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La Extra Y El Demonio.

La Extra Y El Demonio.

Status: Terminada
Genre:Demonios / Reencarnación / Fantasía épica / Completas
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En una era de antiguos reinos y secretos ancestrales, Astrid D'Avalon, heredera de un linaje con profundos lazos con lo místico, se encuentra en el umbral de un destino marcado por la reencarnación. Tras una muerte injusta, su alma renace en un mundo donde las sombras danzan y los demonios tejen intrigas. Decidida a reescribir su final y el de quienes la rodean, Astrid busca una vida alejada de las complicaciones que una vez la atraparon.

Sin embargo, el destino tiene otros planes. Su camino se cruza con el enigmático Mason Dryad, un ser con un poder formidable y un pasado envuelto en misterio

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

En un bosque milenario, donde la luz del sol se filtraba a través de hojas doradas, residía Eira, una elfa cuya conexión con la naturaleza era profunda y ancestral.

Si la fortaleza de los Giff era un infierno de metal y ruido, el Bosque de Aethelgard era el paraíso olvidado por el tiempo. Al cruzar la frontera de las llanuras volcánicas, el aire cambió de nuevo, volviéndose fresco, cargado de oxígeno y del perfume de la resina antigua. Aquí, los árboles no eran simples plantas; eran colosos con troncos del tamaño de castillos, cuyas hojas no eran verdes, sino de un oro bruñido que capturaba la luz incluso cuando el sol se ocultaba.

—Este lugar no ha cambiado en tres mil años —susurró Faelan, sus ojos brillando con una nostalgia que Astrid nunca había visto en él—. Aethelgard es el pulmón del mundo. Si este bosque muere, la magia se seca.

Astrid caminaba maravillada, tocando la corteza de los árboles, que se sentía tibia y vibrante. Mason, sin embargo, parecía incómodo. La luz dorada del bosque actuaba como un repelente natural para su naturaleza demoníaca.

—Demasiada pureza —masculló Mason, manteniendo su capucha puesta—. Me siento como una mancha de tinta en un lienzo en blanco.

—Tal vez sea lo que necesitas, Dryad —dijo Ronan, quien caminaba con la espada envainada, mostrando un respeto inusual—. Un poco de luz para limpiar la mugre de tus viajes.

De entre las raíces de un árbol colosal, sin hacer el menor ruido, surgió una figura. Era una mujer de una belleza etérea, con orejas puntiagudas y ojos que tenían el color de la miel fresca. Su piel parecía estar hecha de la misma luz que se filtraba entre las hojas. Vestía una armadura orgánica de hojas entrelazadas y portaba un arco que parecía hecho de luz sólida.

Era Eira, la Dama del Otoño Eterno.

—Bienvenidos, caminantes del destino —dijo Eira. Su voz no era un sonido, sino un susurro que parecía nacer dentro de la mente de cada uno—. Astrid D'Avalon, el bosque ha estado cantando tu nombre desde que cruzaste el mar.

Astrid se inclinó ante ella, sintiendo una reverencia profunda. —Eira, buscamos el conocimiento de lo que somos. Los gnomos nos dieron la conexión, las sirenas el pasaje y los Giff el acero. Pero yo... yo sigo sin entender por qué yo. Por qué ahora.

Eira se acercó a Astrid, ignorando a los demás. Sus dedos, largos y finos, rozaron la frente de la joven.

—Buscas respuestas en el presente, pero tu historia es un tapiz tejido con hilos de siglos atrás. Ven. Hay algo que debes ver, algo que mi pueblo ha custodiado desde que el primer árbol brotó de la nada.

Los guio hacia el corazón del bosque, a un claro donde la luz dorada era tan intensa que parecía sólida. En el centro, sobre un altar de raíces vivas, descansaba un objeto cubierto por un velo de seda de araña plateada.

