Sahara es una chica dulce y amable, que para salvar la vida de su hermana tuvo que entregarse a un mafioso; pero ella se equivocó, da todo por una familia egoísta y esa decisión cambia su vida, ahora ella tiene que empezar a vivir sola, a valerse por si sola, sus problemas empiezan con esa desicion.
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CAPITULO 30. CELOS.
Nil estaba encantado viendo a Sahara, su rostro estaba tan colorado como un jitomate y aunque le gustaba verla así, tampoco quería que nadie pensara mal de ella, que las cosas se malinterpretaran; se acercó a su hija, la levanto en sus brazos y con una voz dulce le dice.
• ¿con quién hablas princesa?
Lía se sintió feliz de que la abrazara y con una voz molesta dice.
• Papá prestado, dile que yo no miento, que mi hermano no sabe lo que yo mire, por favor dile a mi tía Penny, que yo le estoy contando la verdad, que yo no soy mentirosa.
Nil al escuchar el nombre de Penny se le fue la sonrisa, ella no tenía que enterarse de eso, no quería escuchar su sermón y menos porque ya le había prometido que iría lento con Sahara, respetando sus deseos; algo que le había prometido en su momento de sentido común, pero que no iba a poder cumplirle, porque al estar cerca de ella, simplemente no podía ir con calma, moría por tenerla en sus brazos y volverla hacer su mujer.
Nil ya se imaginaba lo que le iba a decir Penny y la verdad no quería escucharla en ese momento; acaricia el rostro de su pequeña y con una voz tranquila le dice.
• Princesa, dile a tu nueva tía, que venga por nosotros, que ya tienes hambre.
La pequeña Lía hizo lo que Nil le pidió, después de que corto la llamada, la volvió a poner en el suelo, la herida le empezó dolor y por no tener los cuidados volvió abrir su herida; Sahara al ver que su herida volvía a sangrar, olvido su vergüenza lo hizo sentar, tuvo que volver a cocerlo, había abierto su herida nuevamente, después solo le puso las últimas gasas que le quedaban. Nil estaba entretenido con su pequeña, que solo quería ayudar a curarlo, mientras que su pequeño tranquilamente se sentó a un lado, viendo lo que hacían; en el momento que Sahara termino, empezó a guardar todo en el maletín y mientras recogía todo le dice con su voz seria, hasta molesta se podía escuchar.
• Será mejor que vallamos al hospital, estuviste mal anoche, necesitas antibióticos, que te revisen para descartar algún daño y deja de abrazar a Lía, harás que tu herida se vuelva abrir; señor, ahora si me disculpa, voy a bañar y cambiar a los pequeños, para ir a desayunar.
Nil la mira de mala manera a Sahara y con su voz tensa le dice.
• Tú estás mal de la cabeza si crees que voy a dejar que los bañes con esa agua helada y que le pongas esa horrible ropa; así déjalos, vamos al hotel para que se bañen ahí, también pedimos ropas para ellos y para ti, quiero que vallamos a comer al mejor restaurante de la ciudad, voy a presumirlos porque son lo mejor que la vida me ha dado.
Sahara lo miraba con una gran sonrisa, con una altanería, que solo le molestaba y la hacía tener deseos violentos, solo quería golpearlo, quitarle esa sonrisa; ella tuvo que hacer de todo para calmarse y no golpearlo, sus pequeños estaban ahí, no era bueno que vieran eso, con una voz seca dice.
• Nil, está bien que te preocupes por los pequeños, ellos tienen derecho de disfrutar de lo que tú quieras darle; pero no te equivoques, conmigo no tienes ninguna obligación y mucho menos tienes derecho a meterte en mi vida. Señor, solo para recordarle, yo soy la mamá y en el futuro, recuerde preguntarme en privado si los pequeños pueden salir o pedir permiso para llevarlos algún lado.
Nil acaricia el rostro de su pequeña, le da una enorme sonrisa y con una imponente le dice.
• Sahara, nosotros vamos a hablar después, vamos a dejar claro las cosas; pero por el momento disfrutemos de estar juntos, no te molestes.
