Contra Toda Regla narra el reencuentro entre Ander y Eliana, una atracción prohibida que desafía amistad, lealtad y principios, demostrando que algunos amores nacen precisamente donde nunca deberían hacerlo.
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Capítulo 23
Las semanas pasaron más rápido de lo que cualquiera habría imaginado.
El proyecto de Industrias Valmont avanzaba conforme al cronograma establecido.
Las primeras fases de implementación habían sido un éxito y los directivos de la empresa se mostraban satisfechos con los resultados obtenidos hasta el momento.
Profesionalmente, todo marchaba a la perfección.
En lo personal...
Era otra historia.
Desde aquel beso en la oficina, Ander y Eliana habían hecho exactamente lo mismo.
Evitarse.
Si había una reunión, hablaban únicamente de trabajo.
Si coincidían en un pasillo, un saludo breve era suficiente antes de seguir caminando.
Ninguno volvía a quedarse a solas con el otro.
Y, aunque ambos fingían que nada había ocurrido, los dos eran conscientes de la tensión que aparecía cada vez que sus miradas se encontraban por accidente.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Aquella mañana, Ander, Mario y Eliana estaban reunidos en la sala de juntas revisando el avance del proyecto Vermont.
Sobre la pantalla se proyectaban gráficos, cronogramas y reportes de resultados.
Mario pasó la última diapositiva.
—Los indicadores son mejores de lo que esperábamos.
Eliana asintió.
—La estrategia de expansión en el mercado internacional está funcionando incluso más rápido de lo proyectado.
Ander revisó el informe una vez más antes de cerrarlo.
—Excelente trabajo. Si seguimos así, cumpliremos todos los objetivos antes de la fecha prevista.
Mario sonrió satisfecho.
—Sabía que este proyecto sería un éxito.
Eliana cerró su carpeta.
—Todavía queda trabajo por hacer.
—Claro —respondió Mario—, pero también hay que saber celebrar los avances.
Los tres guardaron silencio unos segundos.
Entonces Mario apoyó los codos sobre la mesa.
—Hablando de celebrar...
Ander lo miró con desconfianza.
—Cada vez que dices eso, terminas proponiendo algo.
—Porque tengo una propuesta.
Eliana sonrió.
—Te escuchamos, giganton.
Mario rió.
—Acción de Gracias es dentro de unos días.
Hace muchísimo tiempo que ni Ander ni tú pasan esa fecha con la familia.
Eliana bajó la mirada.
Era verdad.
Desde que se marchó a estudiar al extranjero no había vuelto a compartir esa celebración con todos.
Mario continuó:
—Mamá llamó ayer. Quiere reunir a las dos familias, como hacíamos antes.
Ander permaneció en silencio.
—Nuestras madres ya empezaron a organizar el menú —añadió Mario mirando a su socio.
Eso hizo que Ander sonriera apenas.
Conocía demasiado bien a Constanza y a Marcela.
Cuando ambas decidían organizar una reunión familiar, nadie podía detenerlas.
—¿Y dónde será? —preguntó Eliana.
—En la casa de nuestros padres.
Además, las gemelas ya dijeron que no aceptarán un "no" como respuesta.
Eliana soltó una risa.
—Eso suena muy propio de ellas.
Mario miró ahora a Ander.
—¿Qué dices?
Él permaneció unos segundos pensativo.
Había estado evitando cualquier situación que implicara pasar demasiado tiempo cerca de Eliana.
Pero también llevaba años sin compartir Acción de Gracias con su familia.
Y extrañaba esos momentos.
Finalmente respondió:
—Está bien.
Iré.
Mario sonrió ampliamente.
—Sabía que aceptarías.
Luego volvió la vista hacia su hermana.
—¿Y tú, enana?
Eliana dudó apenas un instante.
Miró de reojo a Ander.
Él mantenía la vista fija en unos documentos, como si la respuesta de ella no le importara.
—Yo también iré.
Mario dio una palmada sobre la mesa.
—Perfecto.
Entonces queda decidido.
Este año volveremos a celebrar todos juntos.
Ni Ander ni Eliana dijeron nada más.
Pero ambos pensaron exactamente lo mismo.
Después de semanas evitando cualquier cercanía...
