Desde la ventana de su habitación, Mireya aprendió a escapar sin salir de casa.
A sus dieciséis años, el mundo le quedaba grande: discusiones detrás de las paredes, una bebé llorando en la habitación contigua y la palabra separación flotando como una sombra imposible de ignorar. Pero al otro lado de la calle había algo distinto. O alguien.
Ryan.
Veintiuno. Cabello castaño arrulado. Ojos verdes imposibles de olvidar. Siempre tranquilo. Siempre ajeno a la mirada que lo observaba cada tarde.
Él nunca la notaba.
Hasta que el destino decidió que una ventana no sería suficiente para mantenerlos separados.
Y lo que comenzó como simple curiosidad... estaba a punto de cambiarlo todo.
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Capítulo 3
Capítulo 3: No todo es tan malo
El primer día en un colegio nuevo es como entrar a una fiesta a la que nadie te invitó.
Todos parecen saber exactamente dónde ir, con quién hablar, dónde sentarse.
Y tú no.
Estoy parada frente a la entrada del colegio mirando el edificio como si pudiera intimidarlo con la mirada.
No funciona.
El edificio sigue siendo enorme.
Respiro hondo.
Solo entra, Mireya.
Ajusto la correa de mi mochila y cruzo las puertas.
Inmediatamente me golpea el ruido.
Casilleros cerrándose.
Risas.
Alguien corriendo por el pasillo.
Un chico grita algo sobre una tarea olvidada.
Es demasiado.
En mi antiguo colegio todo era más pequeño. Más silencioso.
Aquí todo se siente como una película en la que entré a la mitad.
Camino mirando mi horario.
Aula 203.
Segundo piso.
Giro en el pasillo equivocado dos veces antes de darme cuenta.
Genial.
-¿Nueva?
La voz me hace levantar la cabeza.
Una chica está apoyada contra los casilleros con total tranquilidad, como si ese lugar le perteneciera.
Cabello oscuro, largo, perfectamente peinado.
Tiene una sonrisa confiada, de esas personas que nunca dudan antes de hablar.
-Sí -respondo.
Ella inclina la cabeza observándome.
-Lo sabía.
-¿Tan obvio es?
-Un poco -dice encogiéndose de hombros-. Los nuevos siempre caminan como si estuvieran buscando una salida de emergencia.
No puedo evitar sonreír.
-Soy Chelsy.
-Mireya.
-Bueno, Mireya, si sigues caminando por ese pasillo terminarás en el laboratorio de química... o en el baño de profesores.
-Genial.
-Créeme, ninguno de los dos es un buen comienzo para el primer día.
Empieza a caminar.
-Ven.
La sigo.
-¿Te cambiaste de ciudad? -pregunta.
-Sí.
-¿Mudanza aburrida o drama familiar?
La miro.
-Mudanza.
Ella hace una cara exagerada de decepción.
-Qué tragedia. Esperaba algo más interesante.
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Entramos al aula justo cuando la profesora empieza a organizar sus papeles.
-Ah -dice al verme-. Debes ser Mireya Collins.
Asiento.
Toda la clase me mira.
Perfecto.
-Preséntate brevemente -dice la profesora.
Odio esta parte.
Siento que treinta pares de ojos están analizando cada cosa sobre mí.
-Soy Mireya... me mudé hace poco.
Silencio.
Eso es todo.
La profesora parece esperar más.
No hay más.
-Puedes sentarte.
Camino entre los escritorios.
Intento no tropezar con nada.
Un chico levanta la mano.
-Aquí hay espacio.
Tiene cabello claro y una expresión tranquila.
Me siento.
-Gracias.
-Soy Ian.
-Mireya.
-Lo hiciste bien.
-¿Qué cosa?
-La presentación. No dijiste nada vergonzoso.
-Eso ya es un logro.
Ian sonríe.
-Una vez un chico dijo que su pasatiempo era coleccionar uñas.
Lo miro.
-Por favor dime que es una broma.
-No lo es.
