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Exigida

Exigida

Status: Terminada
Genre:Matrimonio contratado / Posesivo / Mafia / Dominación / Completas
Popularitas:227.5k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Mary Mendes

Nikolai Ivánov es un hombre forjado en el dolor, de ojos duros y manos de hierro. No tolera mentiras y aprendió desde joven que el amor es la mayor debilidad del ser humano.

Envuelto en un frío implacable y pasos calculados, vio en una alianza de sangre solo poder… y cree que nada puede romper su control sobre el mundo.

Helena Lombardi, adelantada a su tiempo, cree en el amor con la misma intensidad con la que vive su libertad. Cada gesto suyo rebosa coraje y determinación, desafiando todo lo que Nikolai considera inquebrantable.

Cuando dos mundos tan opuestos chocan, las certezas se transforman en dudas, y los deseos que antes parecían imposibles irrumpen como una tormenta. Entre dolor y entrega, pasión y desafío, alguien tendrá que ceder…

Pero nadie saldrá ileso.

NovelToon tiene autorización de Mary Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Nikolai

Intento resolver algunas cosas por teléfono, instrucciones cortas, voz baja, todo lo que se puede hacer a distancia. Pero no me separo de Helena. En ningún momento. Me quedo en el sillón al lado de la cama, atento a cada sonido, a cada cambio en su respiración.

Cuando la veo moverse, cuelgo el teléfono inmediatamente.

Helena despierta despacio. Geme bajo, como si el cuerpo aún estuviera intentando entender dónde está. Se sienta con cuidado, el movimiento lento, contenido por el dolor. Cuando nuestras miradas se encuentran, veo el susto aún preso en sus ojos. El miedo no se ha ido completamente.

—¿Cómo…? —la voz sale débil

—¿Cómo me encontraste?

Me inclino hacia adelante, apoyo los codos en las rodillas, manteniendo el tono calmado, firme. Quiero que ella crea.

—Lo sentí —digo, simple

—Y fui tras de ti.

Ella me observa en silencio, intentando descifrar si es verdad o consuelo. Sostengo la mirada, sin desviar.

—Siempre te encontraré, Helena.

Completo.

—Siempre.

Veo algo cambiar en su rostro. El miedo continúa allí, pero ahora mezclado con algo más frágil… y peligroso. Confianza.

Respiro hondo antes de hablar. No quiero asustarla, pero tampoco puedo esconder nada.

—Helena… —digo con calma

—Vamos a necesitar ir al hospital. Hacer una radiografía en tu tobillo. El médico cree que el esguince fue feo.

Ella asiente despacio, aún medio perdida. Entonces tira de las cobijas con cuidado y mira su propio pie. El tobillo está hinchado, amoratado. Veo su mandíbula contraerse con la visión.

Ella levanta la mirada hacia sí misma, analizando la ropa que está usando. El semblante cambia, confuso.

—¿Quién…? —ella traga saliva

—¿Quién me cambió la ropa?

Sostengo la mirada, sin desviar, sin mentir.

—Yo —respondo, simple.

Helena se ruboriza inmediatamente. El rubor sube por su rostro, denunciando el torbellino de pensamientos que ella intenta esconder.

Me acerco despacio.

—Vamos al hospital, Helena —digo con calma, sin espacio para discusión.

Ella duda por un segundo, pero no discute. Me inclino y la tomo en brazos con cuidado, sintiendo su cuerpo aún frágil, demasiado ligero para lo que acaba de enfrentar. Ella no dice nada mientras la llevo hasta el coche, solo apoya la mano en mi hombro, la mirada perdida por la ventana durante el trayecto.

En el hospital, todo sucede rápido. Radiografía, preguntas, luz demasiado fuerte, olor a antiséptico. Me quedo a su lado todo el tiempo, atento a cada expresión de su rostro.

El médico regresa con los exámenes.

—Es un esguince —dice—. Doloroso, pero no hay fractura.

Siento el aire volver a mis pulmones.

El tobillo es inmovilizado, firme, protegido. Ella observa todo en silencio, seria, como si estuviera intentando recuperar el control que perdió en la nieve.

Cuando el médico pregunta sobre apoyo para andar, Helena responde antes que yo:

—Muletas.

La miro, sorprendido.

—No es necesario —digo, bajo—. Yo te ayudo.

Ella levanta el rostro, los ojos determinados a pesar del cansancio.

—No quiero depender de ti, Nikolai.

Las palabras no son duras, pero son firmes. Y duelen más que cualquier acusación.

Asiento despacio.

—Está bien —respondo

—. Pero estaré a tu lado. Digo

Ella acepta las muletas cuando el enfermero entrega, prueba el apoyo con cuidado. Cada movimiento exige esfuerzo, pero ella insiste. Orgullosa. Fuerte a su manera.

Observo en silencio.

Ella no quiere depender de mí.

Pero yo sé que, guste o no, no dejaré de estar allí.

En el coche, ya de vuelta a casa, el silencio es interrumpido por mi celular vibrando en el panel. Una llamada de vídeo. Miro la pantalla. Romeo.

Atiendo.

Su rostro surge inmediatamente, serio, tenso. No tarda en hablar.

—Nikolai… supe de lo que sucedió.

