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MAS ALLA DE LA TORMENTA

MAS ALLA DE LA TORMENTA

Status: Terminada
Genre:Casarse por embarazo / Reencuentro / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:220
Nilai: 5
nombre de autor: Cecilia Ruiz Diaz

Más allá de la tormenta es la historia de Juan Manuel, un hombre noble y humilde que se enamora de Adela, una joven que trabaja en una casa de placer, Pero la vida no los deja estar juntos. todo cambia cuando nuestro protagonista recibe una herencia de su padre y por vueltas del destino, se casa con Elena, una joven un poco rebelde y de ciudad, que debe adecuarse a la vida en el campo.

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CAPITULO 4: MI OTRA HISTORIA

CAPITULO 4: MI OTRA HISTORIA.

El camino de regreso de la ciudad de Córdoba fue duro también, hubo algunas lluvias fugaces. Raúl había comprado algo de comida en lo de doña Chabela, Pero si no era suficiente, podrían casar algún animalito silvestre, se dijo... si aún recordaba como se hacía de su vieja vida. Si querían descansar y dormían un poco en la intemperie, si necesitaban refrescarse se daban un chapuzón en algún arroyo que había al pasar.

-Debí habérmela robado.- decía Juan Manuel cada vez que paraban a descansar.

-No lo hubieses logrado, hermano. Te hubiesen asesinado si te descubrían.-- respondió Raúl.

-Mejor eso a sentir este dolor en lo más profundo de mi pecho que Me está quemando.- repetía él.

-Ya vendrá otra, peñi.- trataba de controlarlo su amigo.

-Ya no quiero a nadie más.- respondía con mucha frialdad el joven herido.

A Raúl le daba mucha pena ver a su amigo de la infancia así. Quizás era la primera vez que se enamoraba, Pero estaba seguro de que con el tiempo su dolor culminaría.

Al llegar, por unos días, Juan Manuel, vagaba de un lado a otro como un alma en pena. A medida que pasaban los días, se refugió en su trabajo, los animales y su huerta. Le gustaría comprar algunas tierras lindas para poder expandir su territorio y su producción, o tal vez, comprarse unas vacas y dedicarse a ese negocio.

Al pueblo no había regresado, le traía muchos recuerdos, si necesitaba alguna cosa se lo encargaba a María o Carito, cuando iban a hacer compras para el hogar.

Un día estaba tratando de hacer un poso para poner un poste y crear un alambrado para el corral de las ovejas, y apartarlas de las tres vaquitas que poseía, cuando diviso a lo lejos un carruaje que se acercaba a lo lejos. A medida que se acercaba, comprobaba que su vista no lo engañaba. ¿Qué hacía un carruaje por esa zona, en medio de la nada? ¿Estaría perdido? Se preguntó.

cuando llegó, se bajó un hombre muy elegante y bien vestido. Probablemente no era de allí, y comprobo que no era ni siquiera del país al escuchar su acento español.

-Disculpe...- dijo el hombre -Estoy buscando a Juan Manuel Chávez.-

Juan Manuel lo miro por un segundo, dudando en su proceder.

-Sí, soy yo.- respondió, al fin.

-Oh, mucho gusto.- dijo el caballero, estirando la mano para saludarlo. El muchacho se limpió la mano pasándola por la camisa y luego se la estrecho -Soy el doctor Benito Hernández.-

-Perdón... Pero sigo sin entender.-

-Soy el abogado de su padre, el señor Juan Manuel Placeres y mi asunto está relacionado con su herencia.-

El joven hombre se quedó mirándolo incrédulo, hasta que largo una carcajada sarcástica.

-¿Mi padre?- pregunto riendo -Lo único que sé dé mi padre es que mi madre era su empleada y, que luego, regreso a nuestro pueblo, junto a su familia, llevándome a mí en su vientre, huyendo de él, supongo. Así que no creo que haya Sido muy buena persona.- e intento seguir con su trabajo.

-Señor... Señor.- insistió el abogado -He estado en su busca desde antes que su padre enfermara, lamentablemente él murió sin poder encontrarlo, ahora necesito que me escuche.

-Si lo que me dice es cierto, ¿por qué no me busco antes, cuando era un niño?... Disculpe Pero creo que se equivoca de persona.- lo interrumpió Juan Manuel.

