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Los gemelos del CEO intocable

Los gemelos del CEO intocable

Status: Terminada
Genre:CEO / Madre soltera / Doctor / Embarazo no planeado / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:318.4k
Nilai: 4.6
nombre de autor: Ruby_Blair

Seis años atrás, Luz Acosta fue traicionada por su propia familia, acusada de una vergüenza que no pudo explicar y echada de la casa como si nunca hubiera llevado su sangre.

Ahora volvió a Buenos Aires con dos hijos, una identidad que todos buscan y una sola idea clara: nadie va a volver a usarla.

Pero apenas pisa la ciudad, Ciro desaparece unos minutos y regresa con un hombre que no debería cruzarse en su camino: Bruno Ferrer, dueño de un imperio, frío hasta la crueldad y famoso por no dejar que ninguna mujer se le acerque.

Tina, en cambio, lo mira una vez y decide que ese hombre tiene que ser su papá.

Luz no quiere saber nada con Bruno. Bruno está convencido de que ella se le acercó con segundas intenciones. Y mientras los Acosta intentan volver a encerrarla en el papel de hija descartable, un secreto de aquella noche de hace seis años empieza a salir a la luz.

Dos hijos. Una traición vieja. Un padre que no sabe que lo es.

Y una mujer que esta vez no piensa bajar la cabeza.

NovelToon tiene autorización de Ruby_Blair para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Capítulo 11

Luz volvió a casa y se metió directo en la cocina.

Preparó todo lo que Tina y Ciro amaban. Carne tierna, verduras salteadas, pollo dorado, una sopa suave. Hacía días que quería darles una cena como correspondía.

En el sillón, los dos chicos miraban cada pocos minutos hacia la puerta.

Ciro tiró de la manga de Tina y levantó su libreta.

¿De verdad va a venir Bruno?

—Dijo que sí —respondió Tina, aunque volvió a mirar la puerta con menos seguridad—. O sea... debería.

Luz llevó el último plato a la mesa.

—A comer.

Tina y Ciro se miraron. Nada. Ni timbre ni pasos.

Caminaron hacia el comedor con una tristeza pequeña, difícil de ocultar.

Luz les puso un muslo de pollo a cada uno.

—Esto es lo que más les gusta.

Tina, que normalmente ya estaría comiendo como si no hubiera mañana, ni tocó el plato.

—Mami, capaz...

El timbre sonó.

Tina saltó de la silla.

—¡Yo abro!

Ciro levantó la cabeza. Los ojos le brillaron.

Al abrir la puerta, Bruno Ferrer estaba ahí.

—Bruno, viniste.

Tina sonrió como si el mundo hubiera vuelto a su lugar.

Ciro también se levantó y fue hacia él.

Luz se quedó quieta.

¿Bruno?

¿Qué hacía en su casa?

—Sabíamos que ibas a venir —dijo Tina.

Bruno miró la alegría de los chicos.

Algo se le aflojó en un rincón del pecho.

Si no hubiera ido, ¿habrían esperado así? ¿Se habrían decepcionado?

Por alguna razón, le alivió haber llegado.

—Señor Ferrer —dijo Luz—. ¿Necesita algo?

La cara confundida de ella le encendió otra vez la sospecha.

—Señorita Acosta, cada vez maneja mejor eso de hacerse la difícil.

Luz casi se rió de la rabia.

Ese hombre no solo tenía alergia al contacto. También tenía una enfermedad de ego.

Había venido sin invitación directa de ella y encima la acusaba de seducirlo.

Tina sintió la tensión y se apuró.

—Bruno, sentate. Mami cocinó un montón para agradecerte. Tenés que comer mucho.

Mientras hablaba, le servía comida.

Luz miró a sus hijos.

Los dos desviaron la vista.

Ahí entendió todo.

La compra rara. La cena enorme. La espera.

Había sido idea de ellos.

No podía echar a Bruno delante de los chicos. Además, él había salvado a Ciro y se había lastimado.

Esa cena sería el agradecimiento. Después, cada uno por su lado.

Bruno probó la comida.

Se quedó un segundo en silencio.

No esperaba que Luz cocinara así.

—Bruno, ¿podés comer langostinos? —preguntó Tina, levantando uno con el tenedor.

—No. Soy alérgico.

—¿También? Ciro tampoco puede comer. Se llena de granitos. Pero le encanta el pescado. ¿A vos te gusta?

Bruno miró a Ciro.

Demasiada coincidencia.

Él también era alérgico al camarón. También prefería el pescado.

Tina se emocionó.

—Tenemos un montón en común. Yo me parezco a vos y Ciro come como vos. Cualquiera pensaría que sos nuestro papi.

La palabra golpeó a Bruno.

También a Ciro.

—Tina, no digas pavadas —la cortó Luz.

