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Placer Oscuro.

Placer Oscuro.

Status: En proceso
Genre:CEO / Enfermizo / Amor prohibido
Popularitas:29.9k
Nilai: 5
nombre de autor: maucris

Laura ya nos entregó su alma y el eco de sus suspiros, pero Él seguía siendo un enigma. Envuelto en un silencio peligroso, Adrián guardaba deseos y secretos que nadie logró desvendar... hasta hoy.
​Ha llegado el momento de cruzar la línea. En esta entrega, nos sumergiremos en sus abismos más profundos para entender la intensidad de sus impulsos y la verdad tras su frialdad. Tres años después, la piel no ha olvidado y el destino los obliga a colisionar de nuevo.
​¿Fue lo suyo una pasión inquebrantable o solo un placer oscuro que se consumió hasta hacerse cenizas? El fuego está a punto de reavivarse.
​Déjate seducir por su verdad. Las invito a leerla de inmediato.

NovelToon tiene autorización de maucris para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: Tinta sobre la Hoja en Blanco.

El despacho a las diez de la mañana era un santuario de orden, pero el aire todavía conservaba ese aroma a noche prohibida, a la piel de Laura bajo las luces de neón del club.

Me acomodé en mi sillón, observando la puerta de roble. Sabía que ella estaba fuera, temblando tras su café negro y con sus anteojos de intelectual, tratando de procesar que el mundo que conocía se había desmoronado.

​Pero la lección no había terminado. Necesitaba quebrar ese orgullo que aún la mantenía erguida.

​—Adentro. Tú y Claudia. Ahora —ordené por el intercomunicador.

​Cuando entraron, el contraste era exquisito. Claudia, la veterana, exudaba una confianza depredadora. Laura, en cambio, era un manojo de nervios contenidos.

​—Laura, hoy tengo una lección pendiente para ti —dije, dejando que mi voz vibrara en la estancia. Ella me miraba con una mezcla de miedo y una fascinación que apenas lograba ocultar.

​Decidí que la mejor forma de enseñarle su lugar era usándola como espectadora de su propia carencia. Atraqué a Claudia por la cintura, sintiendo su sumisión inmediata. Ella no dudó; conocía el ritmo, conocía la jerarquía.

​—Quédate donde estás, Laura. No cierres los ojos.

​Empujé a Claudia contra el ventanal, exponiéndola ante la ciudad y, sobre todo, ante los ojos de Laura. La mirada de Claudia era un desafío directo hacia la novata mientras sus manos, expertas y rápidas, liberaban mi virilidad del pantalón. No había espacio para la ternura, solo para el poder crudo.

​La poseí con una fuerza deliberada, sintiendo el cristal frío chocar contra la espalda de Claudia y el calor asfixiante de su cuerpo recibiéndome. Pero mis ojos... mis ojos nunca dejaron a Laura.

​Cada embestida, cada golpe seco de mis caderas contra las de Claudia, era un mensaje para la mujer que permanecía inmóvil junto a la puerta. Quería que escuchara el sonido de la carne, que viera cómo mis dedos se hundían en los muslos de Claudia, marcando el territorio que ella tanto deseaba y temía ocupar.

​Claudia gemía, entregada a esa coreografía de mando, pero para mí, ella era solo el instrumento. El verdadero acto erótico estaba ocurriendo en el silencio de Laura, en la forma en que sus uñas se clavaban en sus manos y cómo su respiración se volvía errática. Estaba profanando su mente a través del cuerpo de otra.

​Sentí el clímax llegar, una explosión de control absoluto. Me retiré con lentitud, saboreando el silencio violento que siguió. Claudia, eficiente como siempre, se arregló la falda en segundos. Su mirada de triunfo hacia Laura fue el toque final.

​—Vete, Claudia. Tengo trabajo que revisar con Laura.

​Cuando la puerta se cerró, el despacho quedó cargado de una tensión eléctrica. Me serví agua, observándola. Seguía allí, pálida, con la rabia ardiendo tras sus cristales empañados.

​—¿Qué has aprendido hoy, Laura? —pregunté, casi con ternura.

​—He aprendido que usted no tiene límites —susurró.

​Me levanté y caminé hacia ella. El calor de mi sexo todavía pulsaba, y el aroma de Claudia me seguía. Me acerqué tanto que pude sentir el temblor de sus rodillas. Le ajusté los anteojos con delicadeza, una caricia que sabía que le quemaba más que un golpe.

​—Has aprendido que la envidia es una forma de lealtad —le dije al oído, notando cómo su piel se erizaba—. Te ha dolido no ser tú la que estaba contra ese cristal.

​Abrí el cajón y le entregué el paño.

​—Limpia el ventanal. Y hazlo mientras yo termino de leer estos informes. Quiero que cada vez que pases el paño, recuerdes lo que viste.

​La vi caminar hacia el vidrio, pequeña, quebrada, pero encendida por un fuego que ella misma no quería admitir.

​Cada movimiento de su mano era una confesión: me odiaba, pero me necesitaba. Y eso era mucho más excitante que cualquier acto físico.

......................

Días después...

El silencio en el despacho era absoluto, una atmósfera densa que yo mismo había cargado de electricidad. La veía allí, de pie con la taza de café temblando en sus manos, intentando mantener esa máscara de eficiencia que yo estaba a punto de pulverizar. Cuando sus dedos rozaron el mármol, supe que el tiempo de las palabras había terminado.

​La atrapé por la muñeca con una fuerza que no admitía réplica. La gota de café derramado sobre la mesa fue el inicio del caos.

​—Mírame, Laura —le ordené, dejando que mi voz vibrara desde lo más profundo de mi pecho.

