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Tus Sentimientos Matan

Tus Sentimientos Matan

Status: Terminada
Genre:Madre soltera / Embarazo no planeado / Malentendidos / Contratadas / Completas
Popularitas:31.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Diris Basto

Shelsy Ereu , una jóven de belleza natural y esto párese ser su castigo, el destino es un criminal en su vida ,nada aprese salir según sus deseos .

NovelToon tiene autorización de Diris Basto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 2. La huida

El ruido de las balas interrumpe la aparente calma de una hacienda cafetera. Una niña corre a esconderse tras unos arbustos de café, detrás de una casona de dos pisos. Los gritos desesperados de una mujer se escuchan clamando piedad:

—¡No… no, por favor! ¡No hemos hecho nada! ¡No… no nos vayan a matar!

Se escucha el estruendo de un fusil. La voz se silencia.

-La joven se despierta abruptamente dentro de la cueva. El estruendo de los truenos iluminaba el interior. Ella abraza a su pequeña hija, que apenas se despierta.

La hacienda cafetera y el estruendo de los fusiles parecían ser solo un sueño… o, en este caso, una pesadilla.

Ya es de día, pero aún llueve, aunque con menos intensidad.

—No llores, mi niña. Aquí está tu mamá. Estaremos bien, te lo prometo.

La joven besa a su hija. Miraba hacia afuera cuando, al moverse, se percató de que la planta del pie derecho le dolía. Al revisar, vio sangre: se había cortado profundamente. La herida no era muy grande, pero sí profunda. El dolor empezó a sentirse.

Pero la bebé empezó a llorar.

—Seguro es su pañal —pensó ella mientras la revisaba.

Retiró el pañal de la bebé y la dejó solo con su pantaloncito. Luego la amamantó. La niña se calmó y se quedó dormida.

Ella la colocó con cuidado en el suelo mientras buscaba algunas enredaderas y hojas anchas de los arbustos. Las sujetó a sus pies en forma de zapatos; el camino sería largo y sus pies estaban muy lastimados.

Con sus manos tomó un poco de agua de lluvia que caía desde la superficie de la cueva y la bebió. Eso calmaría un poco la agonía de su estómago.

La lluvia parecía terminar. Los truenos dejaron de escucharse. Tomó a su hija en brazos, salió de la cueva y empezó a desplazarse con cuidado por el camino lodoso. No estaba segura de hacia dónde se dirigía, pero lo principal era encontrar el río y pasar al otro lado, donde estaría más segura.

Unos kilómetros atrás, en el claro del bosque, el joven se alistaba para salir en compañía de sus hombres.

Alan Veruz es el jefe de este lado del río. Sus plantaciones de amapola son las mejor cotizadas, aunque crecen camufladas entre grandes cultivos de plátano, café y cacao. Cinco hombres armados son sus escoltas personales y los hombres de su mayor confianza.

Los obreros se quedan en un cambuche escondido en la montaña para no ser encontrados con facilidad por las patrullas aéreas. En el campamento procesan la flor y la convierten en la mortal droga.

Kiro Zaen es su hombre más allegado y amigo de confianza.

Kiro lo mira fijamente mientras lo ve alistar su arma.

—Patrón, ¿llevaremos el perro?

—No. Anoche estaba desesperado, pero el perro les causaría daño. Iremos al lugar donde perdieron el rastro. Tal vez encontró refugio de la tormenta.

—¿Por qué no la deja libre? Finalmente ella no lo quiere… y la niña…

—¡CALLA, INSOLENTE! ¡No digas nada! ¡No es tu problema! ¡No te permito que opines al respecto!

—Perdón, señor… pero no solo soy su empleado, soy su amigo… y esa niña lo ha hecho perder la cabeza.

Alan lo miró fijamente. No dijo nada al respecto. Solo pronunció unas cuantas palabras:

—Vamos. Indíquenme el camino.

Y así todos salieron de la casa a buscar a la joven.

Entre tanto, ella se las arreglaba para llegar al río. Por fin escuchó las aguas. Eso le dio alegría, pero al divisar el río pudo ver que la corriente era fuerte. Sería difícil cruzarlo.

Se sintió muy angustiada. Al mirar atrás vio sus propias huellas en el suelo lodoso.

—Si las siguen, me encontrarán.

Así que tomó el cobertor de la bebé. Por suerte era lo suficientemente grande para atarlo cruzado a su espalda. Metió a la bebé contra su pecho y sujetó la cobija cubriendo a su hija. Amarró con fuerza pasando una punta por debajo de su brazo derecho y la otra por su hombro izquierdo.

Lo había aprendido hace tiempo. Así trabajaban muchas mujeres en los cultivos con sus hijos cargados: a veces en la espalda, a veces en el pecho. Ella llevaba a su pequeña en el pecho.

Decidió seguir río arriba con mucho cuidado por las orillas, donde el agua pasaba. Así se borrarían sus huellas.

Alan y sus hombres llegaron al lugar donde la noche anterior habían perdido el rastro. Pero no había huellas; la lluvia las había borrado.

De pronto, Kiro Zaen gritó:

—¡Patrón, mire!

Alan se apresuró. Había huellas hacia la roca. No se sabía si iban o venían, así que las siguieron. Pasaron los arbustos y encontraron la cueva. En el suelo estaba el pañal de la bebé y un pequeño charco de sangre a unos pasos.

—Se refugió —dijo Alan, un poco aliviado—. Pero una de las dos está herida. Volvamos a las huellas; seguro son las que dejó al salir.

Al seguir el curso de las huellas se dieron cuenta de que se dirigía al río.

