Reencarna en una época antigua, en la cual es invisible para su familia y con un trágico final, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Archer 1
La noche cayó silenciosa sobre la mansión Knapp.
Eloise permanecía en su habitación cuando tocaron suavemente la puerta. Una doncella entró con una bandeja… pequeña.
Demasiado pequeña.
Una simple sopa.
Clara.
Ligera.
Insuficiente.
Eloise la miró unos segundos antes de suspirar.
—Al menos hoy no tendré que esperar… —murmuró con una media sonrisa cansada.
Pero antes de que pudiera tomar la cuchara, otra figura apareció en la puerta.
Lady Knapp.
Elegante como siempre.
Distante como siempre.
—Mañana te irás con el conde Archer.
Eloise levantó la mirada de inmediato.
—¿…qué dijo?
No era confusión total.
Pero sí sorpresa.
—Él lo ha decidido
continuó su madre con naturalidad, como si hablara de un cambio de horario
—Te quedarás en su mansión una temporada.
Eloise parpadeó.
El conde…
¿Había sido idea suya?
El recuerdo de la conversación volvió a su mente.
Su estado.
Su debilidad.
Su… interés.
Y entonces…
Una pequeña chispa apareció en su interior.
[Eso es… bueno.. quizas podre tener un aliado]
[Muy bueno.]
Bajó la mirada hacia la sopa, pensativa.
[Podré recuperarme… Fortalecerme… Y si él atrapa a los bandidos.. antes..]
Sus dedos se cerraron ligeramente sobre la cuchara.
[Será perfecto.. que bien..]
Cuando volvió a alzar la vista, su expresión había cambiado.
No había miedo.
Había decisión.
Y un pequeño destello de entusiasmo.
—Entiendo —respondió con calma.
Lady Knapp asintió, satisfecha… pero no por las razones correctas.
—Prepárate.
Y se fue.
Sin más.
Eloise se quedó sola otra vez.
Miró la sopa.
Y esta vez…
Sonrió de verdad.
—Esto… puede funcionar.
A la mañana siguiente, el carruaje estaba listo.
Eloise subió con una mezcla de emociones.
Nervios.
Sí.
Pero también… ilusión.
Porque, por primera vez desde que llegó a ese mundo, sentía que avanzaba hacia algo.
No solo escapaba.
Construía.
[Vivir con él… eso eleva mucho mis posibilidades de vivir]
Miró por la ventana mientras el carruaje comenzaba a moverse.
[Será difícil… es brusco y gruñon..]
Una pequeña pausa.. suspirando con esperanza..
[Pero es una oportunidad.. que no debo dejar pasar]
Un aliado poderoso.
Un lugar donde fortalecerse.
Y quizás…
Un futuro distinto.
En la mansión Knapp, nadie salió a despedirla.
Ni su padre.
Ni su madre.
Ni su hermano.
Nadie.
Como si su partida no tuviera peso.
No tuviera valor.
No tuviera… importancia.
Pero no muy lejos de allí…
Lady Knapp se encontraba en el salón de té.
Rodeada de otras damas.
Sonriendo.
—Mi hija pasará una temporada en la mansión Archer.
Las miradas se alzaron de inmediato.
Interés.
Sorpresa.
—El conde ha mostrado… gran interés.
Las sonrisas se ampliaron.
—Pronto… podría convertirse en la próxima condesa.
Risas suaves.
Susurros.
Admiración.
Mientras tanto, Lord Knapp hacía lo suyo.
Una reunión.
Casual.
“Casual”.
Con algunos socios.
—El conde Archer visitó mi hogar recientemente…
Las miradas cambiaron.
Respeto inmediato.
—Mi hija se está preparando ahora para… un futuro acorde a su posición.
No necesitó decir más.
Ellos entendieron.
Y él…
Sonrió.
Satisfecho.
Muy lejos de esa escena…
El carruaje finalmente se detuvo.
La mansión Archer se alzaba imponente.
Sólida.
Seria.
Sin adornos innecesarios.
Como su dueño.
Eloise descendió.
Respiró hondo.
—Aquí vamos… con toda la fe
Pero…
Algo no encajaba.
No había nadie esperándola.
Ningún recibimiento.
Ninguna preparación visible.
Solo silencio.
El mayordomo apareció unos segundos después.
Se detuvo al verla.
Sorpresa clara en su rostro.
—Señorita… ¿Knapp?
Eloise inclinó la cabeza con educación.
—Sí.
El hombre parpadeó, procesando rápidamente la situación.
—Un momento.
Se retiró con rapidez.
Dentro de la mansión, el mensaje llegó al conde.
—Ha llegado.
Archer no mostró sorpresa.
—Se quedará unas semanas.
Simple.
Como si fuera obvio.
Como si todo estuviera bajo control.
El mayordomo regresó.
Y esta vez…
Su expresión era distinta.
Más suave.
Más… cómplice.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Por aquí, señorita.
Eloise no lo notó del todo.
Pero el hombre ya había hecho su propia interpretación.
[Así que es ella… La futura condesa… que bien, pensé que nuestro conde se quedaría solo]
No dijo nada en voz alta.
Pero su actitud cambió.
Respetuosa.
Atenta.
Incluso… ligeramente entusiasta.
La guió por los pasillos.
Elegantes.
