Durante siglos, los clanes de los vampiros y de los hombres lobo han vivido consumidos por el odio.
Todos creen que el antiguo rey de los vampiros @s3s1nø a la esposa del Alfa durante una Noche de Luna Roja. Como venganza, el Alfa m@tø a la reina vampira un día después del nacimiento de su hija, Aylin.
Lo que nadie sabe es que aquella mu3rt3 fue una mentira.
La esposa del Alfa fingió su fallecimiento para escapar con el lobo del que realmente estaba enamorada, dejando atrás a un cachorro recién nacido
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UN AROMA QUE NO DESAPARESE
Habían pasado varios días desde la primera transformación de Lev.
La fortaleza seguía envuelta en un profundo silencio.
Las risas que alguna vez llenaron los pasillos habían desaparecido.
Los guerreros hablaban en voz baja.
Las sirvientas caminaban con cuidado para no despertar al pequeño heredero.
Y el Alfa Kael...
Seguía sin acostumbrarse a la ausencia de Selene.
Aquella mañana, los primeros rayos del sol apenas iluminaban las montañas cuando Lev abrió lentamente sus ojos dorados.
El pequeño bostezó.
Parpadeó un par de veces.
Después giró la cabeza hacia el lugar donde había dormido su padre.
Kael seguía sentado en el enorme sillón junto a la cama.
Se había quedado dormido vigilando a su hijo.
Lev sonrió.
Bajó con torpeza de la cama.
Sus pequeñas piernas todavía eran inestables.
Cada paso era un nuevo descubrimiento.
—Papá... —balbuceó con una vocecita apenas audible.
Kael abrió los ojos de inmediato.
Al verlo de pie, sonrió con ternura.
—Buenos días, pequeño.
Lo tomó entre sus brazos.
Lev apoyó la cabeza sobre el pecho de su padre.
Pero solo permaneció así unos segundos.
Después levantó nuevamente la cabeza.
Comenzó a olfatear el aire.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
Sus pequeñas orejas invisibles ya no estaban, pero su extraordinario olfato seguía siendo el de un lobo.
Y entonces...
Reconoció un aroma.
Los ojos del pequeño brillaron.
Sin esperar a que Kael reaccionara, comenzó a señalar hacia el pasillo.
—Mamá...
Kael sintió un fuerte nudo en la garganta.
Conocía perfectamente ese lugar.
La antigua habitación de Selene.
A pesar de haber pasado varios días, el aroma de la Luna seguía impregnado entre las mantas, las cortinas y las almohadas.
El Alfa respiró profundamente.
—¿Quieres ir?
Lev asintió con entusiasmo.
Kael lo llevó hasta aquella puerta.
Al abrirla, un delicado perfume llenó el ambiente.
Era la esencia natural de Selene.
Su aroma aún permanecía allí.
Lev sonrió de inmediato.
Estiró los brazos.
Kael lo dejó en el suelo.
El pequeño caminó despacio por la habitación.
Tocó una silla.
Después una manta.
Finalmente llegó hasta la cama.
Se abrazó a una de las almohadas.
Cerró los ojos.
Respiró profundamente.
Y, por primera vez en muchos días...
Pareció completamente tranquilo.
Kael observó la escena en silencio.
Las lágrimas amenazaban con escapar nuevamente.
—Todavía puede sentirte...
Susurró mirando la habitación vacía.
—Todavía te está buscando...
...
Los días comenzaron a repetirse.
Cada mañana...
Lev caminaba hasta la habitación de su madre.
Permanecía allí largos ratos abrazando las almohadas que aún conservaban su esencia.
Solo entonces conseguía dormir una pequeña siesta.
Aquello preocupó a todo el consejo.
Una anciana omega habló durante una reunión.
—Alfa...
El pequeño necesita una figura materna.
Kael bajó la mirada.
—Lo sé.
—Podríamos pedir que algunas omegas del clan lo cuiden.
Quizá así deje de buscar a Selene.
El Alfa permaneció en silencio unos segundos.
Finalmente aceptó.
—Háganlo.
Solo quiero que mi hijo vuelva a sonreír.
...
Aquella tarde llegó la primera omega.
Era una mujer amable de cabello castaño.
Entró despacio en la habitación donde Lev jugaba con un pequeño lobo de madera.
Se arrodilló frente a él.
—Hola, pequeño...
Lev levantó la vista.
La observó durante unos segundos.
Ella le sonrió con dulzura.
—¿Quieres que juegue contigo?
El niño inclinó ligeramente la cabeza.
Después...
Olfateó el aire.
Una vez.
Dos.
Tres.
Su expresión cambió.
Frunció el ceño.
Retrocedió un paso.
Aquella no era la esencia que buscaba.
No era el aroma que había quedado impregnado en la habitación de Selene.
No era su madre.
La omega extendió los brazos con cariño.
—Ven...
Lev negó rápidamente con la cabeza.
Retrocedió otro paso.
Luego dio media vuelta.
Y corrió directamente hacia la habitación de Selene.
La mujer suspiró.
—Lo siento...
No pude hacer nada.
...
Durante los días siguientes lo intentaron varias omegas más.
Todas eran amables.
Todas deseaban cuidar al heredero.
Pero el resultado siempre era el mismo.
Lev las olfateaba apenas se acercaban.
Y, al descubrir que ninguna tenía la esencia de su madre...
Simplemente se alejaba.
No lloraba.
No se enfadaba.
Solo las evitaba.
Como si su instinto le dijera claramente:
"Ella no es mi mamá."
La anciana curandera suspiró con tristeza.
—Los cachorros de lobo nunca se equivocan.
Reconocen la esencia de su madre desde el momento en que nacen.
Y cuando la pierden...
Ninguna otra loba puede ocupar ese lugar.
Kael observó a su pequeño hijo dormido abrazando una manta que aún conservaba el aroma de Selene.
Le acarició el cabello con inmensa ternura.
—No te preocupes, Lev...
Aunque no pueda reemplazar a tu mamá...
Nunca permitiré que vuelvas a sentirte solo.
El pequeño, todavía dormido, tomó con su manita uno de los dedos de su padre.
Y, por primera vez desde aquella trágica noche...
Kael sintió que, pese al dolor, aún tenía una razón para seguir adelante.