​Quería que viera al hombre que la había estado cazando mentalmente durante semanas. Llevé mi mano a su cuello, sintiendo el galope desenfrenado de su pulso bajo mi pulgar. Estaba aterrada, pero su piel ardía bajo mi tacto, una contradicción deliciosa que me incitaba a más.

​—Tu cuerpo es un traidor —susurré, deleitándome con el escalofrío que recorrió su espalda.

​Sin esfuerzo, la alcé y la senté sobre el escritorio de cristal. El contraste del vidrio helado contra sus muslos y el calor de mis manos abriéndole paso entre las piernas fue el detonante. Me posicioné en su centro, sintiendo cómo sus muslos rodeaban mi cintura en un gesto instintivo de supervivencia y deseo. Cuando lanzó ese ruego —“Adrián...”—, supe que la hoja en blanco finalmente se había empapado de mi tinta.

​Arrojé sus anteojos a la alfombra. No quería barreras. Quería que sus ojos borrosos solo pudieran enfocarse en mi dominio. Hundí mis dedos en sus caderas, marcando la carne con una posesividad que la hizo arquearse hacia mí, buscando el contacto que le había negado.

​—¿Quieres que firme mi nombre en cada centímetro de tu piel? —le pregunté, rozando sus labios con los míos.

​No hubo respuesta verbal, solo la colisión. El beso fue una guerra. Saboreé su desesperación, su lengua buscándome con una urgencia que casi me hace perder mi propio control.

Sus manos en mi cabello, tirando de mí, me confirmaron que ya no había vuelta atrás: era mía de mente y cuerpo.

​Bajé mi mano por la seda de su piel, recorriendo la cara interna de su muslo hasta llegar al límite de su lencería. Estaba húmeda, vibrando, lista para ser reclamada allí mismo sobre los contratos de la empresa. Sentí su jadeo de entrega absoluta contra mi boca. Podría haberla tomado, podría haber terminado con la agonía de ambos en ese instante.

​Pero el poder absoluto no se trata de la consumación, sino de la espera.

​Me aparté con una brusquedad calculada. Saboreé el sonido de su respiración rota, el contraste de su desorden frente a mi renovada compostura. Me ajusté la corbata con una calma insultante mientras ella permanecía allí, expuesta y temblorosa sobre el cristal.

​—Es suficiente por hoy —dije, inyectando acero en mi voz—. Vete a casa, Laura.

​Verla desmoronarse, confundida y humillada por el deseo interrumpido, fue más excitante que cualquier clímax. La había llevado al borde, le había mostrado el incendio y luego la había dejado en el frío. Ahora, el vacío en su vientre trabajaría por mí toda la noche. Se iría a casa con mi sabor en los labios y la frustración quemándole las entrañas.

​—El resto... el resto tendrás que ganártelo —sentencié sin mirarla.

​Escuché cómo recogía sus anteojos y cómo sus pasos erráticos se alejaban hacia la puerta. Antes de que saliera, le di el toque de gracia, la imagen que la perseguiría hasta el amanecer.

​—Mañana a las ocho. Y Laura... no olvides ponerte el labial borgoña. Me gusta cómo se ve cuando intentas no gritar.

​Cuando la puerta se cerró, me serví un whisky, sintiendo todavía el calor de su cuerpo en mis manos. Había ganado. Mañana no vendría una asistente; vendría una mujer dispuesta a todo por recuperar el fuego que yo acababa de apagar.

​💕Queridas lectoras... Por favor den me gusta cuando terminen de leer un capítulo.💕

1
victor hernandez
Que comienze la guerra real no más Benjamin ni isabela es hora de que triunfe el amor y la pasión
victor hernandez
Tres años pars admitir tanto amor
Nancy RoMo
Isabella no piensa dejarlo en paz 😬
MINNY@24💕
maravilloso capítulo ya lo necesitaban los dos , entregarse mutuamente para seguir viviendo 🥰🥰🥰🥰🥰 ahhh
Milcaris
Debe contarle a Laura lo que está pasando. Ella puede que vea una grieta que Leticia y Adrián no ven y usarla en contra de Isabella.
Yura Ran: ya es hora que Laura este enterada de la situación que vive Adrian hon su hijo y así podram estar claros en sus sentimientos
total 1 replies
Milcaris
Prioridades y cuando llegue el momento Laura lo va a entender.
Milcaris
No pierdas tiempo búscala y empieza hablando con la verdad.
Milcaris
Laura no sabe todo lo que a pasado en tu vida para ella sigues siendo el empresario casado que se mantiene firme por su familia.
Milcaris
El que se creyó que todo comenzaba hacer un cuento de hadas fuiste tú.
Milcaris
Cuando hay amor la entrega es total y no existe excusas. Está vez Laura se dejó hacer el amor de manera sutil y solo hubo aceptación ante ello.
Kim Nava
increíble todo esto pero necesitan ablar aclarar las cosas también
por que con esto y sin cuidarse traerá consecuencias 🤔😁
Kim Nava
estallaron 🤌
Yura Ran
lo máximo 🥰👌👏
Nancy RoMo
fuego puro, q llamen a los bomberos 🥵🧑‍🚒
victor hernandez
De infarto estos capítulos eres tremenda nos pusiste al límite
Milcaris
Fueron tres años de espera, no se puede esperar menos por parte de ambos 🥰
Milcaris
Ooooh ❤️‍🔥😈💥
Milcaris
Los celos la dominaron y tenía que ver si se iban juntos.
Milcaris
Queeeee!!! la va a esperar, seguir, llevársela. Que vas hacer Adrián? 🫣🫣
Milcaris
Amor, deseo, celos, dolor y rabia que los consume por dentro a ambos.
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