Valeria escapa estando embarazada, en plena noche.
con el siguiente pensamiento
“Si el me encuentra, jamás volveré a ser libre.”
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#3
...Demasiado cerca...
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Valeria salió de la oficina de Adrián intentando mantener el paso firme.
Pero apenas la puerta se cerró detrás de ella, soltó el aire lentamente.
Sentía el corazón demasiado acelerado.
Otra vez.
No entendía qué le ocurría cerca de ese hombre.
Y eso la molestaba.
Porque ella no era el tipo de mujer que se impresionaba fácilmente.
Había conocido hombres arrogantes antes.
Hombres ricos.
Hombres atractivos.
Pero Adrián De Luca era diferente.
No era solo su apariencia.
Era la manera en que hablaba.
La forma en que observaba.
Como si cada palabra escondiera algo más peligroso debajo.
Valeria volvió a sentarse frente al computador intentando ignorar los pensamientos que le daban vueltas en la cabeza.
—Sobreviviste.
Levantó la mirada.
Gabriel sonreía desde el escritorio vecino mientras sostenía una taza de café.
—Apenas.
Él soltó una pequeña risa.
—Eso ya es bastante.
Valeria bajó la vista hacia la pantalla nuevamente.
—¿Siempre es así?
—¿Así cómo?
Ella dudó unos segundos.
—Intenso.
Gabriel soltó otra risa, esta vez más baja.
—No tienes idea.
Valeria mordió suavemente el interior de su mejilla.
No quería parecer curiosa.
Pero lo estaba.
Mucho.
—Todo el mundo aquí le tiene miedo.
—Porque es Adrián De Luca.
Como si eso explicara todo.
Gabriel dio un sorbo a su café antes de continuar.
—Ese hombre construyó este imperio prácticamente solo. Y aplastó a cualquiera que intentó ponerse en su camino.
Valeria frunció levemente el ceño.
—Eso suena exagerado.
—Ojalá lo fuera.
Ella levantó la mirada lentamente.
Gabriel parecía hablar en serio.
—¿Es peligroso?
Él observó alrededor antes de responder.
—Digamos que cuando Adrián quiere algo… lo consigue.
La frase quedó resonando en la mente de Valeria más tiempo del necesario.
Cuando Adrián quiere algo.
Lo consigue.
Inmediatamente recordó la manera en que la había mirado hacía unos minutos.
Ese pensamiento le provocó un pequeño escalofrío.
Valeria intentó volver al trabajo.
Pero era imposible concentrarse.
Sentía constantemente los ojos de Adrián sobre ella.
Aunque no estuviera cerca.
Aunque no lo estuviera viendo.
Era absurdo.
Sin embargo, cada vez que levantaba la vista hacia las oficinas de vidrio del fondo…
él estaba observándola.
Siempre.
Como si supiera exactamente cuándo mirarlo.
Como si estuviera esperándolo.
Eso comenzó a ponerla nerviosa de verdad.
A las seis de la tarde, la mayoría de empleados comenzó a abandonar el edificio.
Valeria masajeó lentamente su cuello cansado mientras revisaba unos documentos pendientes.
No quería cometer errores el primer día.
—¿Todavía aquí?
Levantó la vista rápidamente.
Adrián estaba frente a su escritorio.
No lo había escuchado acercarse.
Y eso la sobresaltó más de lo normal.
El traje oscuro seguía perfectamente acomodado sobre su cuerpo a pesar de la larga jornada.
Ni siquiera parecía cansado.
—Quería terminar esto primero.
Los ojos de Adrián bajaron hacia los documentos.
—Podrías hacerlo mañana.
—Prefiero avanzar hoy.
Él la observó en silencio unos segundos.
Después habló con tranquilidad.
—Los demás ya se fueron.
Valeria miró alrededor.
Era verdad.
El piso entero estaba vacío.
La sensación extraña en su pecho regresó de inmediato.
Adrián apoyó una mano sobre el escritorio de ella.
—¿Siempre intentas impresionar a tus jefes?
—Solo intento hacer bien mi trabajo.
—Interesante.
Su voz grave parecía todavía más intensa en el silencio de la oficina vacía.
Valeria intentó ignorar el perfume elegante que lo rodeaba.
O la manera en que estaba demasiado cerca otra vez.
—¿Qué tiene de interesante?
—La mayoría de personas aquí trabajan por miedo.
Sus ojos oscuros se clavaron lentamente en los de ella.
—Tú no pareces tenerme miedo todavía.
Otra vez esa palabra.
Miedo.
Como si él quisiera escucharla admitirlo.
Valeria sostuvo su mirada.
—Tal vez porque todavía no me ha dado razones suficientes.
Por un segundo, Adrián pareció sorprendido.
Después sonrió lentamente.
Y esa sonrisa fue incluso más peligrosa que su silencio.
—Eres valiente.
—No. Solo honesta.
—Eso puede convertirse en un problema aquí.
El corazón de Valeria volvió a acelerarse.
Porque había algo extraño en aquella conversación.
Algo que no parecía una conversación entre jefe y empleada.
Era más personal.
Más tenso.
Más íntimo.
Adrián tomó uno de los documentos sobre el escritorio, apenas mirándolo.
—¿Tienes familia aquí en la ciudad?
Valeria frunció el ceño.
—No mucha.
—¿Amigos?
—Algunos.
—¿Alguien esperándote en casa?
La pregunta llegó demasiado rápido.
Demasiado directa.
Ella levantó lentamente la mirada hacia él.
—¿Siempre interroga así a sus empleados?
Adrián inclinó apenas la cabeza.
—Solo a ti.
El aire pareció desaparecer otra vez.
Valeria no supo qué responder.
Porque lo peor era que él lo decía con absoluta naturalidad.
Como si no notara lo inquietante que resultaba.
O como si simplemente no le importara.
Adrián dejó el documento nuevamente sobre el escritorio.
Sus dedos rozaron accidentalmente la mano de Valeria.
El contacto fue mínimo.
Breve.
Pero suficiente para provocar un calor inesperado en su cuerpo.
Ella apartó la mano de inmediato.
Y Adrián lo notó.
Claro que lo notó.
Sus ojos descendieron lentamente hacia sus labios antes de volver a mirarla.
Ese pequeño gesto hizo que el corazón de Valeria golpeara todavía más fuerte.
Era absurdo.
Completamente absurdo.
Apenas lo conocía.
Entonces, ¿por qué sentía esa tensión insoportable cada vez que él se acercaba?
Adrián dio un paso más hacia ella.
Ahora la distancia entre ambos era prácticamente inexistente.
—Deberías ir a casa.
La voz grave salió más baja que antes.
Casi íntima.
Valeria tragó saliva.
—Sí… probablemente.
Pero no se movió.
Y él tampoco.
La lluvia golpeaba las ventanas detrás de ellos mientras el silencio se volvía cada vez más pesado.
Más peligroso.
Más difícil de ignorar.
Adrián observó lentamente su rostro.
Como si estuviera pensando algo.
Como si estuviera conteniéndose.
Después levantó una mano.
Y apartó suavemente un mechón húmedo de cabello del rostro de Valeria.
El cuerpo entero de ella se tensó.
El gesto fue lento.
Demasiado cuidadoso.
Demasiado personal.
—¿Qué está haciendo?
La pregunta salió en un susurro.
Adrián sostuvo su mirada unos segundos.
—Todavía no lo sé.
El corazón de Valeria se detuvo por un instante.
Porque la manera en que lo dijo…
sonó exactamente igual que una advertencia.