Antes incluso de que yo responda. Percibo su mirada ansiosa, casi desesperada.

—¿Ella está bien? —pregunta

—¿Cómo fue en el hospital?

—Está fuera de peligro —respondo con firmeza—. Fue un esguince. El pie está inmovilizado. Ella va a necesitar reposo.

Veo el alivio atravesar su rostro, pero no completamente.

—¿Puedo hablar con ella?

Asiento sin dudar. Extiendo el celular a Helena.

—Es tu padre.

Ella se acomoda en el asiento, respira hondo antes de tomar el aparato. Cuando ve su rostro en la pantalla, los ojos se suavizan.

—Papá…

Su voz sale más débil de lo que quisiera. Él habla rápido, pregunta todo al mismo tiempo, quiere saber si sintió dolor, si tiene frío, si está siendo bien cuidada. Helena responde con paciencia, intentando tranquilizarlo, diciendo que está segura, que fue solo un susto.

Mientras conduzco, oigo la conversación en silencio. Su tono está lleno de culpa, de miedo. El de ella es dulce, protector — como si fuera ella quien estuviera cuidando de él, no al revés.

—No me hagas esto de nuevo —dice

—Podrías haber muerto.

Helena traga saliva.

—Lo sé… —responde

—Lo siento.

Sujeto el volante con más fuerza. Cada palabra pesa más de lo que debería.

—Nikolai me cuidó. Ella añade, después de un instante.

—Él me salvó.

Del otro lado de la pantalla, el hombre me mira. La mirada cambia. No es hostil. Es evaluadora. Y, por un breve segundo, agradecida.

—Gracias —dice, serio

—Por no dejarla sola.

—Ella no estuvo sola en ningún momento.

La llamada termina poco después. Helena devuelve el celular, el rostro cansado, pero tranquilo. Coloco el aparato a un lado y sigo conduciendo.

No digo nada.

1
Ana Cortes
al final no se supo que pasó con Dmitry
Ana Cortes
escritora tienes que leer los capitulos qué vas escribiendo ya que no calzan algunos tiempos cuando Helena describió que estaba embarazada la bebe tenía 7 meses en una parte dice que ella está corriendo después dice que tiene 8meses la verdad no se entiende no creo que ella tenga dos meses de embarazo asi que me perdí en las fechas ya que no cuadran
Ana Cortes
Helena es demasiada mimada ya no es el primer hijo es el segundo y Nikolai le a demostrado que la ama y las protege pero ella no lo comprende a él ya que él tiene que trabajar y ella se porta como una niña malcriada
Ana Cortes
tanto teatro si solo va a parir es verdad que duele pero exagera tanto
Ana Cortes
todos estos italianos viven en un caos para nada es envidiable su vida
Isabel Martín
Excelente historia, felicidades autora 🤗👏👏👏
Patricia Romero
se ve a una niña caprichosa y mimada,
Patricia Romero
por favor,no hay imaginación en los autores,copian de otros y siempre cae en lo mismo,estamos siglo 21,una mujer del siglo 20 todavía,en serio autor,?dale,una mujer llorona,débil,no se vale por ella misma, obsesionada por un hombre,naaaa...!!!!
Patricia Romero
no entiendo,porque los padres de helena la hicieron tan débil,con la vida que llevan,debieron haberla preparado para estas cosas,una mojigata no sirve de nada.autora pilas
Julimar Berrios
Buena
Llado Auad Ana
Muy linda historia aunque se me hizo un poco larga sin sentido. Pero la historia en si estaba muy linda.
Hiradia Cohen
no termino de Entenderla o sea después de que la madre muere salta sin pena ni gloria a una relación que no se entiende si empezó
Yinet Leonor: Te invito a leer mis obras y a que expreses tu franca opinión sobre ellas. Autora Yinet Leonor.
total 1 replies
Dilia Contreras
Como harán las mujeres que Portugal razón u otra las pobres paren solas? por favor Elena déjate de tantas tonterías. el proceso ee parte es igual para todas las que tienen la dicha de poder parir, porque a otras tienen que hacer cesárea y punto.
Alma Rosa Dominguez Martinez
escritora felicidades muy buena novela
Yinet Leonor: Te invito a leer mis obras y a que expreses tu franca opinión sobre ellas. Autora Yinet Leonor.
total 1 replies
Dilia Contreras
Deberían de haberla dejado allí, inmadura y obstinada, ella tiene rabia y sale sin nada. pero siempre llega alguien a socorrer.
Dilia Contreras
Esto se irá en llorar, Nicolas tiene trauma primero polo que vivió mientras su mamá estuvo viva, luego el dichoso juramento a su mamá, Nicolas mínimo pertenece a la mafia.
Dilia Contreras
Esto se irá en llorar, Nicolas tiene trauma primero polo que vivió mientras su mamá estuvo viva, luego el dichoso juramento a su mamá, Nicolas mínimo pertenece a la mafia.
Anastasia Mirian Barrios
para mi no tiene centido cuerpo ella se empezó la nena tenía 7 mese ahora apenas 8 mese y ya camina y ya tiene 4 meses de embarazo 🤭😂😂😂
Dulce Perez
felicitaciones, excelente 👏👌👏
Yoki Romero
/Rose//Good/
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