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Despreciada por su Hermana, Desposada por un Millonario

Despreciada por su Hermana, Desposada por un Millonario

Status: Terminada
Genre:CEO / Maltrato Emocional / Sustituto/a / Juego de roles / Amor eterno / Completas
Popularitas:144k
Nilai: 4.9
nombre de autor: uutami

Valentina nunca fue suficiente.

Coja desde un accidente que nadie quiere explicar, vive como sirvienta en la casa de su propio padre, humillada a diario por su media hermana Diana y su madrastra. Cuando un joven conductor de mototaxi llamado Mateo llega a pedir la mano de Diana y es rechazado con desprecio, la familia decide deshacerse de dos problemas a la vez: obligan a Vale a casarse con él.

Lo que nadie sabe —ni siquiera Vale— es que Mateo esconde un secreto que lo cambiará todo.

Detrás de la moto destartalada y la chaqueta de conductor se oculta el heredero de una de las fortunas más poderosas del país. Y detrás del matrimonio apresurado, una promesa que Mateo juró cumplir a cualquier precio.

A medida que Vale descubre que su marido no es quien dice ser, una red de mentiras comienza a derrumbarse: el hombre que la amaba en secreto pierde la memoria, su hermana finge un embarazo para atrapar al novio equivocado, y un padre biológico que Vale creía inexistente aparece con una prueba de ADN y una fortuna que le pertenece.
Pero la verdad más devastadora aún no ha salido a la luz. Porque la persona responsable de que Vale camine con muleta lleva años en coma... y acaba de despertar.

NovelToon tiene autorización de uutami para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 26 — Sospechas en el mercado

—Oye... Me parece que tú y doña Gloria ya se conocían de antes, ¿no?

El corazón de Mateo dio un vuelco.

—¿Por qué preguntas eso de repente?

—Es que... cuando doña Gloria estuvo en la casa, tú actuaste como si nada. Y la primera vez que vino, pusiste una cara... rara. No sé cómo explicarlo.

—Yo solo te quiero a ti, Vale. Jamás voltearía a ver a doña Gloria.

—¡Ay! ¡Qué cosas dices! —Vale le dio un golpecito en el pecho descubierto. Esa noche, su esposo ya andaba con ganas de juguetear.

—No me refería a eso.

Mateo soltó una risita. —¿Entonces a qué?

—¡Olvídalo! —Vale volteó la cara, enfurruñada.

—Mira, ya hasta se enoja —la provocó Mateo, rozándole la mejilla con un dedo.

Un breve silencio. Vale seguía mirando hacia otro lado. Mateo sonrió, le tomó el rostro con suavidad y lo giró hacia él.

—La verdad es que también me sorprendí un poco. Ya te había dicho que doña Gloria fue una de mis clientas, ¿recuerdas? Por eso reaccioné así aquella vez. Últimamente parece que viene seguido a verte, ¿no? —dijo Mateo—. ¿Se han vuelto cercanas?

—Quién sabe.

—¿Todavía está enojada la esposa más bonita del mundo? —Mateo se inclinó hasta que sus rostros quedaron a un palmo de distancia. No la besó; solo le frotó la punta de la nariz contra la de ella, luego pasó a la mejilla. Esta vez también le rozó los labios.

—Ya, no te enojes, cariño...

—No estoy enojada.

—¿Y por qué suenas tan cortante? —la provocó de nuevo.

—No soy cortante...

Mateo rio sin apartar la cara. —Claro, no eres cortante... —murmuró, y le besó la comisura de los labios.

Con el rostro de Mateo tan cerca, los ojos de Vale se tornaron lánguidos por reflejo.

Un beso pequeño debajo del labio.

Otro encima.

Y uno más en la nariz.

—Mateo... Mmm...

Mateo ya la había silenciado con un beso profundo. Vale le golpeó suavemente el brazo y luego le pellizcó la cintura.

—¡Aah... aah... aah!

Vale se quedó sin aliento. Mateo la besaba con avidez.

—¿Quieres matarme o qué?

Mateo rio. —¡No! —se defendió—. ¡Te quiero para mí toda la noche!

