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El Arte De La Ausencia

El Arte De La Ausencia

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Venganza / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

El arte de la ausencia es la historia de Valentina, una arquitecta que descubre que su esposo y su hermana planean declararla loca para robarle su herencia. En lugar de derrumbarse, decide observar, reunir pruebas y construir una venganza silenciosa. Desde el engaño y la traición más profunda, Valentina se reinventa en una isla remota, transformando el dolor en libertad y su talento en un refugio para otras mujeres.

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CAPÍTULO 13: EL CARA A CARA

Nicolás volvió tres días después. Valentina lo supo porque escuchó el motor del coche en la entrada y el ruido de la puerta principal al abrirse. Estaba en su estudio, terminando de organizar los documentos para la compra de la isla, cuando los pasos de él resonaron en las escaleras.

No llamó a la puerta. La abrió directamente, sin permiso. Valentina levantó la mirada y lo vio allí, en el umbral, con el traje arrugado, la barba de varios días y los ojos inyectados en sangre. No parecía el político seguro de sí mismo. Parecía un hombre derrotado, un náufrago que había llegado a la orilla después de una tormenta.

—Hola —dijo Valentina, sin inmutarse.

Nicolás entró y cerró la puerta tras él. Se quedó de pie, apoyado contra la pared, como si las piernas le fallaran.

—No tengo nada —dijo—. Lo perdí todo. La campaña, los contactos, el dinero. La prensa me ha destruido.

—Tú te has destruido —respondió Valentina—. Yo solo te mostré el espejo.

Nicolás rió, pero era una risa amarga, vacía.

—¿Eso es lo que crees? ¿Que me has dado una lección?

—No creo nada —dijo Valentina—. Solo sé que ya no estoy a tu merced.

Él se apartó de la pared y dio unos pasos hacia el escritorio. Sus manos temblaban, y Valentina notó que las escondía en los bolsillos para disimularlo.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó—. Podrías haberme destruido sin hacerlo público. Podrías haberme dejado ir en silencio. Pero elegiste el escándalo. Elegiste humillarme.

—Porque querías humillarme a mí —respondió Valentina—. Porque planeaste declararme loca y encerrarme en una clínica. Porque usaste la muerte de mi hijo para manipularme. Porque durante quince años me hiciste creer que te importaba, cuando solo te importaba lo que podías sacar de mí.

Nicolás bajó la mirada. Por un momento, Valentina pensó que iba a disculparse. Pero sus palabras, cuando llegaron, no fueron una disculpa.

—¿Sabes qué es lo peor? —dijo—. Que en todo esto, nunca entendiste que te amaba.

Valentina sintió que el aire se congelaba en sus pulmones.

—¿Me amabas?

—Sí —dijo él—. A mi manera. Pero te amaba.

—¿Me amabas cuando planeabas encerrarme?

—No quería hacerte daño.

—¿Y cuando me mentiste sobre el bebé? —la voz de Valentina se quebró ligeramente, aunque ella se obligó a mantenerla firme—. ¿Cuando me hiciste creer que también habías perdido a un hijo que nunca fue tuyo?

Nicolás abrió la boca para responder, pero las palabras no salieron. Sus ojos se movían, buscando una salida, una coartada, una mentira que pudiera salvarlo.

—Eso fue... un error —dijo al fin.

—¿Un error? —repitió Valentina, y su voz era un filo—. Durante tres años me viste llorar por un hijo que nunca fue tuyo. Durante tres años me viste destrozada, y nunca me dijiste la verdad. Eso no es un error. Eso es crueldad.

Nicolás se dejó caer en la silla frente al escritorio. Su rostro estaba gris, como si la fuerza lo hubiera abandonado por completo.

—No sé qué más decirte —murmuró—. He perdido todo. Mi carrera, mi dinero, mi reputación. ¿Qué más quieres de mí?

Valentina lo observó durante un largo momento. No sentía compasión por él. No sentía odio. Sentía algo más frío, más definitivo: indiferencia.

—No quiero nada de ti —dijo—. Nunca quise nada. Solo quería que dejaras de lastimarme.

—¿Y ahora?

Valentina se levantó de la silla y fue hacia la ventana. Desde allí, podía ver el jardín, los árboles que ella y Nicolás habían plantado juntos años atrás. Todo parecía igual que entonces. Pero nada lo era.

