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¿Traicionada? Sí. ¿Destruida? Jamás.

¿Traicionada? Sí. ¿Destruida? Jamás.

Status: Terminada
Genre:Madre soltera / Traiciones y engaños / Reencuentro / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:50
Nilai: 5
nombre de autor: Tônia Fernandes

Me llamo Elise Langford.
Crecí en una de las familias más respetadas de la costa oeste de los Estados Unidos, hija de un empresario que construyó un imperio con trabajo y visión. Siempre lo tuve todo: educación, oportunidades y una carrera prometedora como diseñadora de moda.
Pero nada se comparó con el día en que conocí a Daniel Stuart Bradford.
Él era diez años mayor que yo, un empresario respetado y conocido por su inteligencia y ambición. Durante dos años vivimos un romance que parecía perfecto. Nos enamoramos, nos comprometimos y finalmente nos casamos en una ceremonia digna de la alta sociedad.
Creía que estaba viviendo mi cuento de hadas.
Poco después de la boda, descubrí que estaba embarazada. La noticia pareció completar la felicidad que creía perfecta. Daniel se mostró emocionado, y yo estaba segura de que estábamos construyendo una familia sólida.
Pero la vida tiene una forma cruel de revelar verdades que preferimos no ver.

NovelToon tiene autorización de Tônia Fernandes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

EL PESO DE LA VERDAD

ELISE

Nunca imaginé que Daniel fuera capaz de traicionarme.

El dolor no llega como un único golpe; se despliega en ondas silenciosas y traicioneras, como si mi corazón estuviera siendo lentamente aplastado dentro del pecho.

— Momentos de respiración profunda me dan fuerzas para pensar que consigo soportarlo, pero el cruel recuerdo vuelve, vívido e intenso, haciendo que todo se desmorone nuevamente.

Mirando a nuestro hijo en mis brazos, tan pequeño e indefenso, me pregunto: ¿debo perdonar?

— Esa pregunta resuena en mí como un susurro angustiado, sin respuesta, sin dirección.

Estoy rota, no es un dolor común; es una fractura en el alma.

— No obstante, momentos de culpa me invaden, silenciosos y sigilosos.

Mi embarazo no fue fácil; la placenta previa trajo miedo, riesgos y noches en vela.

— Cada día era una batalla contra el terror de perder a nuestro hijo, una sombra constante que se alzaba en cada examen de ultrasonido.

— Mi cuerpo ya no era solo mío; mi tiempo tampoco lo era; mi atención igualmente no lo era.

Creo que Daniel ha comprendido la realidad en su esencia; o al menos fue lo que deseé creer.

Pensar que él entendía realmente la profundidad de lo que estábamos vivenciando, de la fragilidad de aquella nueva vida que germina bajo los cuidados de nuestro amor, ¿pero comprender es lo mismo que soportar?

Las dos cosas coexisten en mundos paralelos que muchas veces no se encuentran.

— Cierro los ojos por un instante, intentando aferrarme a las memorias que, en vez de confortar, duelen aún más.

Él solía afirmar tantas veces que nunca sería como su padre, que jamás cometería el mismo error, que nunca sería un tramposo.

— La firmeza en su voz, la verdad que raramente cuestioné porque confiaba profundamente.

— Ahora, estoy aquí, intentando juntar los pedazos de una confianza que no existe más. Duele, demasiado, Dios mío, cómo duele.

Descubrir que la persona elegida para compartir la vida—aquel que transformó mi mundo y tomó mi mano en los momentos más difíciles, que lloró al ver a nuestro hijo nacer—me hirió de una manera tan íntima y cruel.

— No fue solo una traición; fue con alguien que formaba parte de mi vida, en quien confié y dejé entrar, alguien que perdió la inocencia de nuestro vínculo.

Mi amiga Emma, la persona que me presentó a Daniel, que se convirtió en parte no solo de nuestra familia, sino de nuestro círculo de confianza.

— Llevo la mano a la boca, luchando contra el sollozo que insiste en escapar.

