces miró a las sirvientas.
—¿Qué sucedió?
Una de ellas hizo rápidamente una reverencia.
—Señor Márquez, nosotros…
La mujer dudó nerviosamente.
—Dilo —ordenó mi padre.
La sirvienta tragó saliva antes de hablar.
—Encontramos a la señorita Lucia envenenando los ingredientes para la comida de mañana…
Otra sirvienta mostró un pequeño sobre lleno de polvo oscuro.
—Esto estaba en sus manos.
Abrí los ojos completamente.
—¡Eso es mentira!
Mi voz resonó por el pasillo.
Volteé desesperadamente hacia mi padre.
—¡Papá, tienes que creerme! ¡Jamás haría algo así!
Él me observó seriamente.
—Entonces… ¿qué hacías en la cocina?
Sentí un nudo en la garganta.
—Yo… no había comido en todo el día… bajé para buscar algo de comer y de repente alguien me golpeó la cabeza.
Mi padre frunció el ceño.
—Lucia… ¿hasta este punto has llegado? ¿Incluso envenenar la comida?
Lo miré incrédula.
—¿Qué…?
Su voz se volvió aún más fría.
—Incluso mientes.
—¡No estoy mintiendo!
Mi respiración comenzó a acelerarse por la desesperación.
Entonces él habló nuevamente:
—Mandé a una sirvienta con tu desayuno y tu cena. Incluso si te portaste mal, jamás te habría dejado sin comer en todo el día.
Parpadeé confundida.
—¿Qué…?
Mi corazón comenzó a hundirse lentamente.
—Pero… a mí no me llevaron nada…
Clarissa fingió estremecerse y se acercó más a mi padre.
—Amor… tengo miedo. Si ahorita se atrevió a envenenar la comida… ¿qué cosas hará en el futuro?
Mi padre la abrazó suavemente intentando tranquilizarla.
—Clarissa, tranquila. La castigaré.
Sentí el pecho arder.
—¡Padre, pero yo no hice nada! ¡Me están incriminando!
Entonces Laura caminó lentamente hacia adelante.
Se colocó frente a mí, como si intentara protegerme.
—Papá, no castigues a mi hermana… Apenas falleció su mamá. Conocernos debió ser un golpe muy duro para ella.
Luego, inesperadamente, se arrodilló frente a él.
—Papá… solo por esta vez perdónala.
Apreté los dientes.
Escucharla llamarme hermana me fastidiaba muchísimo.
Mi padre se talló la sien cansadamente.
Después soltó un largo suspiro.
—Bien… solo por esta vez lo dejaré pasar. Sin embargo, Lucia, no podrás salir de la mansión durante dos meses.
Abrí los ojos sorprendida.
¿Dos meses…?
Si desaparecía de la sociedad durante tanto tiempo, los rumores destruirían mi reputación.
Pero al mirar el rostro de mi padre entendí algo.
No importaba lo que dijera.
Él ya había decidido que yo era culpable.
Laura se levantó y sonrió dulcemente.
—Gracias, padre, por ser indulgente con mi hermana.
Apreté las manos con fastidio.
Ella volteó hacia mí con expresión preocupada y extendió su mano.
—Hermana… ¿te ayudo a levantarte?
La ignoré completamente.
Eso hizo que mi padre frunciera el ceño nuevamente.
Intenté levantarme sola, pero el fuerte golpe en la cabeza hizo que todo me diera vueltas.
Mi cuerpo se tambaleó.
Antes de caer, Laura me sostuvo rápidamente.
—Hermana, yo te ayudo.
Me sentía demasiado mareada y adolorida para rechazarla otra vez.
Con disgusto terminé tomando su mano.
Y juntas comenzamos a alejarnos lentamente por el pasillo.
vamos Lucia a gozar del cardenal, que está es papasito así este en silla de ruedas, lo demás debe responder jajajajajjajajajajajajua
Ho ayy si🤔