Anna creyó que era huérfana y pobre, pero en realidad es Leah, la heredera perdida del imperio mafioso de León. El día que su propio hermano Theo la encuentra, su pasado empieza a cobrarle factura.
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## Capítulo 18 — Una sombra para cada luz
En otra ciudad, Luis acababa de recibir una noticia que jamás quiso escuchar.
Los hombres que había enviado para secuestrar a Anna habían fallado.
Uno de los secuestradores había conseguido escapar antes de que Henry, Félix y Theo pudieran atraparlo.
Apenas logró ponerse a salvo, se comunicó con Luis y le contó todo lo ocurrido.
Luis estaba en su despacho.
Mientras escuchaba el relato, su rostro se transformaba.
De repente, perdió el control.
Agarró un objeto que estaba sobre el escritorio y lo arrojó contra la pared.
Después tiró varios papeles y golpeó el escritorio con fuerza.
—¡Manga de inútiles! ¡No sirven para nada!
Su respiración estaba agitada.
Todo aquello que durante tantos años había intentado mantener bajo control comenzaba a desmoronarse.
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En el otro extremo de la casa, Eleanor escuchó los gritos de su marido.
Salió de la habitación y caminó rápidamente hacia el despacho.
Cuando abrió la puerta, encontró todo tirado.
Miró a Luis.
No necesitó preguntarle demasiado.
Algo había salido mal.
Pero, por un instante, Eleanor interpretó la situación de una manera completamente diferente.
Pensó que los hombres habían abusado de Anna y después la habían matado.
Y, aunque intentó disimularlo, una sonrisa apareció en el fondo de su expresión.
Pero esa sonrisa desapareció en cuanto Luis comenzó a hablar.
—La encontraron.
Eleanor se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—La encontraron y la rescataron.
—¿Quiénes?
Luis negó con la cabeza.
—No lo sé todavía.
Eleanor sintió un escalofrío.
—¿Cómo que no sabés?
—Los secuestradores fueron sorprendidos. Tres hombres aparecieron y se enfrentaron a ellos. Uno logró escapar y fue quien me contó lo que pasó.
Eleanor lo miró sin poder creerlo.
—¿Tres hombres?
—Sí.
Permaneció unos segundos en silencio.
Entonces algo comenzó a inquietarla.
—¿Cómo puede ser que esa muerta de hambre tenga amigos capaces de enfrentarse a unos secuestradores?
Luis levantó la mirada.
Eleanor continuó:
—No me cierra.
Aquello tampoco le cuadraba a Luis.
Anna siempre había sido una chica pobre, aislada y sin una familia que la protegiera.
Entonces...
¿Quiénes eran esos hombres?
¿Por qué habían arriesgado tanto para rescatarla?
Eleanor se acercó al escritorio.
—Mandá a investigar quiénes son.
Luis la miró.
—¿Qué querés saber?
—Todo.
Hizo una pausa.
—Quiénes son, de dónde vienen, qué negocios tienen y, sobre todo, por qué estaban buscando a Anna.
Luis sintió que un miedo antiguo volvía a instalarse dentro de él.
Su esposa tenía razón.
Nadie con los recursos suficientes para localizar a unos secuestradores y enfrentarse a cuatro hombres armados era una persona cualquiera.
Y eso significaba que Anna podía haber entrado en contacto con alguien mucho más poderoso de lo que ellos imaginaban.
Luis tragó saliva.
Solo esperaba una cosa.
Que esos hombres no tuvieran ninguna relación con la familia que habían intentado olvidar durante diecisiete años.
Porque había un nombre que todavía le provocaba escalofríos.
**León*
El padre de Theo.
El hombre que, según los rumores, había construido uno de los imperios más poderosos y temidos de su época.
Un hombre relacionado con el mundo de la mafia y, al mismo tiempo, con enormes negocios internacionales.
Luis recordaba perfectamente lo que habían descubierto años atrás.
La niña que habían robado no era una niña cualquiera.
Era la hija de León.
La pequeña Leah.
Por eso habían huido de aquella ciudad.
Querían alejarse de cualquier persona que pudiera relacionarlos con aquella familia.
Cuando habían cambiado a los bebés en el hospital, sabían que León se encontraba fuera del país con su único hijo.
Aquello les había dado cierta tranquilidad.
Durante años pensaron que estaban a salvo.
Hasta que Anna comenzó a crecer.
Hasta que su parecido con Alissa, la esposa fallecida de León, empezó a hacerse demasiado evidente.
Y ahora había aparecido Theo.
Luis sintió que el estómago se le cerraba.
—Por favor... —murmuró para sí—. Que no tenga nada que ver con él.
Eleanor lo miró.
—¿Qué estás pensando?
Luis no respondió inmediatamente.
—Que quizá no fue casualidad que esos hombres encontraran a Anna.
Eleanor entendió.
—¿Pensás que pueden ser de ellos?
Luis cerró los ojos.
—Eso es justamente lo que tenemos que averiguar.
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Los padres de Anna y la familia de Leah jamás habían tenido trato personal.
Sus vidas pertenecían a mundos completamente diferentes.
Por un lado, una familia con una pequeña empresa y una vida sencilla.
Por el otro, una de las familias más poderosas y adineradas que existían.
Pero Luis y Eleanor habían visto fotografías en las noticias.
Habían visto a León junto a Alissa.
Habían visto también fotografías de Theo cuando era niño.
Y sabían perfectamente quiénes eran.
Ahora, diecisiete años después, todo parecía estar conectándose.
Theo había regresado a Inglaterra.
Había conocido a Anna.
Y desde el momento en que la vio, algo dentro de él le había dicho que aquella muchacha no era una desconocida.
Además, había quedado impactado por su parecido con Alissa.
Luis se llevó una mano al rostro.
Había pasado casi dos décadas intentando enterrar aquel secreto.
Pero ahora comenzaba a comprender algo aterrador:
**quizás el pasado no había desaparecido.**
Solo estaba esperando el momento indicado para regresar.
Y esta vez no venía solo.
Venía acompañado de nombres poderosos, secretos familiares y una verdad capaz de cambiar para siempre la vida de Anna.
Una verdad que estaba cada vez más cerca de salir a la luz.