Lín miraba a su mamá enojada y sentía que algo no estaba bien, las palabras que se decían eran confusas para él; pero lo que más le importaba era su mamá y no podía ver así, en ese momento con su voz seria le dice.
• Mamá, si tú no quieres ir con el señor, no tenemos que ir, vamos a quedarnos en casa.
Sahara se dio cuenta de que su pequeño se empezaba a dar cuenta de su rechazo a Nil; eso no era bueno, una cosa era ella, pero otra cosa eran ellos y no podía provocar ese rechazo de un hijo a sus padres. Su rostro se puso triste y Nil se dio cuenta, para ayudarla se para, se acerca a ella, pasa su mano por su cintura abrazándola, en ese momento le dice.
• Lín, no tienes que pensar así, tu mamá solo está cansada, recuerda que no ha dormido, por cuidarme toda la noche, como puedes ver ella y yo nos queremos mucho, no la llevamos muy bien.
Nil, después de decir la besa ah orillas de sus labios, ese pequeño roce la hizo estremecerse y por un momento quiso aventarlo, quitarlo; pero ahí estaban sus pequeños, que los observaban, esperando una respuesta de ella, suspiro profundamente y con su voz nerviosa dice.
• Lín, no tienes que pensar así, yo estoy cansada, pero también tengo hambre; Nil es un gran hombre, que los quiere mucho, ustedes tienen que confiar en él, tienen que quererlo mucho y siempre que tengan un problema pueden decirlo a él o a mí.
Lía corrió abrazar el pie de Nil y con una voz dulce dice.
• Yo, ya lo quiero mucho, a mí si me gusta estar con él.
Lín siguió sentado y con su voz molesta le dice.
• Mamá, porque el señor tiene que estarte abrazando, eso no está bien, él no es familia; señor, si no es mucho pedirle, puede soltar a mamá, no está bien que la abrace, mi maestra dice que las mujeres y hombres que no somos familia deben tener una distancia, porque la gente a nuestro alrededor puede pensar mal.
Nil sonrió con más ganas, se sintió orgulloso de su hijo, sus palabras le decían que su hermosa mujer siempre estuvo cuidada, por su pequeño hombrecito; con una voz emocionada le responde.
• Lín, tienes toda la razón, pero yo no soy un desconocido y soy familia, llegando al hotel vamos a hablar nosotros cuatro, solo sé paciente; lo que, si puedo prometerte, que no dejaré que nadie piense mal de tu mamá, sino todo lo contrario, are que la respeten, le daré su lugar.
Lín se sentía molesto y no le parecía bien la forma en que abrazaba a su mamá, algo no le gustaba de él; se para y se mete en medio de los dos haciendo que se separaran, con su voz seria le dice.
• señor, no esté tan cerca de mi mamá, esto no está bien, por favor tiene que respetarla y no hace falta hablar; si mi maestra dice que esto está mal, es porque no se debe hacer y usted tiene que respetarla. Señor, usted ya debería irse, ya está bien, no hace falta que siga aquí con nosotros, mi mamá tiene que descansar, yo la puedo cuidar.
Nil se sentía orgulloso de su hijo, ese pequeño cuidaba a su mamá como una fierecita sin garras; pero, así como lo hacía sentir orgulloso, sentía que eso iba a ser un problema, su pequeño hijo estaba dando señales de que no lo iba a aceptar tan fácilmente y menos de dejarlo estar con Sahara.
Sáhara realmente le gustaba, él quería estar con ella, pero también quería que su hijo lo aceptara, tenía que pensar cómo ganarse primero al niño; ser padre era una experiencia nueva y el niño se le parecía mucho en carácter, era valiente como él, algo que lo hacía sentir orgullo, pero lo que más le gustaba era, que no temía defender a sus seres queridos. Sin darse cuenta, lo que nunca había planeado o deseado en tener cayó en sus manos de improviso, una familia, en verdad, quería sentir este sentimiento cálido de ser parte de algo tan especial y verdadero como el amor familiar.