Su primer destino fue servir a la corona. murió por ello. Ahora, con su segunda oportunidad, Auren cumplirá su sueño y conocerá lo que es el amor
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Capitulo 13
Auren cerró lentamente la libreta.
Durante varios segundos el taller quedó completamente en silencio.
El aire parecía haberse vuelto pesado.
Las palabras del principe Arian seguían resonando dentro de su cabeza con una fuerza inesperada.
Su prometida.
Su amante.
Su diversión.
Todo era exactamente igual.
No había cambiado.
Ni un poco.
Durante años creyó que el tiempo había apagado el dolor de aquella vida. Se había convencido de que los recuerdos solo eran parte de un pasado lejano, pero bastó escuchar la tranquilidad con la que hablaba de humillar a otra mujer para que algo se rompiera dentro de ella.
Sintió una cólera que jamás había experimentado.
No era miedo.
No era tristeza.
Era la indignación de comprender que aquel hombre seguía creyéndose dueño de la vida de los demás.
Respiró una vez.
Después otra.
Cuando volvió a levantar la mirada, sus ojos ya no reflejaban ninguna vacilación.
Arian seguía esperando una respuesta.
—¿Entonces?
Auren habló con una serenidad que sorprendió incluso a ella misma.
—No aceptaré este trabajo.
El silencio fue absoluto.
Greta abrió los ojos con sorpresa.
Las aprendices dejaron de moverse.
Incluso los guardias parecieron pensar que habían escuchado mal.
Arian tardó unos segundos en reaccionar.
—¿Qué acabas de decir?
—No confeccionaré su traje.
El príncipe soltó una pequeña risa.
No era una risa divertida.
Era la reacción de alguien convencido de que la otra persona terminaría corrigiéndose.
—Supongo que no entendiste quién soy.
Auren sostuvo su mirada.
—La entendí perfectamente.
—Entonces vuelve a pensarlo.
Ella negó con calma.
—Mi respuesta seguirá siendo la misma.
El ambiente comenzó a tensarse.
Uno de los guardias dio un paso adelante.
—Estás hablando con el príncipe heredero.
Auren ni siquiera apartó la vista de Arian.
—Lo sé.
Arian entrecerró ligeramente los ojos.
Ya no sonreía.
Estaba acostumbrado a recibir negativas de algunos nobles cuando discutían asuntos políticos.
Jamás de una plebeya.
Mucho menos dentro de una tienda.
—Quiero una explicación.
Auren respiró lentamente.
Había imaginado muchas veces qué haría si algún día volvía a encontrarlo.
Nunca creyó que ese momento llegaría realmente.
Ahora estaba allí.
Y no pensaba retroceder.
—Mi taller tiene derecho a elegir los trabajos que acepta.
Él respondió con un tono cada vez más frío.
—No te pregunté eso. Quiero saber por qué me rechazas.
Auren permaneció unos segundos en silencio.
Podía inventar cualquier excusa.
Decir que estaba ocupada.
Que no tenía tiempo.
Que el calendario estaba completo.
Sería lo más sencillo.
Pero ya había pasado una vida entera ocultando lo que realmente pensaba.
No volvería a hacerlo.
Lo miró directamente a los ojos.
—Porque no deseo trabajar para usted.
Greta sintió que el corazón le daba un vuelco.
Nunca había escuchado a nadie hablarle así al heredero del reino.
Él tampoco parecía creerlo.
—¿Solo por eso?
—Es suficiente.
El príncipe dio un paso hacia el mostrador.
—¿Sabes cuánto dinero estoy dispuesto a pagar?
—No me interesa.
—Podría convertir esta tienda en la más rica del reino.
—No necesito ese dinero.
Aquella respuesta terminó de borrar cualquier rastro de paciencia del rostro del principe.
Su orgullo acababa de recibir un golpe que jamás imaginó.
Durante toda su vida las personas habían competido por obtener su favor.
Habían buscado su atención.
Habían aceptado cualquier condición con tal de trabajar para él.
La mujer frente a él acababa de rechazarlo sin siquiera dudar.
—Empiezas a irritarme.
Auren sostuvo la misma expresión tranquila.
—Lo lamento.
—No, no lo lamentas.
—Tiene razón. No lo lamento.
Las aprendices comenzaron a intercambiar miradas nerviosas.
Greta permanecía inmóvil.
Conocía a Auren desde hacía diez años.
Sabía reconocer cuándo hablaba completamente en serio.
Y aquella era una de esas ocasiones.
Arian apoyó ambas manos sobre el mostrador.
