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El padre de mi hijo es mi abogado de divorcio.

El padre de mi hijo es mi abogado de divorcio.

Status: Terminada
Genre:Divorcio / Salvar al hijo enfermo
Popularitas:652.2k
Nilai: 4.8
nombre de autor: yana_vern

En su cuarto aniversario de bodas, el esposo de Flora González, Marcelo Santos, le pide el divorcio, ya que su primer amor, Camila, ha regresado a la ciudad y él desea volver a su lado para cuidarla.

Flora no grita, no se altera y decide aceptar el divorcio, pero Marcelo le asegura que su hijo se quedará con él hasta que el niño resulta positivo en leucemia y Marcelo no muestre interés en su salud, ya que, después de todo, no es su hijo biológico y es un niño nacido por una fecundación in vitro.

Ahora Flora debe lidiar con su divorcio, la enfermedad de su hijo y la búsqueda de un empleo. Pero su salvación llega más pronto de lo que imagina cuando Alejandro Fernández aparece ante ella, asegurando que Benjamín, su pequeño hijo, lleva la sangre de los Fernández y, por eso, él estará dispuesto a proteger a ese niño, el último recuerdo de su hermano Leonardo.

NovelToon tiene autorización de yana_vern para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Nunca pensé que un hospital pudiera volverse un lugar tan cotidiano para mí.

El olor a desinfectante, los pasillos blancos, las luces frías que nunca se apagan... todo empezó a sentirse parte de mi vida desde que Benjamín fue internado. Aun así, intentaba que él no lo sintiera como una prisión.

---¿Damos otra vuelta\, campeón? ---le pregunto mientras empujo lentamente el pequeño soporte de suero.

Benjamín asiente con una sonrisa tranquila que no corresponde a un niño de tres años enfermo.

---Sí\, mamá. Me gusta mirar por las ventanas.

Caminamos por el pasillo del área pediátrica. A esa hora hay menos gente. Algunas enfermeras pasan con expedientes, otras empujan camillas. Nadie presta demasiada atención.

Entonces escucho una voz masculina detrás de nosotros.

---Buenos días\, pequeño.

Me giro.

Es el doctor **Enrique Díaz**\, el director médico del hospital. Lo he visto varias veces desde que ingresamos\, pero nunca habíamos hablado mucho. Es un hombre de unos sesenta años\, de mirada seria pero cálida.

Benjamín lo observa con curiosidad.

---Hola.

Díaz se agacha a su altura.

---¿Cómo te sientes hoy?

Mi hijo se encoge de hombros.

---Bien... aunque sé que estoy muy enfermo.

Mi corazón se aprieta.

---Benjamín...

El doctor me mira sorprendido.

---¿Él sabe?

Respiro profundo.

No tenía sentido mentirle a mi propio hijo.

---Hace unos días preguntó por qué no podía irse a casa... ---digo en voz baja---. Así que tuve que explicarle.

Benjamín habla con una naturalidad que a veces me rompe el alma.

---Tengo leucemia ---dice---. Mamá dice que los doctores van a intentar curarme.

Díaz queda en silencio un momento.

Luego le acaricia la cabeza con suavidad.

---Eso vamos a hacer\, campeón. Vamos a pelear muy fuerte.

Benjamín asiente como si estuviera hablando de una competencia en el jardín de infantes.

---Yo también voy a pelear.

El doctor se levanta despacio.

Sus ojos brillan ligeramente, como si estuviera conteniendo algo.

---Sigan caminando ---dice---. El ejercicio suave siempre ayuda.

Le agradezco con una sonrisa y continúo empujando el soporte.

No noto que el doctor se queda mirándonos unos segundos más.

Minutos después, Díaz entra en otra habitación del mismo piso.

Allí está **Estela Santoro Fernández**\, sentada junto a la ventana.

Desde la muerte de su hijo menor, Leonardo, apenas sale de ese hospital. Los médicos dicen que su corazón está débil, pero todos saben que el verdadero problema es otro: el dolor.

