UNA LECTORA MUERE ODIANDO UNA HISTORIA.... SOLA PARA DESPERTAR DENTRO DE ELLA.
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CAPITULO 2
Me puse de pie, todavía nerviosa, y me cubrí con una sábana. Caminé sin saber qué hacer ni hacia dónde ir, tratando de procesar lo que estaba ocurriendo.
Entonces tropecé con un espejo.
Me quedé inmóvil frente a él durante unos segundos.
Parpadeé.
Volví a mirar.
¿Quién demonios era esa mujer?
Era… hermosa.
No, hermosa se quedaba corto.
Tenía un cuerpo de infarto, el cabello largo y de un rojo intenso, como el fuego. Sus labios eran de un rojo natural y sus enormes ojos verdes resaltaban incluso más con aquella piel.
No podía creer lo que estaba viendo.
¿Esa era yo?
Antes de que pudiera seguir examinándome, sentí unos brazos rodeándome por la espalda.
Me quedé rígida.
—¿Acaso no piensas hacerte responsable? —murmuró una voz ronca y profunda junto a mi oído.
Mi cerebro dejó de funcionar.
¿Qué?
¿Responsable de qué?
Con los nervios de punta, ni siquiera sabía qué responder. Apenas podía procesar lo que estaba viendo en el espejo y ahora tenía a un hombre prácticamente pegado a mí.
Así que hice lo único que se me ocurrió.
Me hice la desmayada.
Sí. Una actuación brillante.
O eso esperaba.
El hombre me sostuvo entre sus brazos y me llevó hasta la cama. Sentí cómo colocaba una mano sobre mi frente antes de alejarse.
Escuché la puerta cerrarse.
Abrí los ojos.
Esperé unos segundos.
Nada.
Me levanté de golpe.
Tenía que escapar.
No sabía dónde estaba, quién era ese hombre ni qué demonios había sucedido antes de que despertara.
Así que corrí hacia la ventana.
Abrí las cortinas y, sin pensarlo demasiado, salté.
Mi gran error fue no calcular la distancia.
Ni mi fuerza.
Ni nada.
—¡AH!
Caí.
Y esta vez sí me desmayé de verdad.
Aunque, por extraño que pareciera, aquello terminó siendo bueno.
Porque mientras permanecía inconsciente, descubrí lo que me había sucedido.
Resultaba que, mientras dormía en el hospital, mi corazón se había detenido.
Un paro cardíaco.
Y esta vez no había logrado sobrevivir.
Mis padres recogieron mis cosas del hospital.
Casi no lloraron.
Y, en cierto modo, podía entenderlo.
Pero dolía.
Porque alguna vez fui la niña de sus ojos.
Y luego, poco a poco, me convertí en la carga que había terminado arruinando muchos de sus sueños.
Quizá por eso su reacción fue tan fría.
O quizá simplemente no supieron cómo afrontar mi muerte.
No lo sabía.
Y ya no tenía forma de preguntárselo.
Porque ahora…
Ahora estaba en otro cuerpo.
La hija de un comerciante extremadamente rico.
Una mujer que había tenido todos los lujos que podía desear sin preocuparse jamás por el dinero.
Dinero.
Una casa enorme.
Ropa hermosa.
Una vida completamente diferente.
Creo que esto podría considerarse una bendición.
Después de todo, ¿quién no querría tener dinero en esta vida?
El problema era que no recordaba todo lo relacionado con este cuerpo.
No sabía cómo había terminado con aquel hombre.
No sabía qué había ocurrido antes de despertar.
Y tampoco sabía exactamente quién era ella.
Pero había algo que sí sabía.
Este lugar…
Era el mundo del libro que había leído antes de dormir.
Lo sabía porque la mujer cuyo cuerpo acababa de ocupar era amiga de la villana.
La misma villana que, unas horas antes, había considerado una completa idiota.
Tragué saliva.
Tal vez…
Solo tal vez…
Mi nueva vida acababa de convertirse en un problema mucho más grande de lo que imaginaba.