—Escúchame bien. Nunca he obligado a nadie a confeccionar una prenda para mí. Porque jamás ha sido necesario. La gente entiende cuál es su lugar.
Auren respondió sin alterar el tono de voz.
—Entonces hoy será una experiencia nueva para ambos.
Uno de los guardias dio otro paso.
—¡Mide tus palabras!
Ella giró apenas la cabeza.
—Estoy hablando con respeto. No levantaré la voz. Pero tampoco cambiaré mi decisión.
Arian continuó observándola fijamente.
Había algo extraño en aquella mujer.
No era únicamente su cabello.
Era su manera de hablarle.
No encontraba miedo.
Ni nervios.
Ni esa necesidad de agradarlo que veía en casi todas las personas.
Aquella tranquilidad comenzó a resultarle irritante.
—¿Crees que puedes desafiarme porque tienes una tienda famosa?
Auren respondió inmediatamente.
—No estoy desafiándolo. Solo estoy ejerciendo mi derecho a decidir con quién trabajo.
—Ese derecho desaparece cuando hablas con el heredero del reino.
Ella negó despacio.
—Mientras este taller me pertenezca, nadie elegirá por mí.
El silencio volvió a extenderse.
Greta sintió un enorme orgullo al escuchar aquellas palabras.
Arian, en cambio, sintió algo muy distinto.
Su orgullo acababa de ser herido.
Y no estaba acostumbrado a soportarlo.
—Oh, ya veo.
Su voz sonó mucho más fría.
—Jamás pensé que una simple plebeya tendría semejante arrogancia.
Auren sostuvo su mirada.
—Si defender mi trabajo le parece arrogancia, aceptaré esa opinión.
—Tú...
Él apretó ligeramente la mandíbula.
Después dejó escapar una sonrisa que no transmitía amabilidad.
—Empiezo a comprender por qué hablan tanto de este lugar.
Ella no respondió.
El príncipe continuó.
—Es una lástima. Pensé recompensar tu talento. Ahora solo veo una mujer incapaz de reconocer la oportunidad que tiene delante.
Auren respondió con absoluta serenidad.
—Mi oportunidad comenzó hace muchos años, cuando construí esta tienda junto a las personas que trabajan aquí. No empezó hoy.
Aquellas palabras dejaron completamente desconcertado a Arian.
Era evidente que el dinero no podía convencerla.
Tampoco su posición.
Ni sus amenazas veladas.
Por primera vez en mucho tiempo encontraba a alguien que parecía inmune a todo aquello que normalmente utilizaba para conseguir lo que quería.
Respiró profundamente.
Cuando volvió a hablar, su voz resultó mucho más peligrosa.
—Espero que hayas pensado bien esta decisión. Porque podrías arrepentirte.
Auren dio un paso al frente.
La distancia entre ambos era ahora mínima.
—Viví demasiados años arrepintiéndome de guardar silencio. Ya no pienso hacerlo.
Arian sintió una extraña sensación al escuchar aquella frase.
No entendía por qué.
Aquellas palabras despertaban una incomodidad difícil de explicar.
Como si escondieran algo que escapaba a su comprensión.
La observó durante unos segundos más.
Después tomó lentamente la bolsa de oro que seguía sobre el mostrador.
—Muy bien. Si ese es tu deseo, no insistiré.
Su expresión, sin embargo, decía exactamente lo contrario.
Se giró hacia la puerta.
Antes de salir volvió a detenerse.
Sin mirar atrás, habló con un tono completamente sereno.
—Recuerda este momento.
Auren no respondió.
—Porque llegará el día en que vendrás a buscarme. Y cuando ocurra...
Giró apenas el rostro.
—Seré yo quien decida si vale la pena escucharte.
La campana sonó cuando la puerta volvió a abrirse.
Los guardias abandonaron el taller detrás de él.
Solo cuando desaparecieron por completo de la calle, el silencio terminó rompiéndose.
Una de las aprendices dejó escapar todo el aire que llevaba conteniendo.
—Pensé que nos arrestaría.
Greta caminó inmediatamente hacia Auren.
—¿Estás bien?
Ella tardó unos segundos en responder.
—Sí.
—No parecías tú.
Auren bajó lentamente la mirada hacia sus propias manos.
Todavía temblaban apenas.
No de miedo.
De la intensidad de las emociones que había contenido durante tantos años.
Respiró hondo.
Después levantó nuevamente la cabeza.
Su voz recuperó la calma de siempre.
—Volvamos al trabajo.
Las costureras intercambiaron miradas antes de regresar lentamente a sus mesas.
El taller recuperó poco a poco el sonido de las agujas y las tijeras.