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OLVIDÓ DE AMOR

OLVIDÓ DE AMOR

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Romance
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Ottavia Silvestri lleva diez años de matrimonio con Nereo Lombardi. A pesar de que su relación ha atravesado momentos difíciles, Ottavia siempre ha creído que cada discusión, cada crisis y cada reconciliación fueron necesarias para construir el matrimonio que tiene hoy.

Madre de tres hijos adultos —Marco, Dario y Elena—, cada uno con su propia empresa y una vida establecida, Ottavia siente que lo tiene todo: una familia de la que está orgullosa, un esposo al que ama y una vida que no cambiaría por nada.
Hasta que una noche, durante el quinto aniversario de la empresa de su hijo menor, Dario, descubre la verdad que destroza todo lo que creía conocer.

Nereo la engaña. Y no con cualquier mujer.

Su amante es Beatrice Sorrentino, la mejor amiga de su hija Elena… una mujer mucho más joven que Ottavia.

Con el corazón hecho pedazos y una humillación que no piensa olvidar, Ottavia decide no enfrentarse a su esposo. En lugar de eso, prepara su venganza en silencio.

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Capitulo 24

La luz suave de la mañana caía sobre las sábanas revueltas. Estaban recostados juntos, sin prisa, sin necesidad de hablar, simplemente sintiendo la calma que los envolvía después de haberse entregado el uno al otro con toda la ternura y la pasión que llevaban dentro. Lorenzo tenía una mano apoyada en su cintura, pero ahora la levantó despacio para acariciarle el rostro con la yema de los dedos, recorriendo sus mejillas, sus labios, la frente, como si estuviera grabándola en la memoria. La miraba con una expresión tan profunda, tan llena de algo que iba más allá del deseo, que el corazón de Ottavia empezó a latirle con fuerza extraña.

—¿Sabes algo? —le dijo él con voz baja y cariñosa—. Mereces ser feliz. No como premio después de haber sufrido, ni solo cuando todo termine y hayamos logrado lo que nos proponemos. Mereces ser feliz ahora. Y mereces serlo por ti, no como venganza contra nadie. Tu felicidad no debe depender de la caída de Nereo. Depende solo de ti.

Ottavia se quedó inmóvil bajo su tacto, y de pronto se le llenaron los ojos de lágrimas que no pudo detener. Nadie se lo había dicho nunca. Nadie le había hablado de su felicidad como algo que le pertenecía por derecho propio, sin condiciones, sin esperar a que se hiciera justicia primero. Ni siquiera ella misma se lo había planteado así: siempre había pensado en recuperarse, en sanar, en vengarse… pero nunca en merecer simplemente ser feliz, sin más motivo que el de existir.

—¿De verdad lo crees? —preguntó con un hilo de voz, conmovida hasta lo más hondo—. ¿Que merezco ser feliz así, sin más?

—Lo creo con toda mi alma —respondió él, acercando su frente a la suya—. No te lo digo por consolarte. Te lo digo porque lo veo cada vez que te miro. Has dado tanto de ti durante tantos años: a tu esposo, a tus hijos, a tu casa… y nadie te dijo que tú también importabas. Que tu alegría es tan valiosa como la de cualquier otra persona. Pues bien: te lo digo yo ahora. Y no hay discusión al respecto.

—Nadie me lo había dicho nunca —confesó ella con la voz temblorosa—. Nadie me miró así y me dijo que mi felicidad fuera algo natural, algo que me debía a mí misma. Siempre era: “cuida a los demás”, “sé buena esposa”, “mantén unida la familia”. Pero nunca “¿qué quieres tú, Ottavia? ¿Qué te hace feliz?”.

—Porque estaban ciegos —dijo él besándole suavemente una lágrima que rodó por su mejilla—. Y yo no lo estoy. Te veo clara y completa. Y lo que quiero más que cualquier otra cosa en este mundo es verte sonreír de verdad, sin cargas, sin culpas, sin deudas que pagar. Verte vivir.

