Una noche.
Un error que no recuerdo.
Y ahora… estoy embarazada.
No sé quién es el padre.
Pero él sí sabe quién soy yo...
Espero te guste.📌💢
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CAPÍTULO 7
Aylin llegó a la oficina más temprano de lo habitual, pero no por responsabilidad.
No había dormido bien.
Se notaba.
El café en su mano temblaba ligeramente mientras caminaba hacia su escritorio. No era frío. No era miedo.
Era… algo raro.
Como un vacío en el estómago.
O al contrario.
Demasiado lleno.
—¿Todo bien? —preguntó una compañera al verla pasar.
Aylin forzó una sonrisa.
—Sí… solo sueño.
Mentira.
Pero ni ella misma sabía exactamente qué le pasaba.
Se sentó frente al computador, abrió un archivo… y se quedó mirando la pantalla sin procesar nada.
El olor.
Algo no estaba bien.
Frunció el ceño.
—¿Siempre huele así…?
El café.
El mismo café que siempre tomaba.
Ahora le daba náuseas.
Apartó la taza de inmediato.
—Ok… eso sí es nuevo…
Respiró profundo, intentando ignorarlo.
No funcionó.
El estómago se le revolvió de golpe.
Se levantó tan rápido que casi tira la silla.
—¿Aylin?
—Ya vuelvo…
No esperó respuesta.
Caminó rápido al baño, cerró la puerta y se apoyó en el lavamanos.
—Respira… respira…
Pero no fue suficiente.
El mareo llegó.
Fuerte.
Repentino.
Se sostuvo como pudo, cerrando los ojos mientras todo daba vueltas por unos segundos.
—Esto no puede estar pasándome ahora…
Se mojó la cara con agua fría.
Una vez.
Dos veces.
Hasta que logró estabilizarse un poco.
Cuando levantó la mirada al espejo…
se quedó en silencio.
—Estoy… bien.
Pero no lo parecía.
Sus ojos lo decían.
Su cuerpo también.
Al salir del baño, caminó más despacio.
Con cuidado.
Como si su propio cuerpo ya no fuera completamente suyo.
Intentó volver a la normalidad.
A su escritorio.
A su rutina.
A su vida.
Pero entonces—
—Aylin.
Se detuvo en seco.
No.
No ahora.
Giró lentamente.
Kael estaba ahí.
Observándola.
Y esta vez…
no con esa mirada fría de siempre.
Algo había cambiado.
—¿Te sientes mal?
Directo.
Sin rodeos.
Aylin parpadeó, sorprendida.
—No… estoy bien.
—No lo parece.
Su voz bajó un poco.
Más seria.
Más cercana.
Aylin sintió el impulso de retroceder.
Pero no lo hizo.
—Solo fue… un mareo.
Silencio.
Kael la miró unos segundos más.
Como si no le creyera del todo.
Y eso la puso nerviosa.
—Deberías sentarte —dijo él finalmente.
No sonó como sugerencia.
Aylin obedeció sin discutir.
No tenía energía para hacerlo.
Kael se quedó de pie a su lado.
Demasiado cerca.
Otra vez.
—¿Desayunaste?
La pregunta la tomó desprevenida.
—Sí…
Pausa.
—Bueno… más o menos.
Kael suspiró apenas.
—Eso explica muchas cosas.
Aylin frunció el ceño.
—No necesito un diagnóstico.
Él alzó una ceja.
—No. Pero claramente necesitas comer mejor.
Y por primera vez…
Aylin se quedó sin respuesta.
No era una conversación de jefe y empleada.
No del todo.
Era… otra cosa.
Algo más personal.
Más incómodo.
Más cercano.
Minutos después, una botella de agua apareció en su escritorio.
Aylin la miró confundida.
—Toma.
Kael.
Otra vez.
—No era necesario.
—Lo es.
Directo.
Como siempre.
Pero no sonaba frío.
Y eso…
la descolocó más que cualquier otra cosa.
Tomó la botella.
—Gracias…
—De nada.
Silencio.
Pero no incómodo.
Diferente.
La mañana continuó, pero Aylin ya no era la misma.
Cada sonido la irritaba un poco.
Cada olor la incomodaba.
Y su cuerpo…
no cooperaba.
En una reunión, incluso tuvo que apartar discretamente un vaso de café que alguien había dejado cerca.
—¿No te gusta el café? —preguntó uno de sus compañeros.
Aylin dudó.
—Hoy no…
—Raro. Siempre tomas.
—Sí, bueno… hoy no.
Pequeñas cosas.
Pequeños cambios.
Pero se estaban notando.
Por la tarde, el cansancio cayó sobre ella como un golpe.
Pesado.
Imposible de ignorar.
Se apoyó un momento en su escritorio, cerrando los ojos.
—Cinco minutos…
Pero entonces—
—Aylin.
Abrió los ojos de golpe.
Kael otra vez.
—Ven.
No era pregunta.
Era orden.
Pero suave.
Aylin dudó un segundo.
—Estoy trabajando—
—Y claramente no estás en condiciones.
Silencio.
Y por alguna razón…
no discutió.
Lo siguió.
La llevó a una oficina más tranquila.
Cerró la puerta.
El ambiente era más silencioso.
Más privado.
Aylin sintió su corazón acelerarse.
—Siéntate.
Lo hizo.
—¿Te pasa seguido?
La pregunta la tensó.
—No.
Mentira.
Pero no podía decir la verdad.
Aún no.
Kael la observó fijamente.
—Entonces empieza a prestarle atención.
Su tono no era duro.
Era… preocupado.
Y eso la confundió.
—No es nada grave.
—Eso no lo decides tú sola.
Silencio.
Otra vez.
Pero esta vez…
más íntimo.
Más real.
Aylin bajó la mirada.
—Solo estoy cansada.
Kael no respondió de inmediato.
Y cuando lo hizo—
su voz fue más baja.
—Cuídate, Aylin.
El corazón de ella dio un golpe fuerte.
Porque no sonó como jefe.
Sonó como algo más.
Esa noche…
Aylin estaba en su cama, en silencio.
Oscuridad.
Tranquilidad.
Pero su mente no paraba.
Se llevó una mano al vientre.
Otra vez.
Ese gesto…
ya era automático.
—Esto… es real…
susurró.
No había dudas.
No había escape.
Solo tiempo.
Y decisiones.
Cerró los ojos lentamente.
—Pero él… no puede saberlo aún…
Porque en el momento en que lo supiera…
todo cambiaría.