-Nunca volveré a quejarme de mi presentación.
Ian ríe.
Y por primera vez desde que entré al colegio... me relajo un poco.
---
La clase está a punto de terminar cuando la puerta se abre de golpe.
Un chico entra.
Llega tarde.
No parece importarle.
Tiene el cabello claro, es rubio, y una chaqueta negra que claramente no es parte del uniforme.
La profesora suspira.
-Llegas tarde otra vez, Jack.
Él no responde.
Ni siquiera mira a la profesora.
Solo camina hacia un asiento vacío cerca de la ventana.
Hay algo extraño en él.
No es solo que parezca molesto.
Es como si estuviera cansado.
O preocupado.
Sus ojos recorren el salón rápidamente, como si estuviera comprobando algo.
Como si esperara ver a alguien.
O evitarlo.
Entonces se sienta.
Y mira por la ventana el resto de la clase.
---
Cuando suena el timbre todos empiezan a levantarse al mismo tiempo.
Yo también.
Recojo mis cuadernos.
Y entonces pasa.
Jack se levanta rápido.
Choca contra mi escritorio.
Mis cuadernos caen al suelo.
-Oye -digo.
Él ni siquiera se detiene.
-Mira por dónde caminas -murmura.
Me quedo mirándolo.
-Tú chocaste conmigo.
Jack se detiene.
Se gira.
Sus ojos se clavan en los míos.
Oscuros.
Cansados.
-Entonces muévete más rápido la próxima vez.
Y se va.
Parpadeo.
-Wow -dice Ian-. Normalmente tarda más en ser grosero con alguien nuevo.
-¿Siempre es así?
-Más o menos.
-Encantador.
Ian se encoge de hombros.
-Llegó hace unos meses. Nadie sabe mucho de él.
-¿Ni amigos?
-No realmente.
Miro hacia la puerta.
-Parece... raro.
Ian asiente.
-Como si estuviera huyendo de algo.
---
En el recreo Chelsy me presenta a sus amigas.
Marina habla rápido, demasiado rápido. Sabe absolutamente todos los chismes del colegio.
Sofía es más callada, pero observa todo como si estuviera analizando a las personas.
Nos sentamos en una mesa del patio.
Por primera vez desde que llegué no me siento completamente fuera de lugar.
-Mi novio vendrá después de clases -dice Chelsy.
-¿Lucas? -pregunta Marina.
-Sí.
-¿El de último año?
-Ese mismo.
-Siempre viene con su amigo -dice Sofía.
-¿Ryan? -pregunta Marina.
Mi cabeza se levanta.
Ryan.
-Sí -dice Chelsy-. Ryan.
-¿Es del colegio? -pregunto.
-No. Él ya está en la universidad.
Universidad.
Eso explica por qué parecía mayor.
-Es amigo de Lucas desde hace años -continúa Chelsy-. A veces viene a recogerlo.
-Es muy guapo -dice Marina.
-Tiene novia -añade Chelsy.
No sé por qué siento algo raro en el estómago.
No debería importarme.
Ni siquiera lo conozco.
---
Cuando salgo del colegio el sol ya está bajando.
Camino a casa.
Mi calle está tranquila.
Y entonces lo veo.
Ryan.
Está apoyado contra su coche frente a su casa.
De cerca se ve aún más alto.
Su cabello rizado cae sobre su frente.
Está hablando con una chica.
Probablemente su novia.
Ella dice algo y él sonríe.
Y esa sonrisa...
Es tranquila.
Cálida.
Como si no tuviera una vida llena de discusiones, secretos y gritos esperándolo al otro lado de la puerta.
Me quedo mirando un segundo más de lo normal.
Entonces recuerdo dónde estoy.
Camino rápido hacia mi casa.
Pero antes de entrar...
Miro una última vez.
Ryan levanta la mirada por un segundo.
No sé si me vio.
Pero mi corazón se acelera igual.
Y no entiendo por qué.
Tal vez porque...
por un momento...
parece pertenecer a un mundo mucho más simple que el mío.