La nena ladeó la cabeza.

—Pero, mami, vos tampoco sabés quién es nuestro papi. Capaz es Bruno.

Luz se atragantó.

Ciro le alcanzó agua.

—Los chicos inventan cosas —dijo Luz, con una sonrisa falsa—. Su padre murió en un accidente hace seis años. Les dije que no sabía para no ponerlos tristes.

Tina y Ciro la miraron, confundidos.

Bruno no apartó los ojos de Luz.

Mentía.

Lo supo por la forma en que evitó su mirada.

¿Por qué?

La cena siguió, pero Luz sintió todo el tiempo la mirada de Bruno en la espalda.

Cuando terminó de recoger la mesa, él seguía sentado, jugando con el celular como si no tuviera intención de irse.

Luz carraspeó.

—Señor Ferrer, gracias por salvar a Ciro. La cena era nuestro agradecimiento.

—Hm.

No se movió.

Tina apareció con la tablet.

—Bruno, ¿sabés jugar esto?

Bruno miró la pantalla.

—¿Vos jugás algo tan complejo?

—No es tan difícil. El problema son los compañeros malos.

—Entonces juego una con vos.

—¡Sí!

Tina lo llevó al sillón.

Luz quedó completamente ignorada.

Un rato después, Bruno y Tina jugaban como si se conocieran de toda la vida. Ciro, que no tenía interés en los juegos, se acercó igual para mirar porque Bruno estaba ahí.

Luz sintió una presión rara en el pecho.

Parecían una familia.

Ella, en cambio, parecía alguien mirando desde afuera.

Sabía que Tina y Ciro deseaban un padre. Había intentado encontrar al hombre de aquella noche, sobre todo por Ciro. Pero Sissi la había llevado al hotel, las cámaras habían sido manipuladas y después nada. El hombre se había esfumado como si nunca hubiera existido.

—Bruno, sos buenísimo de apoyo —dijo Tina—. Sin vos el jefe me mataba.

—Ya es tarde —respondió Bruno, mirando la hora—. Tu mamá se quedó dormida.

Luz, agotada, se había vencido en el sofá.

Tina bajó la voz.

—Entonces seguimos otro día, ¿sí?

—Sí.

Bruno miró a Luz dormida.

Por primera vez, su expresión no fue fría.

1
Zeferina Guillén Gomez
jamás se dejan unos niños solos,soy abuela de 59 años y tengo 2 nietecitos,uno de 9 y una niña de 6 años y jamás se quedan solos en casa.
Fannny Castro
Yo digo si es muy rico no le ase la prueba y ve q son sus hijos
Graciela Saiz
mejor no digo nada 🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬
Graciela Saiz
la verdad me canso , y no ahora, hace rato, pero quiero saber cómo termina 😏
Edith Valenzuela
cansa leer que Luz no decida hablar con la verdad,
Graciela Saiz
porque no se le veía la marca en la espalda 🤔
Johanny Hernández
😂
Ada Zulma Lopez
Muy buena trama gracias escritora por compartir 👌👏👏👏✨️🌹🌟
Ada Zulma Lopez
Creó que el sr. Gabriel y la ssisi deberían realizarse un ADN .🤔🤔 NO PUEDE QUEDARSE CON LA PALABRA ASÍ COMO ASÍ CUANDO YA SABÍA EL QUE SSISI TRATO DE ENSUCIAR A LUZ DE VARIAS FORMAS 🤔🤷
Edith Valenzuela
aburre tanta lentitud!!!!!!
Edith Valenzuela
conversa con él, habla con la verdad y te vas con la cabeza en alto, no sigas con ese juego tan infantil,
Ada Zulma Lopez
No entiendo porque sede a ser humillada..El video no es concluyente lo dijeron y ya sabe la verdad quien el padre de sus niños ,,debería irse de allí y asegurar sus hijo 🤔🤷🤷🤷
Edith Valenzuela
está familia es nido de víboras, solo deseanculpar a Luz
Norma Beatriz Oviedo
que final de mierdaaaaa
Delia Alonso
En cierto modo, el final es decepcionante
Delia Alonso
¡¡¡Por fin!!!! Cuantas cosas se hubiesen evitado de hablar antes!!!!!
Delia Alonso
El comportamiento de Luz es cada vez más infantil, más idiota
Delia Alonso
Y sigue sin hablarle de loa hijos y así la putizorra de Sissi avanza
Delia Alonso
Cómo avanza la historia, ese trato de "tío-tía" es típico de novelas chinas...este remedio recuerda a uno chino leído tiempo atrás....parece copiado con cambio de algunos nombres y ciudad donde se desarrolla
Delia Alonso
Una locura dejar solos a nenes de 5 años.....aunque sean inteligentes
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