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FANTASÍA REAL

FANTASÍA REAL

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

"Mis padres se fueron en un segundo, dejándome un vacío que quemaba. Pero el destino, con un sentido del humor retorcido, decidió llenarlo instalándome en la habitación de al lado del hombre que protagonizaba mis diarios desde los doce años. Ahora, sus pasos en el pasillo son la única música que me distrae del silencio de mi casa vacía."

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capitulo 16

La lluvia de la mañana había dejado paso a un atardecer de un violeta hematoma, un color que parecía reflejar el estado de mi ánimo después de la visita de Valeria. La imagen de Julián rodeando su cintura, presentándola como el pilar de su futuro profesional y personal, se había quedado grabada en mi retina como una quemadura química. Cada vez que cerraba los ojos, oía la voz gélida de ella llamándome "hermanita", y sentía el sabor a traición de aquel beso robado en la despensa.

Esperé a que la casa de los Martínez se sumiera en esa modorra de media tarde. Ana estaba en el piso de arriba, probablemente echando una siesta, y Sofía se había ido al gimnasio para quemar la energía que siempre le sobraba. El señor Martínez estaba en su despacho, el único lugar donde el silencio era ley.

Salí de la casa sin hacer ruido, vestida con una gabardina oscura y una bufanda que me tapaba media cara. No quería que nadie me reconociera, no quería ser la huérfana desvalida ni la amiga de la familia. Quería ser el fantasma que Julián había creado.

Tomé un taxi hasta una zona de la ciudad que apenas conocía: el distrito financiero, donde los edificios de cristal se alzaban como cuchillos cortando el cielo gris. El Apartamento 4B estaba en un bloque antiguo, de esos que conservaban la elegancia de principios de siglo pero que habían sido reformados para albergar a solteros de éxito con poco tiempo y muchos secretos.

Me detuve frente al portal de madera pesada y bronce. Mi mano temblaba tanto que me costó encajar la llave dorada en la cerradura. Al girarla, el sonido del mecanismo abriéndose resonó en mi pecho como un disparo. Entré.

El vestíbulo olía a cera de muebles y a ese silencio denso de los lugares donde vive gente que no quiere ser molestada. Subí por la escalera de caracol, evitando el ascensor por puro instinto de fuga. Al llegar a la cuarta planta, busqué la letra B.

Allí estaba. Una puerta de roble oscuro, impecable, sin nombre ni mirilla.

Introduje la llave. La puerta se abrió sin un solo crujido, como si me estuviera esperando.

Al entrar, lo primero que me golpeó no fue el desorden ni la suciedad; fue la ausencia de vida. El apartamento era un despliegue de perfume y madera, pero elevado a su máxima potencia. Era un espacio de diseño industrial: paredes de ladrillo visto, tuberías de cobre expuestas y grandes ventanales que daban a un callejón trasero. Pero lo que me dejó sin aliento fue lo que colgaba de las paredes.

No eran cuadros de arte abstracto ni planos de arquitectura. Eran bocetos. Cientos de bocetos a carboncillo. Y todos eran de mí.

Me acerqué a la pared principal, sintiendo que las piernas me fallaban. Había dibujos de mis manos pasando las páginas de un libro, de mi nuca cuando me recogía el pelo, de mi perfil mientras miraba por la ventana de la casa de los Martínez durante el luto. Julián no me había estado "protegiendo" estos años; me había estado diseccionando. Me había convertido en su obsesión arquitectónica mucho antes de que pusiera un pie en su cama.

Caminé hacia el centro de la estancia, donde un caballete sostenía un lienzo cubierto por una tela negra. Con el corazón martilleando contra mis costillas, tiré de la tela.

Era yo. Pero no la Elena que el mundo conocía. Era la Elena del hotel, la Elena de la despensa. El dibujo era crudo, explícito y de una belleza aterradora. Estaba sentada en una silla, con el vestido azul cayendo por mis hombros, y mi mirada... mi mirada en el cuadro era de una entrega absoluta, de una mujer que ha aceptado su propia perdición.

—Te dije que eras la estructura de todo lo que construyo, Elena.

La voz de Julián vino desde las sombras del dormitorio, al fondo del pasillo. No encendió la luz. Se quedó allí, apoyado en el marco de la puerta, con una copa de whisky en la mano y la camisa desabrochada. No parecía sorprendido de verme. Al contrario, parecía satisfecho, como si hubiera estado cronometrando cuánto tardaría en usar la llave.

—¿Qué es este lugar, Julián? —pregunté, mi voz quebrando el silencio sepulcral—. ¿Es aquí donde me guardas? ¿Es aquí donde vienes a dibujarme mientras juegas a los novios perfectos con Valeria?

Él caminó hacia mí, sus pasos resonando sobre el parqué oscuro. Se detuvo frente al lienzo y pasó un dedo por la línea de mi cuello dibujado, con una delicadeza que me hizo temblar.

