«—¿De verdad crees que un hombre como yo jugaría con su propio apellido por una simple actuación? Esto dejó de ser un contrato hace mucho tiempo, Dayana.»
Traicionada por su prometido y despojada de su herencia por su propia familia, Dayana Logan pensó que lo había perdido todo en la noche más fría de su vida. Pero el destino le tenía preparada una carta salvaje: Nolan Cross, el "Emperador de Hielo", el CEO más despiadado e implacable del mundo de los negocios, le ofrece un trato que no puede rechazar. Un matrimonio falso de conveniencia mutua.
Para el mundo, ella es la reina protegida por el escudo de acero de la dinastía Cross; para él, solo un peón en su tablero corporativo. Sin embargo, cuando los secretos familiares explotan en la prensa y una mentira desesperada los obliga a anunciar un heredero falso, las líneas del contrato comienzan a borrarse bajo el fuego de una posesividad salvaje y peligrosa.
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Capítulo 24: El espía en las sombras
La opulencia del ático de la familia Logan se sentía desértica, casi fúnebre. En la pantalla del televisor inteligente de ochenta pulgadas, que dominaba la sala principal, una presentadora de noticias de economía repetía el mismo análisis que había estado atormentando a Vanessa Logan durante las últimas veinticuatro horas:
«...un crecimiento sin precedentes en el sector tecnológico y financiero. El anuncio del embarazo de la futura señora Cross ha disipado cualquier duda sobre la sucesión de la compañía, consolidando el liderazgo de Nolan Cross...»
Vanessa arrojó el control remoto directamente contra la pantalla. El aparato rebotó en el costoso panel de cristal sin romperlo, pero el ruido sordo no fue suficiente para calmar el fuego que le quemaba las entrañas. Tenía los ojos inyectados en sangre y las uñas perfectamente esculpidas se enterraban con saña en las palmas de sus manos.
—Embarazo... —escupió Vanessa, la palabra saliendo de su boca como un veneno corrosivo— Un maldito embarazo milagroso. ¿A quién pretenden engañar?
Conocía a su hermana Dayana mejor que nadie. Habían crecido bajo el mismo techo, compitiendo por las migajas de atención de un padre que solo valoraba el estatus y el poder económico. Sabía perfectamente que Dayana era una mujer meticulosa, pero jamás una estratega impulsiva. Que apareciera de la noche a la mañana, después de haber sido humillada y despojada de su herencia, del brazo del hombre más inaccesible del país y anunciando un heredero en tiempo récord... no tenía la menor lógica. Era una farsa armada con la precisión de un reloj suizo, una puesta en escena orquestada por Nolan Cross para salvar sus malditas acciones y, de paso, darle a Dayana el escudo perfecto para destruirlos.
La envidia y el rencor habían obnubilado por completo el juicio de Vanessa. No podía tolerar ver a su hermana en la cúspide, siendo adorada por la prensa y protegida por un imperio multimillonario, mientras la familia Logan comenzaba a asfixiarse bajo el peso de las auditorías y el desprecio social.
—No me voy a quedar de brazos cruzados viendo cómo te quedas con todo, Dayana —siseó para sí misma, caminando hacia su caja fuerte oculta detrás del espejo del vestidor.
La situación financiera de los Logan era desesperada debido a la contraofensiva de Nolan, pero Vanessa aún conservaba una cuenta secreta en el extranjero, sus últimos ahorros personales, una fortuna que había estado guardando para asegurar su propio futuro en caso de que las empresas familiares colapsaran. Era todo lo que le quedaba. Un fondo de emergencia que cualquier persona cuerda protegería con la vida.
Sin dudarlo un solo segundo, Vanessa transfirió el total de los fondos a una billetera de criptomonedas encriptada. Estaba dispuesta a quedar en la bancarrota absoluta con tal de comprar el arma que derribara el teatro de su hermana.
El nido del escorpión digital
Dos horas más tarde, Vanessa se encontraba en los suburbios industriales de la ciudad, lejos de los destellos de la alta sociedad a la que estaba acostumbrada. El lugar era un almacén abandonado que por fuera parecía una chatarrera, pero cuyo sótano albergaba uno de los secretos mejor guardados del espionaje corporativo clandestino.
Frente a ella, sentado en una silla ergonómica y rodeado por una pared de seis monitores curvos que parpadeaban con líneas de código y servidores remotos, se encontraba "Ícaro", un investigador privado especializado en infiltración cibernética de nivel militar. El hombre, de rostro pálido y ojos fríos detrás de unas gafas de montura delgada, no saludó. Solo observó la confirmación de la transferencia en su pantalla táctil.
—El pago ha sido procesado —dijo Ícaro, su voz monótona y carente de cualquier emoción— Tu saldo está en cero, Logan. Espero que lo que buscas valga el precio de tu estilo de vida.
—Valdrá cada maldito centavo si haces bien tu trabajo —respondió Vanessa, cruzándose de brazos, su abrigo de piel desentonando con el entorno industrial— Quiero la verdad sobre el embarazo de Dayana. Sé que Nolan Cross la llevó al hospital privado del Doctor Evans hace unos días para un chequeo de emergencia que luego filtraron a la prensa.
Ícaro dejó escapar una risa seca, sus dedos flotando sobre el teclado mecánico.
