¿Puede un amor nacido del engaño sobrevivir a la verdad? ¿Podrá la esposa sustituta reclamar el corazón de un hombre que juró nunca volver a amar?
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capitulo 18
—¿Me estás pidiendo que sea tu amante mientras mi hermana usurpa mi lugar? —La indignación me subió por la garganta como bilis—. ¿Me pides que me esconda en las sombras después de todo lo que he hecho por ti?
Dante se giró. Su rostro estaba de nuevo en blanco, la máscara del CEO implacable perfectamente ajustada.
—Es el precio de tu redención, Zoe. Tú elegiste quedarte. Tú elegiste salvarme. Ahora tienes que vivir con las consecuencias de la farsa que empezaste. Tienes una hora para recoger tus cosas de la habitación principal. Elena se mudará allí esta noche.
Salí del despacho sintiendo que el suelo se movía bajo mis pies. Caminé por el pasillo principal hacia la escalera, pero al llegar al primer descanso, me encontré con ella.
Elena estaba apoyada contra la barandilla, bebiendo una copa de vino tinto que probablemente había sacado de la reserva privada de Dante. Llevaba uno de mis vestidos de seda, el que yo usé la primera noche que sentí que Dante me miraba de verdad. Se veía hermosa, letal y absolutamente satisfecha.
—Vaya, vaya —dijo Elena, recorriéndome con una mirada llena de desprecio—. La pequeña mártir ha regresado. ¿Qué se siente al saber que tu "magnate" te ha relegado a las sombras?
—Dante sabe la verdad, Elena. Esto es solo cuestión de tiempo.
—El tiempo es relativo, hermanita —Elena se acercó a mí, el olor a vino y a un perfume caro que no era el mío inundando mis sentidos—. Mientras tú juegas a ser la artista incomprendida en los cuartos de servicio, yo voy a estar gastando su fortuna, durmiendo en sus sábanas y recordándole cada día que, legalmente, soy la única mujer que tiene derecho a su apellido. Papá podrá ir a la cárcel, pero yo no voy a volver a la pobreza por tu culpa.
—Él te odia —susurré.
—El odio es una emoción muy fuerte, Zoe. Casi tan fuerte como el deseo. Y somos iguales, ¿recuerdas? Cada vez que me mire, te verá a ti. Y cada vez que te busque en la oscuridad, recordará que la mujer que tiene al lado por el día es la que realmente tiene el poder.
Elena me dio un empujón con el hombro al pasar a mi lado, subiendo hacia la habitación que hasta hace unas horas era mi refugio. Me quedé allí, sola en la escalera, escuchando el eco de sus tacones sobre la madera.
Fui a mi cuarto, que ahora se sentía como un territorio invadido. Empecé a meter mi ropa en una maleta pequeña, evitando mirar el caballete y las pinturas que aún estaban en el rincón. Rosa entró poco después, con los ojos rojos de tanto llorar.
—No puede ser verdad, niña —dijo Rosa, ayudándome con los jerseys—. El señor no puede permitir esto. Esa mujer es... es el diablo.
—Es el contrato, Rosa. Dante no puede arriesgarse a perderlo todo ahora que Vanessa ha sido arrestada. Tiene que mantener las apariencias hasta que sus abogados encuentren una salida.
—Pero esconderla a usted como si fuera un secreto sucio... No es justo.
—Nada en esta casa ha sido justo desde el principio.
Terminé de empacar lo básico. Salí de la habitación principal justo cuando Elena entraba con una maleta de diseño que acababa de llegar. Se detuvo en el umbral y me lanzó una sonrisa de triunfo antes de cerrar la puerta en mi cara.
Bajé al ala este, una zona de la mansión que apenas conocía. Las habitaciones eran pequeñas, funcionales, con un olor a cerrado que me oprimía el pecho. Dejé mi maleta en el suelo y me senté en la cama estrecha. Desde la ventana pequeña podía ver la parte trasera de la casa, donde el estudio de pintura permanecía a oscuras.
Esa noche, no pude dormir. Escuché el movimiento en el piso de arriba, las risas de Elena que parecían filtrarse por las paredes, y el silencio absoluto que venía de la habitación de Dante. A las dos de la mañana, la puerta de mi cuarto se abrió sin previo aviso.
Dante entró. No encendió la luz. Se sentó a los pies de mi cama, su silueta recortada contra la luz de la luna que entraba por la ventana pequeña. No dijo nada durante mucho tiempo, solo se quedó ahí, respirando pesadamente.
—Ella intentó entrar en mi cama hace una hora —dijo finalmente, su voz cargada de un asco profundo.
—¿Y qué hiciste? —Mi voz sonó pequeña, rota.
—La eché. Le dije que si volvía a tocar el pomo de mi puerta, le cortaría el flujo de dinero de inmediato. —Se giró hacia mí, y vi el brillo de sus ojos en la penumbra—. Pero el problema, Zoe, es que mientras ella estaba allí, fingiendo tu voz y usando tu perfume... por un segundo quise que fuera verdad. Quise que fueras tú la que estuviera allí, legalmente mía, sin secretos, sin mentiras.
—Dante...
—No hables —se acercó y me tomó de la mano, entrelazando sus dedos con los míos—. Esto va a ser un infierno para los dos. Elena no se detendrá hasta que nos destruya o hasta que consiga lo que quiere. Pero no pienses ni por un segundo que ella ha ganado.
—Mañana es el día quince —dije, sintiendo el peso de la cifra—. El primer bloque de los cien días ha terminado. Y míranos. Estamos peor que al principio.
—Al principio no nos conocíamos —respondió él, acercándose para darme un beso corto en la frente—. Ahora sabemos exactamente quiénes somos y qué estamos dispuestos a quemar por el otro. Duerme, Zoe. Mañana empieza la verdadera guerra.
Se levantó y salió de la habitación, dejándome de nuevo con el silencio y el frío. Me quedé mirando la puerta cerrada, dándome cuenta de que el sacrificio de mi nombre y mi identidad no había sido el final de la historia, sino el precio de entrada a un juego de espejos donde la verdad y la mentira tenían el mismo rostro y eso era peligroso.