Su esposo\, **Gerardo Fernández**\, hojea un periódico sin leer realmente.

Díaz entra con una sonrisa tranquila.

---Buenos días\, Estela. ¿Cómo amaneció hoy?

---Como siempre ---responde ella con voz cansada---. Con el mismo vacío.

El médico suspira.

---Debemos intentar que se recupere. Leonardo no querría verla así.

El nombre provoca un silencio pesado.

Estela mira el suelo.

---Leonardo...

Gerardo cambia de tema para aliviar la tensión.

---Doctor\, ¿hay algo nuevo en los exámenes?

---Nada preocupante ---responde Díaz---. Pero quiero que camine un poco más.

Estela apenas lo escucha.

El médico intenta distraerla con una conversación casual.

---Hoy vi algo curioso en pediatría ---dice mientras revisa unos papeles---. Hay un niño de unos tres años... es increíble lo mucho que se parece a Leonardo cuando era pequeño.

Las palabras salen casi sin pensar.

Pero el efecto es inmediato.

Estela levanta la cabeza.

---¿Qué dijiste?

Díaz se detiene.

---Nada importante...

---¡Dijiste que hay un niño que se parece a mi hijo! ---insiste ella\, con la voz temblando.

Gerardo también lo mira sorprendido.

El doctor intenta restarle importancia.

---Solo fue una impresión.

Pero Estela ya se ha puesto de pie.

---Quiero verlo.

---Estela\, no creo que sea buena idea...

---¡Quiero verlo! ---repite con una determinación que no había mostrado en meses.

Gerardo suspira.

---Doctor... si no la lleva\, no va a dejar de insistir.

Díaz duda unos segundos.

Finalmente cede.

---Está bien... pero solo lo veremos de lejos.

Mientras tanto, regreso a la habitación con Benjamín.

Hoy comienza su primer ciclo de quimioterapia.

Antes de eso, las enfermeras me recomendaron cortarle el cabello.

El simple pensamiento me hizo llorar toda la noche.

Benjamín se sienta en la cama mientras preparo la pequeña máquina de cortar.

---¿De verdad tengo que quedarme pelado? ---pregunta.

Intento sonreír.

---Solo por un tiempo.

Él piensa un momento.

---Como los superhéroes cuando se preparan para una batalla.

Mi garganta se cierra.

---Exacto.

Empiezo a cortar.

Los mechones rubios caen lentamente sobre la sábana.

Cada uno parece pesar toneladas.

Benjamín se mira en el pequeño espejo que le traje.

---Me veo raro.

---Te ves valiente.

Se queda pensativo unos segundos.

Luego me mira con una seriedad que no corresponde a su edad.

---Mamá...

---¿Sí?

---No esperes a papá.

La máquina se detiene en mi mano.

---¿Por qué dices eso?

Benjamín baja la mirada.

---Porque él no vino cuando estaba sano... tampoco va a venir ahora.

Las lágrimas me nublan la vista.

---Benjamín...

---No pasa nada ---dice con calma---. Tú estás aquí.

Intento seguir cortando, pero las manos me tiemblan.

Entonces añade algo más.

---Y cuando yo esté bien... quiero que encuentres a alguien que te cuide.

El aire se me queda atrapado en el pecho.

---¿Qué?

---Alguien que te quiera de verdad ---continúa---. Alguien que te proteja.

Las lágrimas finalmente caen.

Termino de afeitarle la cabeza y lo abrazo con fuerza.

---Tú eres todo lo que necesito.

Pero Benjamín solo sonríe con esa serenidad inexplicable.

En ese momento, en el pasillo frente a nuestra habitación, tres personas se detienen frente al vidrio.

Estela.

Gerardo.

Y el doctor Díaz.

---Es ese ---susurra el médico---. El niño que les mencioné.

Estela mira hacia adentro.

Y se queda sin respirar.

El niño sentado en la cama, completamente calvo, tiene unos ojos claros enormes y una expresión tranquila.

Es exactamente como Leonardo cuando era pequeño.

Gerardo frunce el ceño.

