Verónica se casó enamorada. No imaginaba la pesadilla qué sería ese matrimonio. Después de años de maltratos toma una decisión qué cambiará su destino.
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Capítulo 1
Cinco de la mañana en punto. La alarma suena cómo es habitual, debo confesar qué una vez más no conseguí conciliar el sueño en toda la noche.
Me levanto con cuidado, sin hacer ruido y sin encender la luz de la habitación. Voy directo a la regadera. Mientras lavo mi cabello, un par de lágrimas se deslizan por mi mejilla. Se confunden con el agua que cae sobre mi rostro.
Me digo mentalmente qué no debo llorar y contengo mis emociones. No es algo nuevo, estoy acostumbrada. Termino de bañarme, me visto y desenredo mi cabello.
Corro a la habitación de mis hijas para despertarlas. Renata y Regina tienen 13 años. Está por demás decir que es una etapa difícil y más cuando su padre las consiente tanto.
Las dejo alistándose y yo camino a la cocina. Enciendo la cafetera y comienzo a preparar el desayuno. Casi termino cuando entra en la cocina mi esposo.
- Buenos días, ¿está listo mi café?
- Buenos días, sí, ya te sirvo.
No intercambiamos una palabra más, hasta que las niñas se reúnen con nosotros. Es en ese momento cuando ellas y su padre comienzan a conversar.
No me involucro mucho en la charla, hoy mi mente está dispersa. Quizá es la falta de sueño. Bebo mi café en silencio, observo a mis hijas, son mis dos más grandes amores.
A veces creo que no vivo, en realidad solo sobrevivo, veo como la vida de los demás transcurre y yo soy una simple espectadora.
No me percato de la hora hasta que mi esposo golpea la mesa.
- ¡Podrías ponerme atención!
- Lo siento, estaba distraída. Dime.
- Me voy, llegaré tarde.
- Qué tengas un buen día. Niñas, lávense los dientes y vámonos.
Aprovecho esos minutos para recoger la mesa y servir café en un termo. Subimos al auto y como cada día, mis hijas llegan puntuales al colegio.
Antes de salir del circuito, veo a la que era mi mejor amiga en la preparatoria agitar la mano para saludarme, respondo con el mismo gesto y me marcho.
Antes de volver a casa paso por el supermercado para comprar algunas cosas que me hacen falta.
Últimamente, hago mis actividades en automático. La rutina me tiene atrapada. Llego a casa y realizo mis actividades. Al medio día, recibo la visita de mi madre.
Cada vez que llega a mi casa, sigue la misma dinámica. Desde que entra, comienza a revisar cada rincón, pasa el dedo por encima de los muebles para verificar que estén libres de polvo.
- Necesitas arreglarte un poco más o tu marido se va a buscar una amante.
Ignoro cada uno de sus comentarios, siempre son hirientes. Me limito a atenderla y escuchar sus "consejos" sin rechistar.
Mi estado de ánimo es igual o peor que cuando me levanté y la visita de mi madre no ayuda. Por suerte, recibe una llamada de mi padre y se marcha.
Me quedo sola y comienzo a reflexionar sobre lo que ha sido mi vida los últimos 14 años.
Mi nombre es Verónica Mijares, tengo 32 años y esta es la historia de mi vida.
Conocí a mi esposo, Rodrigo Sandoval, cuando cursaba el cuarto semestre de la preparatoria. Fue en una fiesta ofrecida por mi padre para sus socios.
Mi padre es banquero, vivimos en la Ciudad de México y siempre hemos tenido una vida privilegiada, por así decirlo.
Soy la menor de 3 hijos, tengo dos hermanos mayores qué se dedican a lo mismo que mi padre.
Rodrigo es hijo de uno de los socios del banco y es mayor que yo por 10 años. Cuando nos conocimos él ya era un abogado importante. En gran medida, por las influencias de su padre.
Esa noche quedé fascinada con él. Se comportó como todo un caballero. Era la primera vez que me sentía vista por alguien del sexo opuesto.
Los días siguientes se aseguró de hacerse presente de todas las maneras posibles. Me enviaba flores casi a diario, chocolates, me llamaba por teléfono.
Me hizo sentir importante, especial y eso provocó qué me enamorase muy rápido de él. Además, sus padres y mis padres, fomentaban la relación. Ambas familias parecían felices con la idea de qué estuviéramos juntos.
Mi padre dejó de controlarme cuando salía con él. Siempre me daban permiso e incluso me dejaban llegar más tarde.
Ya deben de estarse imaginando qué provengo de una familia tradicional. Mis padres son sumamente conservadores. Me educaron con base en normas muy estrictas.
Todo eso fue clave para lo que ocurrió después. Rodrigo me pidió que fuera su novia, nuestro noviazgo duró menos de un año. Una semana después de mi graduación de preparatoria estábamos en la Iglesia, contrayendo matrimonio.
Ella dice q no sabe hacer nada, claro q sabe, llevar una casa, calarse las malcriadeces, los desplantes de un enfermo, claro q sabes y puedes