— El sabor amargo de la traición parece infiltrarse en todo, hasta en el aire que respiro, como si cada inhalación fuera un recordatorio de la pérdida.

Pregunto, en silencio, casi sin coraje de formular la pregunta completa: — Oh, Dios… ¿qué hago?

— Mi voz no sale, pero mi corazón grita: — Muéstrame cómo seguir adelante Señor, cómo soportar ese sentimiento que me destruye. Porque yo no sé, estoy perdida y realmente no sé el camino a seguir.

Siempre oí que traición no tiene perdón, que la confianza, una vez rota, nunca se reconstruye de la misma forma, pero también oí un consejo de mi madre sobre el perdón, y una segunda oportunidad.

—Es un fin, el punto final. Entonces si aún existe amor dentro de mí, ¿qué hago, Dios mío?

Por qué, aun herida y humillada, siento una parte de mí que se rehúsa a apagar todo lo que vivimos.

— ¿Será que mi amor es mayor que la traición? Daniel siempre fue gentil, nunca mintió, incluso cuando pregunté sobre traición, él dijo la verdad, prefirió la verdad, a esconder lo que hizo.

O tal vez sea solo debilidad, miedo o el desespero de no aceptar que todo acabó, pero no sé si quiero acabar.

— Mi hijo llora, y el sonido me jala de vuelta, me rescatando de ese abismo de pensamientos ininterrumpidos, un ancla en medio del torbellino de emociones.

Lo sostengo con más firmeza, trayéndolo contra mi pecho, como si allí fuera el único lugar seguro en el mundo.

— Está todo bien, mi amor… mamá está aquí, mi voz salió embargada, cargada de lágrimas.

— Él se calma gradualmente mientras se alimenta, tan inocente, tan ajeno a la tempestad que se forma a su alrededor.

Lloro por nosotros, porque él no pidió pasar por ese sufrimiento; no pidió nacer en medio del dolor que parece insoportable.

— Él merece un hogar, yo merezco paz, y amor... Jacob necesita a sus padres juntos, y que sepan lo que están haciendo, que luchen por su vida con un corazón íntegro y sincero.

Daniel dijo la verdad, al menos parte de ella, él no intentó negar, invertir o hacerme dudar de lo que era claro demasiado para ser contestado.

— Él solo no entró en detalles, como si ahorrar palabras pudiera disminuir el peso de lo que hizo.

Pero el dolor no disminuye, ¿acaso la sinceridad de él, debería contar a su favor?

— La verdad es que él no mintió cuando pregunté, él contó la verdad, Daniel podría haber mentido, pero prefirió contármelo. O eso solo tornó la traición más real e imposible de ignorar.

Apoyo la cabeza en la pared, sintiendo el cansancio dominarme casi físicamente, como si cada emoción drenara todo lo que aún me restaba.

— Estoy tan cansada, de sentir, y pensar, en Daniel traicionándome con Emma, estoy intentando entender, cómo llegamos a esa situación, que tal vez no tenga explicación, pero voy a intentar entender.

Miro nuevamente a mi hijo, ahora más calmo, sus ojitos cerrados, confiando en mí de una forma que parte aún más mi corazón, en mi seno, succionando la leche que lo mantiene vivo y fortalece nuestro vínculo.

— Yo soy todo lo que él tiene, Jacob tiene, él es todo lo que tengo de más puro en este momento.

Creo que la respuesta no está en Daniel, sino en mí, y el perdón también, pero el dolor es inmenso, estoy intentando procesar los acontecimientos, pues me estoy sintiendo una nada. no esté.

— Tal vez esté aquí, en este pequeño ser que depende de mí, en este amor que no traiciona, que no miente, que no quiebra. Respiro hondo, intentando encontrar, en medio de los escombros, un mínimo de fuerza.

No sé cuál será mi mañana, o si seré capaz de perdonar, Daniel, y, pero el amor, no quiero que se vaya.

—Pero algo comienza a formarse, aún frágil, aún incierto… pero real: yo no puedo perderme.

— Porque, si yo me pierdo, también pierdo a quien más me necesita, y no puedo permitirlo, Jacob es mi prioridad.

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