-No sé lo que ha ocurrido en el pasado, de verdad lo desconozco, Pero lo he encontrado gracias a una carta que su madre, Rosario Chávez, le enviaba... Y con frecuencia al parecer.- agrego el hombre.

-¿Mi madre le enviaba cartas?- pregunto extrañado.

-Aquí traigo una de hecho.- contesto el señor Hernández, entregándole la epístola.

Juan Manuel la tomo y comenzó a leer sin pestañar, frunciendo el ceño.

-Señor, me hospedaré en el pequeño... Hotel del pueblo. Si usted decide aceptar la herencia hágame el favor de avisar, así regresamos juntos a España, para tomar posesión de la misma.- dijo Benito, se despidió y se fue.

Juan Manuel no sabía qué pensar, se sentía muy confundido. ¿Esto era verdad? Solo una persona podía aclarar sus dudas.

Con la carta en la mano se dirigió hacia la casa. Encontró a María en la cocina, junto a Carito.

Ambas mujeres lo observaron y luego se miraron. Luego Carito se retiró. En silencio, el joven, se sentía en una silla junto a la mesa y le entrego una carta a la mujer.

-¿Qué sabes de mi padre?- pregunto.

-Yo no se nada.- dijo la mujer mirando la misiva, tratando de leer con mucha dificultad

-Eras la mejor amiga de mi madre.- insistió él -No mientas.

La mujer lo miro, con esos tiernos ojos que reflejaban los duros golpes de la vida.

-¡Ay mi niño de ojos claros!- exclamó tomando su mano y sentándose a su lado -Lo que se es que mi Rosario lo amo mucho, pero él era casado. Cuando su mujer los descubrió la corrió, así fue como llegaron, junto a tus abuelos, con nosotros, en dónde creciste durante 7 años...-

El muchacho la miraba fijo sin pronunciar palabra.

-Tu madre era una hermosa andiesita de ojos azules como el cielo, heredado de tu abuelo alemán, era imposible no admirarla.- agrego la mujer.

-¿Y de las cartas?- pregunto Juan Manuel.

-De eso no se na', Pero imagino que comenzó a escribirle cuando fue a trabajar a lo de García Teagle, pa' darte un buen futuro a ti.- respondió María.

Siempre sintió que le faltaba una parte de su historia. Con el tiempo aprendió a esconder el vacío que esto le generaba, Pero ahora tenía sed de saber más, aunque aún no estaba seguro si aceptar esa dichosa herencia.

Cinco días después, luego de un viaje en diligencia, hasta rio cuarto y de allí en tren hasta Buenos Aires, se encontraba ahí, frente a un barco, con los ojos llenos de asombro "¡Nunca había visto un bicho tan grande!", se dijo para sí.

Sus primeros días en alta mar no fueron muy buenos que digamos. Vivía con mareos, vómitos, no era como lo había imaginado.

Una tarde, al sentir náuseas, se acercó a estribor porque sentía la necesidad de devolver el poco almuerzo que probó. Un hombre de unos 40 años fue hacia él, atraído por su mal estar.

-¿Primera vez en alta mar, amigo?- pregunto el hombre con mucha dificultad, al parecer era inglés.

-¿Se nota mucho?- pregunto él tapándose la boca con un pañuelo y el señor rio.

-¿Viaja solo?- consulto ayudándolo a llegar hasta unos bancos.

-No, con mi ab... Con un amigo, Benito. No sé en dónde se encuentra en este momento.- respondió sin dar mucha información personal.

-Me presento, soy Armand Watson.- dijo el caballero dándole la mano.

-Juan Manuel Chávez.- respondió él más repuesto -¿A dónde viaja?- pregunto para tratar de establecer una conversación.

-Oh, soy de Londres Pero viajo a Madrid, para... ¿Cómo se dice?, visitar amigos y comprometerme, al fin, con mi amada.-

-Yo también viajo allí, aunque no viene al caso para qué. Me gusta conocer otros países.- comento él.

-Yo viajo por el mundo en busca de aventuras, Pero creo que ya es hora de... sentar cabeza.- agrego Armand.

Así fue como establecieron una amistad con el inglés, con la compañía de Armand y el señor Hernández se le hicieron más llevadera su experiencia en alta mar.

Con el paso del tiempo, los mal estares cesaron, cuando anclaron se dió cuenta de que disfruto de los últimos días de su viaje. ahora estaba ansioso de saber cómo seguiría su vida.

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