En ese instante todo cambió dentro de ella. Lo que había empezado como atracción, como alianza, como refugio… se transformó en algo mucho más grande, más profundo y también más aterrador. No era solo que le gustara estar con él. No era solo que la hiciera sentir bien. Era que él la veía. La conocía. La valoraba exactamente como era, sin pedirle que fuera otra. Y ese sentimiento creció tan fuerte de golpe que le quitó el aliento. Se dio cuenta de que lo que sentía ya no tenía nombre de amante ni de aliado, sino uno mucho más grande y mucho más peligroso: amor.

—Me asustas —susurró ella mirándolo a los ojos—. Porque lo que siento por ti… ya no cabe en las reglas que pusimos. Ya no es solo atracción. Es algo más grande. Y tengo miedo de que me rompa si algo sale mal.

Lorenzo la abrazó con toda la suavidad y la firmeza del mundo, pegándola a su pecho como si quisiera protegerla incluso de sus propios miedos. —A mí también me asusta. Porque lo que siento por ti supera todo lo que creí posible sentir por alguien. Rompe cada límite, cada acuerdo, cada promesa que nos hicimos. Pero sabes qué es lo más hermoso? Que no me arrepiento. Ni un solo segundo.

—¿Y si nos lastimamos? —preguntó ella aferrándose a él—. ¿Y si al final no podemos estar juntos como deberíamos?

—Entonces habremos amado de verdad —respondió él con serenidad—. Y eso nunca es una pérdida. Pero te prometo una cosa: mientras yo pueda, te cuidaré el corazón con la misma devoción con la que tú me has cuidado a mí. No te prometo eternidad, porque no la conozco… pero sí te prometo honestidad. Y respeto. Y todo lo que pueda darte mientras caminemos juntos.

Ottavia lo miró y comprendió que no había vuelta atrás. Las líneas se habían borrado, las reglas se habían quedado atrás, y lo que quedaba era esto: dos personas que se habían encontrado cuando menos lo esperaban, y que se amaban con una intensidad que los superaba.

—Te amo —dijo en voz alta, y al decirlo sintió que el peso en el pecho se le aligeraba y a la vez se volvía más grande—. No quería decírtelo todavía. No quería asustarte. Pero es verdad. Te amo, Lorenzo. Más de lo que creí posible amar a nadie.

Él cerró los ojos un instante, como si esas palabras fueran algo demasiado precioso para recibirlas sin temblar, y luego la miró con los ojos brillantes y la voz llena de emoción:

—Y yo te amo a ti, Ottavia. Con todo lo que eres: tu fuerza, tu dolor, tu ternura y tu valentía. Eres la mujer que nunca busqué y que ahora no puedo imaginarme la vida sin ella. Y no me importa que sea peligroso. Me importa que seas tú. Y que estés aquí. Conmigo.

Se besaron entonces con una entrega total, sin reservas, sin miedo a nombrarlo. Porque ya no había necesidad de esconderse detrás de acuerdos ni de protegerse con barreras. Se amaban. Y eso, por ahora, era suficiente.

—¿Sabes lo que me da más miedo? —le dijo Ottavia con voz suave pero sincera, acariciando su rostro—. Que esto sea demasiado hermoso y que un día se acabe. Que me acostumbre a ser amada así y luego… ya no pueda volver a estar sin ti.

Lorenzo le tomó la mano y la apretó contra su pecho, donde podía sentir el latido firme de su corazón. —No pienses en el final. Piensa en ahora, en este momento, en lo real que es lo que sentimos. Y si algún día llegara a cambiar… habremos vivido algo verdadero. Y eso nunca se pierde. Pero te digo algo: yo no te voy a dejar ir tan fácil. No después de haber encontrado lo que tanto tiempo estuve buscando sin saberlo.

—¿Y qué es lo que encontraste? —preguntó ella con los ojos llenos de lágrimas dulces.

—El amor que sana —respondió él besándola con infinita ternura—. El que no pide que seas otra, sino que brilles más tú. Y lo encontré en ti. Y no lo voy a soltar.

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Mirna Vargas olortegui
Ya cansa con lo mismo que se dicen y hacen.
Monica Raquel Martin
es muy gracioso ella le reclama la traición pero ella no se queda atrás,
Leonela Soledad Trejo
como que recién se conocen y avanzaron como 20 pasos
Rossy Bta
Hola , estoy confusa como que 10 años de matrimonio y tiene hijos adultos algo no cuadra
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