—Muchos creen que la reencarnación es una segunda oportunidad —comenzó Eira, su mirada volviéndose distante—. Pero para la Mística y su Guardián, es una carga. Habéis regresado una y otra vez, siempre en momentos de gran oscuridad. Pero vuestras memorias son fragmentos rotos en un espejo.

—¿Qué quieres decir con "su Guardián"? —preguntó Mason, su voz llena de una sospecha punzante.

Eira se volvió hacia él con una sonrisa triste. —¿De verdad crees, Mason Dryad, que tu encuentro con Astrid en los calabozos de Balin fue casualidad? ¿Crees que tu impulso de protegerla nace de un simple contrato o de tu propio cinismo? —La elfa suspiró—. Tú has sido su Guardián en siete vidas diferentes. A veces como hermano, a veces como amante, a veces como su peor enemigo que encuentra la redención al morir por ella. Vuestras almas están ancladas por un nexo que ni siquiera los dioses pueden romper.

El silencio que siguió fue tan pesado como el hierro de los Giff. Astrid miró a Mason, buscando una respuesta en sus ojos, pero él desvió la mirada, visiblemente perturbado. La idea de que su conexión no fuera una elección, sino un ciclo eterno, era aterradora y, al mismo tiempo, extrañamente reconfortante.

—Para comprender el futuro, debes ver la verdad desnuda del pasado —continuó Eira, señalando el objeto en el altar—. Existe un artefacto, el Espejo de las Verdades Ocultas. No está aquí; se encuentra en el Templo de las Sombras Blancas, en el límite entre este bosque y el vacío. Pero para llegar a él, primero debéis entender la naturaleza de vuestro vínculo.

Astrid se acercó a Eira. —¿Qué nos mostrará ese espejo?

—Lo que habéis olvidado por elección —respondió la elfa—. La razón por la que Balin os odia tanto. No es solo por el poder, Astrid. Es por una traición que ocurrió cuando el mundo era joven, una traición en la que tú, Mason y Balin estuvisteis involucrados.

Astrid sintió un escalofrío. —Dinos dónde está el espejo.

Eira extendió su mano y una hoja dorada voló hacia la palma de Astrid. En su superficie, aparecieron líneas que formaban un mapa radiante.

—Seguid la luz de la hoja. Pero tened cuidado. El espejo no solo muestra la verdad; la impone. Si vuestras almas no están preparadas para ver lo que hicieron en el pasado, la visión podría destruiros.

—Ya nada puede ser peor que la incertidumbre —dijo Astrid, cerrando su mano sobre la hoja dorada.

—No estés tan segura, pequeña mística —advirtió Eira—. A veces, el olvido es el mayor regalo de la misericordia.

Mientras el grupo se preparaba para partir hacia los límites del bosque, Astrid no podía dejar de mirar a Mason. Él caminaba a unos pasos de distancia, más solitario que nunca. La revelación de que habían estado juntos en múltiples vidas explicaba la intensidad de lo que sentía, pero también planteaba una pregunta angustiante: ¿Estaban destinados a salvar el mundo, o estaban condenados a repetir el mismo ciclo de sacrificio y pérdida por toda la eternidad?

El bosque de hojas doradas pareció suspirar mientras se alejaban, un murmullo de voces ancestrales que parecían desearles suerte en un viaje donde la mayor amenaza no era Balin, sino la verdad que los esperaba al final del camino.

Eira les habló de un espejo capaz de mostrar verdades ocultas, un objeto vital para comprender la naturaleza de sus reencarnaciones.

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Adrianis López
Que protagonista tan inútil y ridícula
Lelu 🇺🇾
maravillosa!!! 🥰🥰🥰 historia fantástica!! 👏👏 Redacción y ortografía impecables!! 😁 agradezco infinitamente el haber compartido tu trabajo 🥰🥰😍
Lelu 🇺🇾
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 pobre Astrid!!! De Guate-mala a Guate-peor🤣🤣🤣🤣
Mónica Aulet
Que quería que los dejara vivos para tomar el té? todavía que la salva se queja porque los mato a todos
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