Alguna vez as imaginado que pasaria si sales con tu mejor "amigo? soy Lixy Soledo y vivo con mi mejor amigo mejor dicho él vive conmigo! Damon Falcó el chico que cualquier chica quiere al lado, guapo y carismático pero es mi mejor amigo, y ahí una regla! y la regia es! No salimos con amigos!
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capítulo 7
El silencio en la cocina de la suite era solo una fachada. Bajo la superficie, la tensión vibraba con la fuerza de un cable de alta tensión a punto de romperse. Damon Falco, el hombre que usualmente tenía el control de cada situación en los callejones y bares de Houston, se encontraba ahora reducido a un prisionero de su propia curiosidad y del ingenio de su compañera.
—Deja de jugar, Lixy. Te digo que se me hace tarde —gruñó Damon, aunque su cuerpo, traicioneramente, se inclinaba hacia ella. Las esposas tintineaban contra el respaldo de la silla con cada uno de sus movimientos frustrados.
—¡Y tú tienes la culpa! —replicó ella, su voz cargada de una mezcla de indignación y picardía—. ¡Tú empezaste anoche escondiéndote como un cobarde! Ahora te aguantas.
Con un movimiento brusco, Lixy le jaló la corbata, desacomodando el nudo impecable que él se había esmerado en hacer. Damon soltó un bufido de pura impotencia.
—Mañosa... deja eso ahí. Tardé una eternidad en arreglarme y tengo algo importante que atender hoy.
Lixy no retrocedió. Se llevó el dedo índice a los labios, sellando cualquier otra queja que él pudiera articular.
—Shhh... —lo miró desde abajo, con esos ojos azules que prometían el cielo y el infierno al mismo tiempo—. Coloqué ropa limpia en tu auto, así que te tocará cambiarte en el estacionamiento si es que logras salir de aquí. O, si prefieres, yo misma te cambio cuando termine...
—Mi niña, hablo en serio —suplicó Damon, aunque su tono ya no era de mando, sino de una capitulación inevitable—. Te recompensaré cuando regrese, *kitty*. Lo prometo.
Lixy negó con la cabeza lentamente. Sin mediar palabra, dejó caer su bata de seda al suelo, quedando únicamente con la lencería que ya había sido testigo de su batalla matutina. Sus manos se dirigieron con precisión al cinturón de Damon, desabrochándolo, soltando el botón y bajando el zíper con una lentitud tortuosa. Luego, subió sus manos por el pecho de él, desabotonando la camisa mientras mantenía una expresión seria, casi solemne.
Damon tragó saliva, sus ojos fijos en el escote de ella. Pasó la lengua por su labio inferior, sintiendo el pulso acelerado en su cuello.
—No pararás, ¿verdad?
—Te dije que lo voy a probar —sentenció ella.
### La Tortura de lo Inacabado
Lixy colocó sus manos sobre las piernas firmes de Damon y comenzó su ascenso. Inclinó la cabeza bajo su ombligo y subió lento, dejando un rastro de besos húmedos y mordiscos juguetones por sus pectorales hasta llegar a la base de su cuello. Allí, succionó con fuerza, marcando su territorio con una pasión que hizo que Damon soltara un gemido ronco.
—Mm... —Damon se tensó por completo. Un escalofrío recorrió su piel al sentir la lengua de Lixy rozando uno de sus pechos mientras ella se movía—. Lixy... basta...
—Ujum... —Lixy sintió la reacción de él y sonrió contra su piel. Lamió la marca que acababa de dejar y subió hasta sus labios. Abrió las piernas y se sentó a horcajadas sobre él, tomando su nuca con una mano para profundizar un beso hambriento, mientras comenzaba a simular embestidas rítmicas sobre su regazo.
Damon, a pesar de estar encadenado a la silla, empujó sus caderas hacia arriba, buscando el contacto que ella le negaba a medias. Sus lenguas jugaban una guerra de poder, mordiéndose y explorándose con una urgencia que amenazaba con hacerles olvidar el resto del mundo.
—Mm... —jadeó Lixy contra sus labios, separándose apenas lo suficiente para ver el deseo crudo en los ojos de él. Le jaló el labio inferior con los dientes al sentir que la erección de Damon era ya incontrolable—. Está listo.
—¡Gata! —exclamó él, ansioso, con la voz quebrada.
Lixy bajó de nuevo, recorriendo su piel con besos húmedos hasta quedar de rodillas frente a él. Con sus dedos pulgar e índice, tomó el miembro de Damon desde la base, subiendo y bajando con una lentitud exasperante.
—Solo probaré... —susurró.
Damon apretó los puños, gruñendo cuando la lengua de ella comenzó a trazar círculos en la punta mientras sus dedos seguían estimulando el tronco. El placer era tan intenso que Damon tuvo que echar la cabeza hacia atrás, mordiéndose el labio para no gritar.
—Maldita gata... ugh... —intentó empujar sus caderas para profundizar el contacto, pero las esposas lo mantenían anclado—. Eres una...