—Vamos. Si está herida no puede avanzar mucho. Además, la corriente debe estar muy fuerte. No podría cruzar… y menos con la bebé —dijo Kiro.

Los hombres se apresuraron siguiendo las huellas.

Ella avanzaba con dificultad río arriba. Estaba cansada. Sus pies le dolían. Tenía hambre y sed, pero no estaba dispuesta a rendirse.

El río se hacía más angosto. Entonces divisó un árbol. Seguro el fuerte viento lo había derribado. Sus ramas cruzaban hasta el otro lado y el tronco apenas se sostenía de este lado de la orilla. La fuerza del agua lo golpeaba con violencia. Era obvio que en cualquier momento la corriente se lo llevaría.

Tomó el riesgo.

Lo cruzaría.

Pero las hojas en sus pies hacían que resbalara, así que se las quitó. Al poner los pies en el tronco le dolían mucho, pero aun así siguió con cuidado, un paso a la vez.

El tronco empezó a crujir. Las frágiles raíces cederían pronto. Faltaba poco para llegar.

Sintió miedo. Si caía al río, la corriente la arrastraría y las dos morirían.

Tomó aire. Afirmó los pies. Miró hacia adelante. Abrazó a su hija… y corrió.

Las ramas se balancearon por la presión que ejercía y por la corriente del agua. Se sintió cuando la raíz se partió.

Un paso más.

Un gran salto.

Cayó violentamente sobre su costado derecho al otro lado del río. La orilla era resbalosa y su cuerpo se deslizaba hacia el agua. Su bebé empezó a llorar.

Con su mano izquierda se sujetó de un tronco con mucha fuerza mientras veía las ramas del árbol ser arrastradas por la corriente.

Aún no estaba a salvo.

Su mano se cansaba. Con sus pies adoloridos luchó por impulsarse hacia arriba en el lodo. Con una mano sujetaba a su hija y con la otra se agarraba de ramas y troncos, arrastrándose boca arriba con la fuerza de los pies hasta llegar a un terreno más firme.

Pero no había tiempo para descansar. Debía alejarse de la orilla. Si Alan la encontraba, seguro dispararía desde el otro lado.

Se levantó con dificultad y corrió hasta alejarse unos metros. Entonces, tras un gran árbol, se sentó a descansar y a revisar a su hija. Luego la amamantó para calmarla.

Alan siguió las huellas hasta la orilla del río, pero no sabía hacia dónde se había dirigido después. Así que dividió al grupo: Kiro iría con dos hombres río arriba y él con los demás río abajo.

La verdad, ya no esperaba encontrarla con vida. Si se había atrevido a enfrentar la corriente, seguro estarían muertas. Tendría suerte si encontraba los cuerpos.

Un gran árbol arrastrado por la fuerza del agua los sorprendió.

Era un árbol enorme.

Alan perdió toda esperanza.

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Adriana Ramirez
dos cosas primero bien hecho don Andrés👏segundo q ortografía tan pésima🤦
NURA: es el comentario que más valoro .🥰🥰🥰 la corregiré , es mi primera novela .
total 2 replies
Cony Molina
Excelente
Maria Angeles Navarro
🤗💯
Bertha Nucamendi
sigue escribiendo, me gustó t
la historia con el tiempo se mejora, te deseo mucho éxito.🙏
Marlesby Gutierrez Alvarado
Bueno
Lourdes Ruiz
hola estuvo buena la novela sigue escribiendo así felicidades
Jenny Gonzalez de G
bella novela hermosa y el final estupendo gracias
Jenny Gonzalez de G
Bien hecho
Bertha Nucamendi: excelente decisión de don Andrés ☺️
total 1 replies
Ginita Ma La
Gracias mi querida escritora por regalarnos un poco de tu tiempo plasmado en este epílogo,muy buena historia
KA AMAN
Gracias autora, estuvo muy bella y buena la historia me encantó muchísimo!! Regalenos un epílogo donde nos detalle la boda y la vida de cataleya y los demás años después por favor! 🤭🤭🤭
Ginita Ma La
Que pena que llegue a su fin,había más por explotar,bueno,ni modo,todo tiene un inicio y un final,una historia muy hermosa y triste, con un final feliz,regálanos un epílogo de impacto con un bebé de milagro de Fredy y Kataleya
Ginita Ma La
Que bien Kataleya,los golpes de la vida la hicieron fuerte,y que se de la oportunidad de ser feliz junto a Freddy que la vio crecer a los mellizos desde el vientre y los querrá aún más,ya celeste hasta le dijo papá porque está despertando con él.....
Ginita Ma La
una despedida celestial al más allá,Kataleya dale la oportunidad a Fredy de llegar a tu corazón y se feliz por ti y por tus hijos,que él adora
KA AMAN
Me encanta su historia autora, es buenísima!!!
KA AMAN
Que emotivo, llore mucho con la despedida de Victor y Cataleya 😭😭😭😭 que triste que no pudieron ser felices nunca 😢 💔
Eva Valdes
historia formidable te adentras y quieres más y más y sigues y dicen completa y ahora me paran capitulo 72
NURA: estamos en la etapa final , gracias por tus comentarios , y apoyo🥰
total 2 replies
KA AMAN
esta buenísima 👍🏻 excelente trabajo 👍🏻
yurelkis guevara
Está Buenísima. Más Autora Más.
yurelkis guevara
Es Muy Envolvente. Solo Que La Autora Sube Uno O Dos Capítulos Por Día. Y Se Tiende A Perder La Emoción. Pero Me Encanta La Historia. Felicidades Autora
yurelkis guevara
Yo Creo Que Es El Hermano De Milton. El Tal Indio!!
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