Ella renace en otra época, decidida a priorizarse a si misma y a no enamorarse para no sufrir.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
** Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Lord Sallow 2
Esa noche, después de un largo rato, Lord Sallow caminó hacia la oficina de Regina.
Dudó antes de tocar.
Algo poco habitual en él.
Finalmente, lo hizo.
—Adelante —respondió ella desde dentro.
Entró.
La encontró tal como la había dejado… pero distinta.
Sentada, concentrada, rodeada de libros.
Enfocada.
Levantó la vista al verlo.
—Padre.
Él cerró la puerta tras de sí.
—Quería hablar contigo.
Ella asintió, dejando la pluma a un lado.
—Lord Chapman vino.. A pesar de que envié el mensaje.
Regina no se sorprendió.
Solo lo miró.
—Lo imaginé.
Lord Sallow vaciló un segundo.
—Dijo… que regresaría. Que no esperaría para siempre.
Hubo un pequeño silencio.
Entonces Regina habló.
—Espero que la próxima vez… usted muestre un poco más de interés por lo que yo quiero.
Sus palabras no fueron duras.
Pero sí claras.
Directas.
—Y que me apoye.. Quiero ingresar a la academia.
Sostuvo su mirada.
—No quiero casarme con Lord Chapman.
El peso de esa declaración llenó la habitación.
Lord Sallow abrió la boca, como si fuera a responder.
Como si fuera a argumentar.
Pero Regina no le dio espacio.
—Usted lo sabe.. Los matrimonios sin comunicación… sin respeto… están destinados al fracaso.
Una pausa.
Sus ojos no se apartaron de los de él.
—Y yo no quiero eso para mi vida.
El silencio que siguió fue distinto.
No incómodo.
Sino revelador.
Porque no había nada más que decir.
Lord Sallow la observó… realmente la observó.
Y por primera vez… no vio a una niña distante.
Vio a una mujer.
Una que sabía lo que quería.
Y lo que no.
Cerró la boca.
Y no insistió.
Porque en el fondo… sabía que esta vez, si hablaba, sería para perderla aún más.
Así que no dijo nada.
Y en ese silencio… por primera vez, respetó su decisión.
Los días que siguieron fueron… extrañamente tranquilos.
No hubo discusiones.
No hubo visitas incómodas.
No hubo decisiones impuestas.
La casa Sallow, por primera vez en mucho tiempo, parecía respirar.
Lord Sallow no buscaba a Regina con insistencia.
No intentaba acercarse más de lo que ella permitía.
Pero había pequeños gestos.
Silenciosos.
Cuidadosos.
A veces, al final del día, un sirviente dejaba nuevos libros sobre su escritorio.
Textos más avanzados, tratados que no estaban en su colección inicial, incluso cuadernos en blanco de buena calidad.
Regina lo entendía.
No era una disculpa.
No era una conversación pendiente.
Era… una forma de apoyar sin invadir.
Y, sorprendentemente, era suficiente.
Ella pasaba las horas estudiando.
Ya no con urgencia… sino con claridad.
Había días en los que el cansancio aparecía, en los que el pasado intentaba filtrarse en sus pensamientos… pero entonces recordaba.
Recordaba la otra vida.
Recordaba la caída.
Recordaba la soledad.
Y volvía a enfocarse.
Porque esta vez… sí tenía una oportunidad.
La carta llegó una mañana.
El sello de la academia era inconfundible.
El corazón de Regina latió con fuerza cuando la recibió.
Sus dedos, aunque firmes, no pudieron ocultar del todo la emoción al romper el lacre.
Abrió el sobre.
Leyó.
Y por un instante… el mundo se detuvo.
Había sido aceptada.
El aire escapó de sus labios en una risa suave, casi incrédula.
Sus ojos recorrieron las líneas una vez más, como si necesitara confirmarlo.
Era real.
No era un sueño.
No era una ilusión.
Era su futuro… abriéndose frente a ella.
Sin perder tiempo, salió de la habitación y buscó a su padre.
Lo encontró en su estudio.
—Padre.
Él levantó la vista.
Algo en su tono lo hizo ponerse de pie.
Regina avanzó unos pasos y extendió la carta.
—Fui aceptada.
El silencio que siguió fue breve… pero lleno de significado.
Lord Sallow tomó el documento, lo leyó con atención.
Y asintió.
—Lo lograste.
No hubo grandes celebraciones.
No hubo abrazos efusivos.
Pero en su voz… había algo genuino.
Orgullo.
Regina lo observó.
Y habló con la misma claridad que había aprendido a sostener.
—Ahora tendré un futuro distinto.
Una pausa.
—No dependeré de nadie.
Las palabras fueron firmes.
Seguras.
Y aunque no eran un reproche directo… golpearon algo en el interior de Lord Sallow.
Porque sabía.
Sabía que, en parte, ella hablaba desde lo que había visto… y desde lo que había heredado.
Su mente viajó, inevitablemente, al pasado.
A su matrimonio.
Un acuerdo conveniente.
Sin amor real.
Sin conexión.
Y luego… sus errores.
Sus infidelidades.
Sus decisiones.
Nada de eso tenía justificación.
Nada.
Bajó la mirada un segundo.
Pero cuando volvió a verla… ya no lo hizo desde la culpa.
Sino desde una decisión.
Quizá no había sido un buen esposo.
Pero aún podía elegir ser un buen padre.
—Tienes razón —dijo finalmente.
Y esta vez… no hubo duda en su voz.
Desde ese día, las cosas cambiaron.
No de forma abrupta.
Pero sí constante.
Lord Sallow dio una orden clara..
Lord Chapman no volvería a entrar en la mansión.
Sin excepciones.
Sin excusas.
Y esta vez… la cumplió.
Además, se involucró.
Ayudó con los documentos de ingreso.
Revisó fechas, requisitos, detalles.
Pequeñas cosas… que construían algo más grande.
Apoyo.
Real.
Una semana después, la tarde de la partida llegó.
El carruaje estaba listo frente a la entrada principal.
El equipaje ya había sido acomodado.
El aire tenía ese tono particular de los momentos importantes… donde todo parece más lento.
Regina salió de la casa.
No miró atrás de inmediato.
Caminó con calma, con la seguridad de quien sabe hacia dónde va.
Lord Sallow ya la esperaba.
Se miraron.
No había lágrimas.
No había abrazos.
Pero tampoco había distancia fría.
Había algo nuevo.
Respeto.
—Cuídate —dijo él.
Simple.
Honesto.
Regina asintió.
—Gracias… por apoyarme.
Y en esas palabras… había más de lo que parecía.
No era solo por la academia.
Era por haber escuchado.
Por haber cambiado.
Por haber estado… esta vez.
Se sostuvo ese silencio unos segundos más.
Cómodo.
En paz.
Luego Regina subió al carruaje.
Y cuando este comenzó a avanzar, no sintió miedo.
No sintió duda.
Solo una certeza profunda.
Esta vez… no estaba huyendo de su vida.
Estaba yendo hacia ella.
Y por primera vez…
Ese camino le pertenecía por completo.