Lixy continuó, metiéndolo más profundo en su boca, succionando con una maestría que lo tenía al borde del abismo. Por un momento, ella misma quiso detener el juego y simplemente dejarse llevar, pero su deseo de venganza era más fuerte. Justo cuando sintió que Damon estaba a segundos de llegar al clímax, Lixy se detuvo en seco.
Pasó la lengua una última vez, se puso de pie con una elegancia insultante y se colocó la bata.
—Listo —dijo, dedicándole una sonrisa radiante.
Damon abrió los ojos, desorientado y temblando de frustración.
—¡Hija de la...! ¿Cómo que listo? ¿No ves cómo me dejaste? —gruñó, mirando su propia entrepierna.
—¡Claro que lo veo! Eso es exactamente lo que quería: dejarte así, sin acabar —se retiró hacia la puerta, recogiendo sus llaves—. Me tengo que ir... tengo cosas que hacer.
—¡Eres terrible! ¡Suéltame ahora mismo! —rugió Damon.
—Nop. Suerte con eso, "mi niño".
Lixy salió de la suite, cerrando la puerta tras de sí y dejando a Damon esposado y en un estado de agitación que rozaba la tortura física.
### El Rescate y el Rencor
Pasó casi una hora. El celular de Damon, olvidado sobre la mesa, no dejaba de sonar.
—¡Bix! Contesta la llamada y pon el altavoz —ordenó Damon al asistente virtual de la suite, desesperado.
—¿Damon? ¿Dónde estás? Te estamos esperando en el bar hace media hora —la voz de Ulices sonó a través de los altavoces.
—(Puta madre) —mascló Damon entre dientes—. Ven a la suite, ahora.
—¿Qué te pasó? ¿Estás bien? Te escuchas... alterado.
—Solo ven y no preguntes.
Diez minutos después, el timbre sonó con insistencia.
—¡Bix, abre la puerta!
Ulices entró en la suite llamando a su amigo, hasta que llegó a la cocina. Al ver a Damon esposado a la silla, con la camisa abierta y el pantalón a medio bajar, Ulices no pudo contenerse. La carcajada retumbó en las paredes.
—¡Pfff! ¡Jajajajaja! ¡No me jodas! ¿Qué te pasó? ¿Cuál de todas tus conquistas te dejó así?
—¡Desátame ya! —gritó Damon, rojo de la vergüenza—. ¿Quién más va a ser? ¿Con quién diablos vivo?
—Jajaja, no puede ser. ¿Por qué te hizo esto? —preguntó Ulices mientras buscaba la llave o algo para forzar las esposas, logrando liberarlo rápido.
Damon se puso de pie de un salto, acomodándose los pantalones con movimientos bruscos.
—Esa hija de su madre... se vengó de lo de anoche.
—Jajaja, pero ¿por qué?
—Cosas nuestras, Ulices —cortó Damon, apretando los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos—. Espera a que me acomode la ropa y nos vamos. Lixy... juro que cuando te vea, pagarás por esto.
### La Sombra del Remordimiento
Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Lixy se encontraba con Cecilia. A pesar de su "victoria", una sensación de inquietud la perseguía.
—¡Ugh! Qué rabia, qué incómoda me siento —bufó Lixy, removiéndose en su asiento.
—¿Qué tienes ahora? —preguntó Cecilia, notando el humor extraño de su amiga.
—Es más difícil de lo que pensé, Ceci. El vivir con él, tenerlo tan cerca... es una tortura constante. Y solo falta que lleguen las tipas con las que se revolcaba antes para terminar de arruinarme el día.
Cecilia se rió.
—¿Todavía no han aparecido?
—Solo en el bar, gracias a Dios. Pero hoy... creo que realmente lo hice enfadar.
—¿Qué hiciste, Lixy? —Cecilia se inclinó, curiosa.
—Nada... —Lixy desvió la mirada, mordiéndose el labio—. Solo espero que se le pase rápido.
—Esperemos. Porque Damon enojado es intimidante, y tú lo sabes mejor que nadie.
### El Regreso al Nido
La noche cayó sobre Houston y Lixy regresó a la suite con pies de plomo. *(Dios, que no esté... que esté en el bar)*, rogaba internamente mientras introducía la llave.
Al abrir la puerta, las luces estaban bajas. El silencio era sepulcral hasta que sus ojos se toparon con una figura recargada en el marco de la puerta de su habitación. Damon estaba allí, todavía con la camisa de la mañana pero con una expresión gélida que le heló la sangre.
—¡Lixy! —dijo él, su voz era un susurro peligroso que llenó toda la estancia.
—(¡Joder!) —pensó ella, dándose cuenta de que el juego de la mañana había tenido un precio, y Damon estaba listo para cobrarlo con intereses.
Lixy...qué fue eso ???....celos !!...no qué no ? /Slight//Chuckle//Chuckle//Proud/