Esa noche, Vale durmió profundamente, después de que Mateo la dejara exhausta con varias rondas de amor.

A la mañana siguiente.

—¿Eh...? ¿Ya está todo limpio?

Mateo sonrió con picardía. Antes de la oración del subuh, había llamado a sus empleados de confianza para que arreglaran la casa. Solo le dejó a Vale lo de cocinar.

—Me desperté temprano y ya no pude volver a dormirme. Así que, en vez de andar pensando en nada o despertarte, me puse a ordenar.

—Ay, ¿y entonces qué hago yo? —preguntó Vale, acostumbrada a limpiar y cocinar después del subuh.

Mateo se rascó la barbilla fingiendo pensar. —Mmm, no alcancé a cocinar. No me dio tiempo. ¿Qué tal si... ahora te toca a ti? —dijo, tocándole el hombro.

—Mmm, sí... Pero no he ido a comprar nada.

—¡Pues vamos al mercado!

La mañana era joven todavía cuando Vale y Mateo caminaban juntos por el mercado. El aire húmedo se mezclaba con el aroma de la tierra mojada, las hojas de plátano y el pescado fresco. Vale avanzaba despacio con su muleta, el jilbab color crema bien ajustado, el rostro luminoso a pesar de su andar rígido.

—Cuidado, Vale. El piso está resbaloso —dijo Mateo por instinto, sujetándola del codo.

—Sí, ya estoy acostumbrada —respondió Vale con una sonrisa—. El mercado tempranito me llena de energía.

Era apenas la segunda vez que Mateo iba al mercado. Aunque no estaba habituado, por Vale haría lo que fuera. Se detuvieron en un puesto de verduras. Vale se inclinó un poco y eligió espinaca de agua y acelgas con esmero.

—Mira, las verduras están bien frescas —comentó.

Mateo asintió y se volvió hacia la canasta de pescado del puesto de al lado. —La caballa se ve buena. Voy a llevar, ¿sí?

Antes de que Vale pudiera responder...

—¿Eh?

La voz llegó desde un costado. Vale volteó. Una sonrisa apareció en su rostro por reflejo.

—Señora... Diana.

Diana apenas la miró de reojo, inexpresiva. Marta, en cambio, resopló y la recorrió de arriba abajo con la mirada.

—Así que ahora también vienes al mercado —masculló Marta con aspereza—. Con razón.

Vale mantuvo la amabilidad. —Sí, señora. Estoy cocinando en casa.

Tomó un manojo de hojas verdes que ya tenía en la mano. Pero antes de guardarlo en la bolsa...

—Eso es para mí —dijo Marta, arrebatándole el manojo.

Vale se quedó inmóvil un instante. —Señora... yo lo tomé primero.

—Es lo mismo —replicó Marta—. Tú puedes agarrar otro.

Mateo, que hasta entonces había permanecido callado, apretó la mandíbula. Veía cómo Vale se contenía... y eso le hacía arder el pecho.

Con un movimiento rápido, Mateo recuperó las verduras y se las entregó a Vale.

—Disculpe, señora. Mi esposa las tomó primero.

Marta abrió los ojos como platos. —¡Oye! ¿Qué te pasa?

—Busque otras, señora —respondió Mateo con frialdad—. Todavía hay muchas.

—¡Cómo te atreves! —la voz de Marta subió de tono—. ¡Qué falta de respeto con los mayores, andar arrebatando así!

Vale le tocó el brazo a Mateo de inmediato. —Ya, déjalo —le dijo en voz baja pero firme. Luego se volvió hacia Marta—. No se preocupe, señora. Lléveselas.

Le entregó las verduras.

—¡Sí, llévatelas! ¡Nosotros tampoco queremos cocinar algo que ya tocó la bruja! ¡Capaz nos da diarrea! —soltó Mateo en voz alta, y Vale se sobresaltó un poco.

Rápidamente jaló a Mateo lejos antes de que su enojo estallara del todo y el escándalo fuera a más.

—¿Por qué me jalas así, cariño? —protestó Mateo, siguiendo los pasos irregulares de Vale.

