Leticia fue traicionada y asesinada, pero el destino le dio una segunda oportunidad bajo un nuevo nombre... Isabela Torner, ahora tiene un esposo que la detesta, un pasado lleno de escándalos y una criatura que crece en su vientre.
Román Osorio cree conocer a su mujer, pero no tiene idea de que la verdadera Isabela murió y que en su lugar hay una mujer capaz de matar con la mirada... y de conquistar lo que se proponga.
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Capitulo:26
ISABELLA:
Jhonatan se queda inmóvil por unos segundos mientras sostiene la carpeta con una mano que parece temblar ligeramente.
La tensión en la oficina se puede cortar con un cuchillo, pero no es por la tensión del trabajo, sino por las ganas que me consumen mientras los minutos pasan.
—Señor, el reporte...
Insiste Jhonatan tratando de recuperar su tono profesional mientras evita a toda costa mirarme.
Observo la marca en su cuello que de seguro es un poema del caos de su noche anterior.
Román me mira por unos segundos y le guiño el ojo mientras le sonrío dulcemente.
—Déjalo sobre la mesa, Jhonatan.
Dice Román y su voz suena como un trueno bajo.
—Y por favor retirate... No quiero interrupciones de ningún tipo.
—La señora Elisa me acaba de llamar y me pidió que...
—Aclara tus prioridades, Jhonatan.
Lo interrumpo con una sonrisa gélida mientras me levanto lentamente de mi silla.
—Mi esposo acaba de darte una orden y yo como su esposa y ahora empleada te sugiero que vayas a buscar un poco de corrector para esa marca en tu cuello antes de que cierta persona te vea... No creo que a ella le guste saber que su "hombre de confianza" estuvo tan... Ocupado.
Jhonatan palidece al instante y mira a Román quien simplemente asiente respaldando mis palabras
Y sin decir una sola palabra más, deja la carpeta sobre el escritorio y sale de la oficina casi huyendo mientras cierra la puerta con cuidado.
Con una sonrisa me quedo de pie disfrutando del silencio hasta que escucho el sonido del seguro de la puerta activándose.
Me giro y veo a Román con el control remoto en la mano, bloqueando cualquier entrada.
—Eres una mujer despiadada Isabela.
Dice él levantándose de su asiento y caminando hacia mí con una lentitud depredadora.
—Has humillado a mi jefe de seguridad y ahora me miras como si fueras la dueña de este lugar.
—Es que soy la dueña de este lugar, Román.
Respondo acortando la distancia hasta quedar a centímetros de él.
—Y según el contrato que acabas de firmar, también soy la dueña de tu tiempo.
Él sujeta mi cintura con una fuerza que me hace soltar un gemido de sorpresa mientras sus ojos se oscurecen cargados de una necesidad que ya no intenta ocultar tras sus papeles o logística.
—"Disponibilidad absoluta" ¿verdad?
Susurra cerca de mi oído mientras su aliento caliente eriza mi piel.
— Me has retado frente a mi empleado más antiguo... Espero que estés lista para las consecuencias de tus propias cláusulas.
—Menos charla y más ejecución esposo.
Le reto enredando mis dedos en su corbata para tirar de él hacia mí.
—Demuéstrame que eres tan eficiente en la práctica como lo eres firmando papeles, quiero que me dejes ver a ese depredador en los negocios.
Román suelta un gruñido y me besa con una urgencia que me deja sin aliento y sin darme tiempo a protestar me eleva para sentarme sobre su escritorio, así apartando los documentos de un solo movimiento.
En este momento no me importa nada, solo importa el calor de su cuerpo y el hecho de que, por primera vez siento que tengo el control total sobre el hombre más poderoso del imperio Osorio... Y eso me encanta.
—Tengo una reunión en veinte minutos.
Susurra besando mi cuello con pasión desbordante mientras mis piernas se enredan en su cintura pegandolo más a mí.
—Veinte minutos... Son más que suficientes.
Digo desabrochando los botones de su camisa para mirar su esculpido cuerpo mientras sus manos se deslizan peligrosamente en medio de mis piernas.
—Mmm ¿Tan ansiosa estás? Estás toda mojada.
Murmura con voz ronca tocando ese lugar que hace que mi espalda se arquee, y un gemido salga de mis labios.