Ordenados.
Sobrios.
Hasta llegar a una puerta.
La abrió.
—Esta será su habitación.
Eloise entró.
Y se detuvo.
La habitación era amplia.
Cómoda.
Cuidada.
Nada que ver con la suya en la mansión Knapp.
Se giró levemente.
Y entonces lo vio.
El conde Archer estaba en el pasillo..
De pie.
Observando.
En silencio.
Como si ya estuviera evaluando algo.
El mayordomo sonrió apenas, cerrando la puerta tras ellos.
Dejándolos solos.
Y en su mente…
Una sola idea..
[Sin duda… será la próxima condesa.]
Eloise, sin embargo…
Tenía una idea muy distinta.
Porque para ella…
Eso no era un cuento de amor.
Era una oportunidad.
Y estaba decidida…
A aprovecharla hasta el final.
Eloise se quedó sola en su nueva habitación unos minutos después de que el mayordomo cerrara la puerta.
Miró alrededor.
Lentamente.
Con atención.
La cama era amplia.
Las telas… suaves.
La luz entraba con calidez por las ventanas.
Todo estaba limpio, cuidado, pensado.
Nada que ver con el rincón frío y olvidado que había sido su habitación en la mansión Knapp.
Sus manos se entrelazaron frente a ella.
—Tranquila… —se dijo en voz baja.
Porque, a pesar de todo…
Estaba nerviosa.
Muy nerviosa.
No era solo el cambio de lugar.
Era él.
El conde Archer.
Su mirada.
Su forma de hablar.
Su presencia.
Pero cerró los ojos un segundo.
Respiró.
Y luego…
Sonrió apenas.
—Es una oportunidad.
Y no pensaba desaprovecharla.
No pasó mucho tiempo antes de que el mayordomo volviera.
—Señorita, si me permite… le mostraremos la mansión.
Eloise asintió de inmediato.
—Sí, gracias.
Y así comenzó el recorrido.
Pasillos amplios.
Salones ordenados.
Todo en armonía.
Sin excesos.
Sin ostentación innecesaria.
Pero sí… con dignidad.
Luego los jardines.
Verdes.
Cuidados.
Hermosos en su sobriedad.
Eloise caminaba observando todo con atención, pero lo que más le llamaba la atención…
No era el lugar.
Eran las personas.
El mayordomo.
Los sirvientes.
Todos la trataban con respeto.
Con cuidado.
Como si su presencia importara.
Como si… la vieran.
Y eso…
La descolocaba un poco.
[Me tratan muy bien ¿serán asi con todos los invitados]
Muy diferente era el trato que ella esperaba, pero eso la hacia feliz..
—La buscaremos para la cena —indicó el mayordomo al final del recorrido.
Eloise asintió.
—Gracias.
Cuando bajó al comedor, todo estaba listo.
Y, sin esperar, le sirvieron.
Ella parpadeó, sorprendida.
—Gracias…
Se sentó.
Miró la mesa.
Y no pudo evitarlo.
—Se ve delicioso…
Levantó la vista.
—¿El conde no cenará?
El mayordomo respondió con calma..
—El conde está ocupado.
Eloise asintió.
No insistió.
Y entonces…
Comenzó a comer.
El primer bocado fue suficiente.
Sus ojos se iluminaron.
—Esto es…
No terminó la frase.
Pero no hacía falta.
Era delicioso.
Y después de tanto tiempo…
De porciones pequeñas.
De esperar.
De arreglos secretos con las cocineras…
Aquello se sentía como un festín.
Probó de todo.
Sin prisa.
Con gusto.
Con una felicidad tranquila.
Casi infantil.
Cuando aún no terminaba…
La puerta se abrió.
El conde Archer entró.
Se sentó.
Como si nada.
Como si siempre hubiera estado ahí.
Eloise levantó la vista.
Y sonrió.
—Buenas noches.
Su tono fue cálido.
Natural.
Cercano.
Demasiado cercano.
El conde respondió como siempre.
Un gruñido bajo.
Nada más.
Eloise no se desanimó.
No le dio importancia.
Simplemente…
Siguió comiendo.
Probando.
Disfrutando.
Archer la observó.
En silencio.
Y algo en la escena…
No encajaba.
No con lo que esperaba.
No con lo que conocía.
[Come… como si no hubiera comido en días…]
No era ansiedad.
No era desesperación.
Era… disfrute.
Pero también…
Había algo más.
Algo que no le gustaba.
[Ella estuvo demasiado acostumbrada a la escasez]
Su mirada se endureció apenas.
Pero no dijo nada de eso.
No ahí.
No aún.
Pasaron unos minutos.
Eloise seguía probando cosas.
Incluso los postres.
Uno.
Y luego otro.
Con curiosidad.
Con entusiasmo.
El conde dejó los cubiertos.
—Cuando termines.
Su voz fue fría.
Directa.
—Ve a la oficina.
Eloise levantó la vista.
—Sí.
Asintió con facilidad.
Sin dramatizar.
Y volvió a su plato.
Te enviaría una recetas Leo, para alimentarla bien!!!🥰
Muy bien conde León Archer...has exterminado a todos aquellos que procuraron la muerte de Eloise la primera vez...ahora que es la señora de tu casa...ya nadie más atentará contra ella si la sigues protegiendo así