—Es que cuando te enojas das miedo —se excusó Vale.

—¿Miedo? ¿De qué?

—Pues de eso, que te pusiste a decirle bruja y todo.

Mateo soltó una carcajada. —Sí, sí. Qué mañana más graciosa: nos topamos con una bruja y un monstruo.

Vale lo miró fijamente, pero terminó sonriendo también. —Eres terrible, Mateo.

—¿Ves? Tú también te ríes. Entonces sí estás de acuerdo en que esas dos son una bruja y un monstruo, ¿verdad?

—Ya basta —Vale agitó la mano, desestimándolo.

Caminaron hacia otro puesto, más tranquilo. Una vendedora les sonrió con amabilidad.

—Helechos silvestres, señora. Bajaron esta madrugada.

Los ojos de Vale se iluminaron. —¡Mira, helechos!

Mateo también los observó. —Están fresquísimos.

—¿Hacemos helechos, sí? —Vale parecía entusiasmada otra vez, como si el incidente de hacía un momento se hubiera evaporado.

Mateo asintió y sonrió. —¿Sabes cocinar helechos?

—Claro que sí. Yo sé cocinar de todo.

En casa, la cocina volvió a cobrar vida. Vale lavaba los helechos; Mateo picaba la cebolla. De vez en cuando, Mateo se inclinaba y le daba un beso suave en la mejilla.

—Oye —protestó Vale, avergonzada—. Primero cocinemos.

—Sí, sí —respondió Mateo, pero la sonrisa satisfecha no se le borró del rostro.

El sartén volvió a resonar y el aroma del sofrito llenó la casa.

Mientras tanto, en casa de don Ernesto.

Marta arrojó la bolsa de las compras sobre la mesa. —¡Para qué compré nada! ¡Se me quitaron las ganas de cocinar!

Diana suspiró, irritada. —¿Y entonces qué vamos a comer si tú no cocinas?

—¡No sé! —bufó Marta—. ¡Mira ese Mateo! ¡Mototaxista creído y engreído!

Diana apretó los labios, fastidiada; el estómago le rugía.

—Si no cocinas tú... ¿entonces quién?

Marta se quedó callada, pero la cara de vinagre no se le quitó.

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Hilda Estrada
esa señora! no sé le puede decir: madre? no sabe serlo
Hilda Estrada
odio esas arpias😡
Julia Camacho Cordoba
Bueno
Maritza Elizabeth Campos Rebolledo
sigo sin entender el porque tiene que alejarse de su esposa y ocultar así hermano el matrimonio, me podrías explicar autora plis
Silvina Claudia Rodrigo
y no se que esperaba Renato ,si Vale está muy enamorada de su esposo y mateo también la ama profundamente
Maritza Elizabeth Campos Rebolledo
me perdí de algo, mientras leía porque no entiendo porque no le dicen que es la esposa de Mateo?
💙💫Géminis 💫💙
va a tener otras historias
💙💫Géminis 💫💙
va a tener otras historias
Patty Zenemij
yo trate de ver las imágenes y nada jajajjaa ni modos a seguir con la simulación del personaje
Natalia Solis
🥰😍 Hermosa novela
Alicia Sira
falto el final de diana y martha
Alicia Sira
no me gusta como gloria a pesar de querer a vale la utiliza por bien de renato.
Lourdes Mendez
👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌
Lourdes Mendez
EXCELENTE TRABAJO FELICIDADES ESCRITORA ÉXITO ÉXITO ÉXITO ÉXITO ÉXITO 🙌 ✨️ 💪 👍 👏 💕
Alicia Sira
😭 vale es muy buena.
Elianeth Pacheco
Buy bonita la novela pero siento que faltó y que paso con diana y la mamá
Graciela Maris Galarza
hermosa novela 👏
Tere Jimenez
muy bonito capitulo 😂
Tere Jimenez
muchas felicidades gracias por compartir tu novela hermosa de principio a fin espero sigas escribiendo con sabiduría y entendimiento para compartir con nosotros todos tus éxitos un abrazo
Tere Jimenez
que hermoso capitulo muchas quisiéramos tener a nuestros padres un segundo
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