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Divorcio

Divorcio

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

Un divorcio es solo el principio

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cliche

El silencio de la casa fue el primer golpe real. Cerré la puerta con llave —una costumbre inútil, considerando que el mayor ladrón de mi vida ya tenía copia— y me apoyé contra la madera fría.

Me deshice de la gabardina y me quedé ahí, en medio de la estancia, siendo un monumento al absurdo: lencería de trescientos dólares, maquillaje de pasarela y un vacío en el pecho que se sentía como un bache en una carretera olvidada.

Caminé hacia el espejo del pasillo. Me miré.

—Vaya, qué espectáculo —le dije a mi reflejo, mientras me quitaba un zapato con una elegancia que ya me estaba cansando—. Mírate. Estás espectacular. Casi parece que el tipo tiene buen gusto, ¿verdad? Lástima que se lo dejó en la oficina, junto con su dignidad y, probablemente, su juicio.

Me serví una copa de vino, el que habíamos guardado para "ocasiones especiales". Supuse que ver a tu marido convertido en un cliché de película porno barata contaba como ocasión especial.

—A ver, seamos lógicas —continué, levantando la copa hacia el espejo—. ¿Llorar? No, el rímel fue demasiado caro para desperdiciarlo en un hombre que no sabe distinguir una socia de un postre. ¿Gritar? Qué pereza, los vecinos no tienen por qué enterarse de que mi matrimonio tenía la solidez de un flan.

Me senté en el sofá, estirando las piernas. Mis suelas rojas brillaban bajo la luz tenue.

—Lo peor no es que te engañara —me susurré, sintiendo por fin un pinchazo de algo real—, lo peor es que fuiste vestida de regalo a una fiesta que ya se había acabado hace un año. Te pusiste el envoltorio más caro para un producto que ya estaba vencido.

Me bebí el vino de un trago. El sarcasmo era un escudo maravilloso, pero el frío de la lencería empezaba a calar.

—Mañana —sentencié, señalando a la mujer del espejo—, mañana dejamos de ser una metáfora elegante y nos convertimos en un tiburón financiero. Porque si él quería acción en la oficina, le voy a dar la auditoría de su vida.

Esa es la actitud. Si el matrimonio se hunde, que el salvavidas sea un modelo de GQ con licencia para litigar.

Agarré el teléfono con la misma determinación con la que una reina firma una declaración de guerra. Solo había un nombre en mi agenda que encajaba con el desastre de mi noche: Dante Quintana. El tipo de abogado que no entra a una sala de partos sin una demanda por daños morales y cuyo perfume, una mezcla de sándalo y arrogancia, podía detectarse a tres kilómetros de distancia.

Marqué. Tres tonos. Eran las once de la noche; un hombre como Dante o estaba enterrando un cuerpo o estaba cerrando un trato multimillonario.

—Quintana —su voz llegó profunda, vibrante, con ese rastro de peligro que te hace querer confesar pecados que ni siquiera has cometido.

—Dante, soy yo. Perdona la hora, pero mi noche acaba de pasar de "comedia romántica" a "escena del crimen" sin pasar por intermedio —dije, mientras jugaba con el encaje de mi lencería, sintiendo que el frío empezaba a ser reemplazado por una adrenalina eléctrica.

—¿Qué hizo ahora ese idiota, Elena? —preguntó él. No necesitó preguntar quién era. Dante tenía una memoria fotográfica para las causas perdidas y para las mujeres que, según él, "merecían un reino y no un apartamento".

—Digamos que encontré a su socia haciendo una auditoría... muy profunda de sus capacidades anatómicas en el escritorio de la oficina. Y yo, Dante, estoy aquí sentada con un conjunto de la Perla que él nunca va a volver a tocar y unas ganas inmensas de dejarlo viviendo debajo de un puente.

Hubo un silencio del otro lado. Imaginé a Dante ajustándose la corbata, con esa sonrisa ladeada que hacía que los jueces tartamudearan.

—Interesante —murmuró—. Siempre supe que tu marido era un aficionado, pero esto es negligencia grave. Escúchame bien: no toques nada. No rompas sus camisas de seda, no tires su colección de relojes por el balcón. Guarda ese fuego para el juzgado.

—¿Vas a ayudarme a desplumarlo?

—Elena, voy a hacer que cuando terminemos, él tenga que pedirle permiso al banco para comprarse un café. Pásame a buscar mañana a las ocho. Y por favor... —hizo una pausa cargada de una tensión que no tenía nada que ver con el derecho civil—, trae esa misma actitud que tienes ahora. Me gusta cuando dejas de ser la esposa perfecta y te conviertes en un tiburón.

Colgué. Por primera vez en toda la noche, sonreí de verdad.

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Eliette Maldondo Velazquez
muchas gracias por tu comentario ☺️
Zaylys Coromoto Peña Rodriguez
no se pero hasta aquí va muy tonta la novela he leído muchas novelas de ceos pero este es demasiado estúpido 🤣🤣😂
Dorkis Huerta
Buenas tardes,muy linda.
Belca
Ella lo amaba, porque tan frívola
Eliette Maldondo Velazquez: las circunstancias
total 1 replies
Belca
10 años y no hay hijos
Belca
Muy interesante el inicio
Danita 🥰
ahí estaban
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