—Este lugar es el único sitio donde no miento —respondió él, su voz ronca—. Fuera de aquí, soy el arquitecto exitoso, el hijo de los Martínez, el prometido de Valeria. Pero aquí... aquí solo soy el hombre que no puede dejar de pensar en ti. Este apartamento es mi verdadera casa. La otra es solo un escenario.

—¡Valeria ha hablado de casarse contigo hoy, Julián! —le grité, sintiendo que la rabia volvía a desbordarme—. Ha hablado de vuestro futuro, de vuestra empresa... ¿Cómo puedes mirarla a ella y luego venir aquí a dibujarme a mí como si fuera una santa o una ramera?

Julián dejó la copa sobre una mesa auxiliar y me tomó de los hombros, sacudiéndome ligeramente. Sus ojos estaban inyectados en sangre, cargados de una fatiga que rayaba en la locura.

—Valeria es el contrato, Elena. Es el hormigón que sostiene mi carrera. Pero tú... tú eres el alma del edificio. ¿Crees que me gusta besarla? ¿Crees que me gusta fingir que me importa su vida perfecta mientras cuento los minutos para volver a casa y oírte respirar al otro lado de la pared?

—Entonces déjala. Si tanto me deseas, déjala y diles la verdad.

Julián soltó una carcajada amarga y me soltó, dándome la espalda.

—¿La verdad? ¿Quieres que le diga a mi padre que estoy acostándome con la hija de sus mejores amigos? ¿Quieres que le diga a Sofía que su "hermanita" es mi amante secreta? No seas ingenua, pequeña. Si el mundo se entera de lo nuestro, todo se derrumba. Tus padres se revolverían en sus tumbas y los míos me desheredarían.

Se giró de nuevo hacia mí, su mirada volviéndose posesiva, casi violenta.

—No te traje aquí para que pidas imposibles. Te traje aquí para que entiendas que no hay salida. Valeria es la fachada que nos protege. Mientras ella esté en mi brazo, nadie sospechará de nosotros. Ella es el precio que pago por tenerte a ti.

Me acerqué a él, invadida por una mezcla tóxica de odio y deseo. Le propiné una bofetada que resonó en todo el apartamento. Julián ni siquiera parpadeó. Se limitó a girar la cara lentamente hacia mí, con una sonrisa sangrienta asomando en sus labios.

—¿Eso es todo? —preguntó, tomándome por la cintura y pegándome a su cuerpo con una fuerza que me dejó sin aliento—. ¿Eso es todo lo que tienes para defendirte de la realidad?

Me besó con una ferocidad que buscaba anular mi voluntad. En el Apartamento 4B, rodeados de mis propios retratos, el juego del gato y el ratón se volvió sangriento. Sus manos me despojaron de la gabardina y del vestido con una urgencia que no aceptaba réplicas. Me empujó sobre la mesa de dibujo, entre sus carboncillos y sus bocetos, y me hizo suya bajo la mirada fija de mis propios ojos dibujados en las paredes.

Fue un acto de posesión absoluta, una forma de recordarme que, aunque Valeria tuviera el anillo y el apellido, yo era la dueña de su obsesión. El placer se mezcló con el llanto en mi garganta, creando un nudo que me impedía gritar. Julián me reclamaba centímetro a centímetro, como si quisiera inscribir su nombre en mis huesos.

—Eres mía, Elena —gruñó él en mi oído, mientras el mundo se desvanecía en sombras violetas—. Y este apartamento es tu verdadera celda. Disfrútala, porque nunca vas a poder salir.

Cuando terminó, me dejó allí, sobre la mesa, temblando y desnuda entre sus dibujos. Se levantó, se abrochó los pantalones y volvió a por su copa de whisky.

—Vuelve a casa antes que Sofía —dijo, sin mirarme—. No queremos que la "hermanita" llegue tarde a cenar.

Salí del Apartamento 4B con el alma hecha jirones y la llave dorada quemándome en el bolsillo. Al bajar a la calle, la lluvia volvía a caer, lavando las calles pero no mi conciencia. Comprendí entonces que Valeria no era el problema. El problema era que Julián me había construido una cárcel de lujo, y yo, por miedo a la soledad del luto, me había convertido en mi propia carcelera.

La "Fantasía Real" se había transformado en una arquitectura del engaño, y yo era la piedra angular sobre la que todo el edificio de mentiras de Julián se sostenía.

1
Margelis Izarra
si después de esto a caraja vuelve a tener sexo con el tipo, no leo más
Margelis Izarra
me parece muy maleable esta protagonista...no me termina de gustar
Rs
.
Blanca Fernandez
ella se sienta acostada por el por qué en este momento tan frágil no está preparada está confundida y el no le deja respirar obtener su duelo está sola ni con la amiga Abla lo que le pasa 🧐🧐
Rocio Raymundo
veremos a qué lleva todo esto
Rocio Raymundo
solo estar un mes en su casa el después que se irá y Elena si acepta solo lo tendrá un mes
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