Pasarían varias horas bajo el mismo techo, rodeados de sus familias.
Y fingir que nada había cambiado iba a ser mucho más difícil de lo que imaginaban.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Mario entró a la oficina de Ander sin molestarse en tocar la puerta.
Como siempre.
Solo él tenía esa confianza.
Encontró a su mejor amigo sentado detrás del escritorio, revisando unos informes que, claramente, no estaba leyendo.
Llevaba varios minutos con la misma hoja entre las manos.
—¿Te ocurre algo?
Ander levantó apenas la vista.
—No.
Mario cerró la puerta tras de sí y tomó asiento frente al escritorio.
—¿Acaso olvidas que crecimos juntos?
Ander arqueó una ceja.
—No.
—Entonces también deberías recordar que eres mi mejor amigo y te conozco mejor que nadie.
Ander dejó el informe sobre el escritorio.
—Solo estoy estresado.
Mario soltó una carcajada.
—¿Tú? ¿Estresado?
Ander lo miró con indiferencia.
—Sí.
—No me hagas reír.
Se cruzó de brazos.
—Cuando tú te estresas haces dos cosas: trabajas el doble... o frecuentas bares y terminas yéndote con alguna mujer.
Ander desvió la mirada hacia el ventanal.
—Hace semanas que no lo hago.
Mario frunció el ceño.
—¿En serio?
—Sí.
—Eso sí es raro.
Hubo un breve silencio.
Ander habló antes de pensarlo demasiado.
—Las pocas veces que lo intenté...
Se quedó callado.
Mario lo observó con atención.
—¿Qué pasó?
Ander respiró hondo.
—Simplemente no podía estar allí, tampoco logro concentrarme en el trabajo.
Mario abrió ligeramente los ojos.
—¿Cómo que no podías?
—Mi cabeza estaba en otra parte.
La respuesta hizo que Mario sonriera con picardía.
—No puede ser...
Ander ya conocía esa expresión.
—¿Qué?
Mario se inclinó hacia adelante.
—¿Acaso te enamoraste de alguien?
Ander soltó una risa incrédula.
—No digas tonterías.
—Es que no es propio de ti.
Siempre has dicho que las relaciones complican la vida y que prefieres el sexo sin compromisos.
Y ahora me dices que ni siquiera puedes mirar a otra mujer.
Algo pasó.
Ander negó con firmeza.
—No hay nadie.
—¿Seguro?
—Completamente.
Mario sonrió de lado.
—Anda dime, ¿quién es la afortunada?
Ander sintió un nudo en el estómago.
Por un instante, el rostro de Eliana apareció con absoluta claridad en su mente.
Su sonrisa.
Sus ojos.
Aquel beso.
Bajó la mirada antes de que Mario pudiera descubrir algo en su expresión.
No.
Jamás podría decirle la verdad.
No podía mirar a su mejor amigo a los ojos y confesarle que la mujer que ocupaba todos sus pensamientos era su hermana.
La misma a la que le había prometido proteger.
—No hay ninguna afortunada.
Respondió con calma, aunque por dentro sintiera exactamente lo contrario.
Mario lo estudió durante unos segundos.
—No te creo.
Ander sonrió apenas.
—Pues tendrás que hacerlo.
Mario terminó por ponerse de pie.
—Está bien... no voy a presionarte.
Pero escúchame bien.
Algún día te sacaré la verdad aunque tenga que emborracharte.
Ander soltó una risa breve.
—Buena suerte con eso.
Mario caminó hacia la puerta.
Antes de salir, se giró una última vez.
—Solo espero que esa mujer, quienquiera que sea, valga la pena.
La puerta se cerró.
Ander permaneció inmóvil.
Miró el escritorio durante varios segundos.
Y murmuró para sí, con una mezcla de culpa y resignación:
—Ojalá no fuera ella...
Ahora Eliana te toca la prueba de fuego tu idea con el cliente será interesante veamos 🤔🤔🤔❓❓❓
Eliana ya estás a punto de encontrarte con un hombre que ama su libertad y no le gusta las ataduras veremos cuando te vea que impresión se lleva.
Se dará cuenta o la verá con otros ojos ahora que es toda una mujer 🤔🤔🤔❓❓❓❓