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Prohibido Llamarte Amor

Prohibido Llamarte Amor

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Dejar escapar al amor / Diferencia de edad / CEO
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Enn Gómez

Hay amores que llegan demasiado tarde.
Y otros que nunca debieron llamarse amor.

***
Cinco años atrás, Lizzie cometió un error con James.

Una noche.
Un secreto.
Y una despedida antes de que él pudiera decirle que, para él, nunca había sido un error.

Ahora Lizzie tiene veinticinco años, un prometido perfecto y una boda esperándola. James debería ser solamente un recuerdo… hasta que la enfermedad de su padre lo convierte en el único hombre capaz de salvar el legado de su familia.

Trabajar juntos no estaba en sus planes.
Volver a desearse, mucho menos.

Porque James sigue siendo el hombre que no debería tocar.
Y Lizzie sigue perteneciendo a un futuro en el que él no tiene lugar.

NovelToon tiene autorización de Enn Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11. Como si nada

Dormí poco.

No porque hubiera ocurrido algo la noche anterior.

Ese era precisamente el problema.

James me había sostenido para evitar que cayera. Eso era todo. Un accidente en los escalones de mi propia casa que mi cabeza había decidido utilizar para abrir una puerta que llevaba cinco años manteniendo cerrada.

Y había recordado demasiado.

Cuando bajé a desayunar, Adrián ya estaba en la cocina.

Me miró entrar.

Yo lo ignoré.

Serví café, tomé una tostada y me senté frente a él con la firme intención de tener una mañana completamente normal.

Duró aproximadamente treinta segundos.

—¿Dormiste bien?

Levanté los ojos.

Adrián bebía café con una expresión demasiado inocente.

—Sí.

Asintió.

—Me alegra. Anoche parecías un poco... inestable.

Cerré los ojos.

—Fue el tacón.

—Por supuesto.

No dije nada más.

Adrián tampoco necesitó hacerlo. La sonrisa que escondió detrás de la taza fue suficiente.

Llegamos juntos a la empresa.

A las ocho en punto, Adrián desapareció hacia la oficina de James para la reunión que este le había recordado la noche anterior.

Yo aproveché para encerrarme en la mía.

Tenía trabajo.

Mucho.

Era perfecto.

Pasé casi una hora revisando correos e informes hasta conseguir convencerme de que el día podía continuar como cualquier otro.

Entonces James entró.

No tocó.

Nunca lo hacía cuando llevaba alguna carpeta en la mano y tenía prisa.

—Necesito que revises esto antes de la reunión de las diez.

Dejó unos documentos sobre mi escritorio.

Yo levanté la mirada.

Camisa blanca. Corbata oscura. Saco perfectamente colocado.

Nada que ver con el hombre de mis recuerdos.

Excepto que era exactamente el mismo.

—Claro.

James no se fue.

Revisó algo en su teléfono mientras yo abría la carpeta. Intenté concentrarme en las cifras, pero tenerlo de pie frente a mí después de pasar media noche recordando sus manos, sus besos y aquella mañana resultaba considerablemente más complicado de lo que debería.

Pasé una página.

Después otra.

No había entendido una sola palabra.

—¿Estás bien?

Levanté la cabeza demasiado rápido.

—Perfectamente.

James me observó.

No insistió.

Eso casi fue peor.

Volví al documento y encontré por fin el punto que buscaba. Señalé una inconsistencia en una de las proyecciones y James rodeó el escritorio para verla.

Se inclinó a mi lado.

Su brazo rozó el mío.

Mi cuerpo se tensó antes de que pudiera evitarlo.

James lo notó.

Se incorporó lentamente.

El silencio cambió.

Por un instante regresé a aquella habitación cinco años atrás. A la mañana en que había recogido mi ropa mientras él intentaba hablar conmigo.

Bajé la mirada.

Mi anillo estaba justo frente a mí.

James también lo vio.

—Sobre anoche...

El corazón me dio un vuelco.

—Me tropecé.

James permaneció en silencio.

—Lo sé.

—Y tú me sostuviste.

—También lo sé.

Cerré la carpeta.

No sabía por qué estaba hablando tan rápido.

—Entonces no hay nada que hablar.

James me miró durante unos segundos.

Aquella misma mirada.

La que siempre parecía decir mucho más de lo que finalmente salía de su boca.

Pero esta vez no discutió.

Asintió.

—La reunión es a las diez.

Y se marchó.

Solté el aire cuando la puerta se cerró.

Perfecto.

Eso era exactamente lo que quería.

Que James actuara como si nada hubiera ocurrido.

Miré la puerta cerrada.

Entonces, ¿por qué demonios me molestaba tanto que lo hiciera?

El resto de la mañana transcurrió entre reuniones.

James estuvo impecable.

Profesional.

Distante cuando debía serlo.

No volvió a mencionar la noche anterior y, para mi desgracia, tampoco pareció tener ningún problema para mirarme a los ojos.

Yo sí.

Cada vez que se acercaba demasiado, recordaba.

Cada vez que decía mi nombre, recordaba.

Cinco años.

Habían pasado cinco años y hasta esa mañana había conseguido mantener aquella noche en un rincón perfectamente controlado de mi memoria.

Un error.

Eso le había dicho.

Eso había repetido durante años.

Pero sentada frente a James, mientras él hablaba como si nada hubiera cambiado, comprendí algo que no me gustó en absoluto.

Quizá nunca había conseguido olvidarlo.

Solo había conseguido no estar lo suficientemente cerca para recordarlo.

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