—Ahora —dijo, sin volverse—, quiero que te vayas. Quiero que dejes esta casa. Quiero que me dejes vivir mi vida sin ti.

—¿A dónde voy a ir?

—No es mi problema.

Nicolás se levantó lentamente. Sus pasos se acercaron a ella, y Valentina sintió su presencia detrás, a centímetros de su espalda.

—¿Esperabas que pidiera perdón? —preguntó—. ¿Que me arrodillara y te suplicara que me dieras otra oportunidad?

—No espero nada de ti —respondió Valentina, girándose para enfrentarlo cara a cara—. Ya no.

Él la miró a los ojos, y en su mirada había una mezcla de rabia y tristeza que ella no sabía cómo interpretar.

—Te voy a extrañar —dijo al fin.

Valentina sintió un nudo en la garganta, pero no se permitió quebrarse.

—No me vas a extrañar a mí, Nicolás. Extrañarás lo que hacía por ti. Extrañarás tener a alguien a quien manipular. Pero a mí, a la persona que soy, nunca me has conocido.

Nicolás abrió la boca para responder, pero no dijo nada. Se quedó allí, en silencio, mirándola como si la viera por primera vez. Y en ese momento, Valentina supo que había ganado. No porque él se fuera a rendir, sino porque ella ya no necesitaba que él hiciera nada. Ya no necesitaba su disculpa. Ya no necesitaba su amor. Ya no necesitaba nada de él.

Se separaron en silencio. Nicolás bajó las escaleras sin mirar atrás, y Valentina lo escuchó caminar por el pasillo, abrir la puerta, cerrarla. Luego, el silencio.

Se quedó sola en el estudio, con las manos apoyadas sobre el escritorio y la respiración entrecortada. No era tristeza. Era algo más complejo: la sensación de que una parte de su vida había terminado para siempre. La sensación de que había cerrado un capítulo que no volvería a abrir.

Tomó el cuaderno secreto y escribió:

"Paso 12 completado. Nicolás se ha ido. No sé si volverá. No me importa. He dicho todo lo que tenía que decir. He sentido todo lo que tenía que sentir. Ahora solo queda el siguiente paso: Camila."

Luego cerró el cuaderno y lo guardó. No lloró. Ya no tenía lágrimas para él.

En su lugar, sintió algo que no esperaba: paz. Una paz profunda, como la que viene después de una tormenta, cuando el mar vuelve a estar en calma y solo queda el silencio y el horizonte.

Miró el plano del museo flotante, que seguía extendido sobre el escritorio, y sonrió. El museo ya no era solo un edificio. Era un símbolo. Un recordatorio de que ella podía construir algo hermoso incluso desde los escombros.

Y esa noche, mientras el sol se ponía sobre la ciudad y las luces se encendían en las ventanas de los edificios, Valentina soñó por primera vez con el mar.

No con la isla. Con el mar.

Con la libertad.

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Maria Elena Ortega
no es inseminación ❓🤭☺️🤣
Maria Elena Ortega
ella dice es su relato q por primera vez ella soño con el mar, pero en capítulo anteriores ella ya había soñado con el mar , ella se iba ese otro día para la isla y han pasado 3 días , incoherencias 🤭
Geraldina Zaldivar
Me tiene en suspenso, pero ya días no leía una historia tan buena.
Gabriela Arron
y que eran adivinas q llegaron a la isla las mujeres??🤭
Gabriela Arron
no sé iba a la esla al otro día?? y paso 3 días cuando el volvió....
Gabriela Arron
y porque él no ha hecho nada después que ella lo amenazó q sabía todo....
Gabriela Arron
cómo q el hijo no era de Nicolás? había sido por inseminación entonces...
Gabriela Arron
y que pasó en la cena?? si iba para allá...
Aracelis León García
buena la historia sin ta nto drama no fastidiosa
Aracelis León García
ajá el hijo no era de él la drogó y le metió un hombre en la cama o inciminación artificial
Aracelis León García
jamás desempacar a alguien estando sola o solo porque te pueden matar
Gabriela Arron: pensé q era otro el plan ... no exponerlo así!!
total 1 replies
Gabriela Arron
porque no reviso el cajón cuando el no estaba....
Maris Benitez
Interesante comienzo 👏👏👏
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