---Dios mío...

---¿Lo ves? ---susurra Estela con voz temblorosa---. ¿Lo ves?

Gerardo asiente lentamente.

---Se parece demasiado.

No solo el rostro.

La forma de las cejas.

La expresión seria cuando escucha.

Incluso el gesto con el que se toca la cabeza rapada.

Gerardo recuerda de golpe algo.

---¿Te acuerdas cuando Leo se cortó el cabello con las tijeras de la cocina?

Estela deja escapar una risa ahogada.

---Quedó igual de pelado...

Las lágrimas empiezan a correr por su rostro.

---Es mi hijo...

Díaz intenta intervenir.

---Estela\, solo es un parecido...

Pero ella niega con la cabeza.

---No. Dios me lo devolvió.

Da un paso hacia la puerta.

Gerardo intenta detenerla.

---Espera...

En ese momento aparecen dos personas caminando rápidamente por el pasillo.

---¡Flora!

Reconozco la voz incluso antes de girarme.

Mis padres.

Papá\, **Julio**\, y mamá\, **Rosa**.

Se acercan apresurados.

Pero al ver a tres desconocidos mirando dentro de la habitación, se detienen de inmediato.

La expresión de mi padre cambia.

---¿Quiénes son ustedes? ---pregunta con tono desconfiado.

Mi madre también frunce el ceño.

---¿Por qué están mirando a mi nieto?

El silencio se vuelve incómodo.

Díaz reacciona rápido.

---Oh... lo siento mucho ---dice con una sonrisa diplomática---. Nos confundimos de habitación.

Toma suavemente del brazo a Estela.

---Buscábamos a otro paciente.

Gerardo entiende la señal y asiente.

---Sí... fue un error.

Mi padre los observa con desconfianza.

Pero finalmente se aparta para dejarles pasar.

Díaz prácticamente arrastra a la pareja por el pasillo.

Cuando doblan la esquina, Estela se detiene.

---Ese niño...

Gerardo la mira con gravedad.

---Lo sé.

Ella aprieta su mano.

---Es igual a Leonardo.

El médico guarda silencio.

Porque, aunque no quiere admitirlo...

Él también vio exactamente lo mismo.

1
Becky Navarro
ya nomas quiero saber que pasa con su mamá si la va a ver porque ya fastidia la historia muy cansona y lenta
Becky Navarro
que mujer tan cansona y negativa x eso no avanza
Becky Navarro
pero el ya sabe que es su hijo por que me enrredan
Becky Navarro
ya se acaban los cap y ella no quiere presiones uta ma
Becky Navarro
no la entiendo jodiendo x saber y cuando sabe no quiere 🤷 preciones todo a su modo tiene el remedio para la cura del niño y no quiere presiones pos esta que se cree🤭🤭🤷🤷
Becky Navarro
harta esta mujer siempre asiendose la ofendida
Becky Navarro
que le pasa que el niño siente seguridad es su padre porque tanta negativa
Becky Navarro
estoy a nada de botarla ya canso
Becky Navarro
que moños se pone sabe que es el papá y sus abuelos es lo único nieto por que se asombra que le quieran evitar apuros y estén bien
Becky Navarro
demasiadas bueltas no sale de lo mismo
Becky Navarro
haber conque sales estas sandijuelas
Becky Navarro
ay pero que sandijuelas son /Awkward//Awkward//Awkward/
Becky Navarro
ay que perro coraje y pensar que hay padres abusivos y parejas vale madres
Becky Navarro
pues tiene la facilidad agan una prueba
Becky Navarro
mendigo pelado hojala y se les pudra
Ángeles González
Pregunto y no habia la posibilidad del transplante de un familiar directo compatible.. la madre. el padre. el tio no sé. Total Alejandro es el papá
Patricia
que horribles padres, y pensar que si existen en la vida real
Patricia
menos mal pendejo, pero seguro te darás contra la pared
Pets Heme
me salte 20 capitulos y aún así no ví avance en la historia
Patricia Trujillo
muy cansona la escritora
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