—El hospital privado del Doctor Evans no es una clínica comunitaria, señorita Logan. Es un búnker digital. Atiende a la élite política, a los magnates del petróleo y a las familias reales que pasan por el país. Su servidor central utiliza encriptación de grado militar y protocolos de autenticación biométrica de tres factores. Hackear ese lugar equivale a asaltar el banco central.
—Por eso te estoy pagando una fortuna —presionó Vanessa, dándole un golpe al escritorio— El Doctor Evans es el médico de confianza de la familia Cross. Si hay un registro real, una prueba de laboratorio, un ultrasonido o un contrato de confidencialidad médica que demuestre que el vientre de mi hermana está vacío, está en ese servidor. Búscalo. ¡Destrúyelos!
Ícaro guardó silencio durante unos segundos. La dificultad del encargo encendió su orgullo profesional. Ajustándose las gafas, comenzó a teclear con una velocidad sobrehumana. Los monitores a su alrededor cambiaron instantáneamente de color, desplegando un mapa tridimensional de la red de seguridad del hospital.
El asalto al búnker de Evans
—Iniciando fase de infiltración —anunció el hacker, mientras las líneas de código reflejaban un verde intenso en sus pupilas— No puedo atacar el servidor principal de frente; las alarmas de Cross Enterprises están vinculadas a la red del hospital y Nolan Cross tiene un equipo de ciberseguridad que me detectaría en treinta segundos. Vamos a entrar por una puerta trasera: el sistema de ventilación inteligente y los monitores de ritmo cardíaco de las suites de lujo.
Vanessa observaba la pantalla sin entender los tecnicismos, pero el pulso se le aceleraba a medida que veía los cortafuegos del hospital caer uno a uno. El espía digital estaba usando un exploit de día cero, una herramienta de hackeo indetectable que imitaba las credenciales de un administrador legítimo del hospital.
El segundero del reloj de pared avanzaba con una tensión insoportable. En la pantalla, un gráfico que representaba la base de datos de ginecología y obstetricia del Doctor Evans comenzó a parpadear en amarillo.
—Estoy dentro del sistema de archivos confidenciales del ala médica de Evans —murmuró Ícaro, concentrado al máximo, el sudor comenzando a perlársele en la frente— Buscando por el apellido original: Dayana Logan... Nada. El registro civil fue modificado. Intentando con Dayana Cross... Tampoco hay coincidencias recientes en el historial de maternidad activa.
Vanessa se inclinó sobre el hombro del hacker, casi sin respirar.
—Te lo dije... —susurró con una sonrisa retorcida— Es mentira. No hay ningún bebé.
—Espera —la interrumpió Ícaro, sus ojos abriéndose con sorpresa al detectar una anomalía en el tráfico de datos del servidor— Hay un cortafuegos secundario dentro de la propia oficina virtual de Evans. Un directorio fantasma que no está conectado a la red general del hospital. Está protegido por una clave de encriptación cuántica que solo se genera desde la tableta personal del doctor.
—¿Puedes romperlo? —exigió Vanessa, la desesperación aflorando en su voz.
—Me tomará unos minutos, pero si fuerzo la entrada, se activará un protocolo de borrado automático. Tengo que clonar la llave de seguridad simulando un fallo de energía en el ala oeste del hospital.
Los dedos del hacker se movieron en un frenesí violento. En el monitor central, una barra de progreso comenzó a llenarse lentamente mientras los sistemas de contención del búnker digital intentaban repeler la intrusión. El porcentaje avanzaba con una lentitud exasperante: 45%... 58%... 72%...
El hallazgo
De repente, la pantalla emitió un pitido sordo y el mapa de seguridad se tiñó de un azul profundo. El cortafuegos de la oficina privada del Doctor Evans había sido doblegado.
Ícaro deslizó el cursor por una lista de archivos ocultos fechados apenas unas horas después de la famosa rueda de prensa. No había nombres de pila, ni descripciones médicas estándar. Sin embargo, en el fondo del directorio fantasma, resaltado en un color rojo de alta prioridad, apareció un único documento comprimido y fuertemente encriptado bajo un alias que hizo que a Vanessa se le helara la sangre de la emoción.
El nombre clave del archivo era: «Paciente Cross - Protocolo de Contingencia Alfa».
—Ahí está... —murmuró Vanessa, con los ojos desorbitados por la codicia y el triunfo— Ese es el secreto de Nolan. Ese maldito documento tiene las pruebas de la farsa. ¡Descárgalo ahora mismo!
Ícaro hizo clic en el archivo ejecutable. En la esquina inferior derecha de la pantalla principal, una nueva ventana flotante se abrió, mostrando una barra de transferencia de datos que comenzó a avanzar de forma intermitente, devorando los gigabytes de información encriptada del búnker médico.
Descargando:
"Paciente_Cross_Confidencial.dat" — 12%... 24%... 37%...
El espía en las sombras había encontrado la llave para abrir la caja de Pandora. Si ese documento llegaba a las manos de Vanessa Logan, el imperio de Cross Enterprises, las acciones que se habían disparado un veinticinco por ciento y el matrimonio por contrato de Dayana se derrumbarían como un castillo de naipes ante los ojos del mundo entero.
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