Lucia despierta después de una noche de borrachera, dándose cuenta que estaba en la casa de su jefe, Mateo Alcázar, y que había pasado una noche de pasión.
Mateo, a consecuencia de esto, promete hacerse responsable, pero Lucía lo rechaza. Aunque eso no significa que sea el final, ya qué, con la presencia de su ex novio, quien intenta agredirla, Lucía finalmente acepta el matrimonio con Mateo, iniciando así, una relación en donde no existe amor, pero hay una evidente atracción entre ambos.
¿Podrá prosperas el amor, en este matrimonio que empezó como una necesidad de protección?
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Capítulo 4
A la salida, Bruno esperaba abajo con flores.
Lucía lo vio desde la ventana del piso veintiocho. La sonrisa prolija de siempre, un ramo en la mano y esa paciencia de tipo que cree que lo perdonan porque sabe decir "amor" con buena voz.
Bruno no era un funcionario importante. Tenía un cargo menor en una oficina pública porque su padre había movido contactos. Su familia tenía una de las concesionarias más grandes de la ciudad y prefería a Valentina: los padres de ella también estaban ligados a la política y una unión entre familias prometía negocios.
Por eso Bruno y Valentina se escondían.
Por eso Lucía los dejaba esconderse.
El celu sonó.
—Ya bajo, amor —dijo ella, mirando el ascensor—. El jefe es un vampiro. Nos exprime hasta la última gota.
La puerta del ascensor ya estaba abierta.
Adentro estaban Mateo y Simón.
Simón sostenía la puerta con la mano. La cara, imposible disimularla: estaba disfrutando.
Lucía cortó.
—Señor Alcázar.
—Lucía.
Entró con una sonrisa dura y se pegó al costado.
—¿Vas a una cita? —preguntó Mateo.
—Voy a llevar a un amigo al crematorio.
—¿Necesitás ayuda?
—Todavía no.
Simón bajó la vista. Él sabía. Lo de Bruno no era secreto entre los tres desde el evento de moda del feriado, cuando Lucía había visto a Bruno y Valentina juntos en plena calle. Mateo y Simón también los habían visto, y desde entonces la historia se había vuelto un tema incómodo que ninguno decía completo.
En el piso dieciocho subió un grupo de marketing. El ascensor se llenó. Lucía quedó apretada contra Mateo y alguien pidió más espacio.
Mateo le rodeó la cintura con una mano y la acercó a su lado para que no la empujaran. Fue rápido, limpio. La soltó enseguida.
Pero a Lucía le quedó el calor de la mano sobre la ropa.
Al llegar a planta baja, oyó a dos chicas de marketing comentar:
—¿Viste las marcas en el cuello del jefe?
—Dicen que desayunó con alguien en presidencia.
Lucía miró al frente como si el mármol del hall fuera interesantísimo.
Bruno seguía en la puerta.
Ella dio un paso para salir y volvió a meterse.
—Me olvidé algo arriba.
Simón sonrió.
—¿Algo o alguien?
—Tu sentido de supervivencia, si seguís.
Mateo la miró sin decir nada.
Lucía subió de nuevo al piso veintiocho. No iba a bajar a cenar con Bruno. No esa noche. Había plantado la semilla con Valentina; ahora quería que ellos se desesperaran un poco.
Se sentó en su puesto, puso música y abrió los bocetos. Bruno llamó varias veces. No atendió. Después apagó el celu y fue a prepararse café.
—Sufrí, maestro de los horarios —murmuró.
A las diez y media cerró la notebook. El dibujo había quedado mejor de lo esperado. Entonces vio el aviso del grupo:
Mantenimiento: Ascensores fuera de servicio hasta mañana 8:00.
—No me jodan.
Sacó una foto de las puertas apagadas y subió una historia:
"Reina atrapada en torre corporativa. Se aceptan rescates."
Después fue a la escalera de emergencia.
El hueco estaba oscuro. Demasiado oscuro.
Bajó dos escalones y el celu sonó. Se asustó, se le resbaló de la mano y cayó por el hueco de la escalera. El ruido rebotó contra el concreto.
—Genial.
Bajó a buscarlo. La pantalla estaba negra.
Entonces se encendió la luz del piso de arriba.
Pasos.
Zapatos de hombre.
—¿Quién está ahí?
La figura apareció en el descanso. Alta, oscura, recortada por la luz.
—Yo. El vampiro jefe.
Lucía soltó el aire.
—¿Qué hacés acá?
—Los vampiros trabajan de noche.
Ella apoyó la espalda contra la pared.
—Ja. Me muero de risa.
—La planta baja está cerrada. No vas a salir por ahí.
—¿Y tu propuesta?
—Café arriba. O veintiocho pisos a oscuras.
Lucía miró hacia abajo.
El agujero negro de la escalera no parecía negociable.
—Café —dijo.
Mateo subió sin esperarla. Ella lo siguió, todavía con el celu muerto en la mano.
El piso treinta también tenía puerta con control. Hasta la escalera de emergencia parecía obedecerle.
Lucía pensó que ese hombre era insoportable.
Y, esa noche, bastante oportuno.
metiche la envidia ella siempre odiaba a Lucia por qué se casó con Mateo 😂😂😂💕