Kyra nació para ser despreciada.
Hija del alfa de la Manada Lunar, creció a la sombra de una madrastra cruel y de una hermanastra que le robó el cariño de su padre, el respeto de la manada… y, la noche de su transformación, también a su compañero predestinado. Lo que nadie sabe es que Kyra esconde un secreto capaz de cambiarlo todo: no es solo una loba. En sus venas corre la magia de las hadas, un don ancestral que su propia familia aprende a exprimir sin piedad.
Durante cuatro años la usan como una fuente de poder que fingen amar. Hasta que Kyra descubre la verdad detrás de cada sonrisa falsa y decide desaparecer sin dejar rastro.
Su huida la lleva a Ravenna, una aldea perdida entre montañas y niebla donde nada es lo que parece, y donde un hombre de ojos azules y presencia imposible de ignorar lleva demasiado tiempo observándola desde las sombras. Marcos guarda sus propios secretos: es el último lobo de un pueblo que no debería existir… y la Luna acaba de darle a Kyra una segunda oportunidad que él no piensa desperdiciar.
Pero el pasado de Kyra no la deja marchar tan fácil. Cazadores que exterminan criaturas como ella siguen su rastro, viejas traiciones vuelven a llamar a su puerta y un linaje real que creía perdido está a punto de reclamar lo que siempre fue suyo.
Rechazada por quienes debían amarla. Deseada por quien juró protegerla.
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Capítulo 21
Mientras tanto, en la Manada Lunar, Madson está preocupado e impaciente con la incompetencia de sus hombres, que todavía no logran localizar el rumbo que tomó Kyra.
—¿Cómo que no hay más pistas? Ella no puede haber desaparecido así…
Grita al teléfono y arroja al suelo todos los objetos que estaban sobre la mesa.
Katia entra corriendo al despacho para entender qué pasó.
—Querido, ¿qué pasó? ¿Por qué todo este estrés?
—Esos incompetentes no logran encontrarla.
Por un instante, Katia piensa que es necesario encontrar a Kyra, pero luego, analizando la situación después de tantos años queriendo librarse de ella, ahora que lo ha conseguido, no desea que la encuentren tan rápido.
Sin embargo, no puede decírselo directamente a Madson: en estos días sin Kyra está trastornado, furioso y muy cruel.
Tal vez la amenaza de perder todo su imperio lo está atormentando.
—Tarde o temprano la encontrarán. No puede haber ido tan lejos.
—¿Y si lo hizo? ¿Cómo vamos a encontrarla? ¿Y qué vamos a hacer si nunca aparece?
—¡Estaremos bien!
—Bien.
El alfa respira hondo para no descargar su rabia en Katia y dice:
—¿Sabes cuántas entregas había que hacer, cuántos contratos no vamos a poder cumplir?
—Pero tenemos mucho material, mucho producto. Aun habiendo bajado el ritmo, dejó una buena reserva.
—Sí, todavía, ¿y después de que se acabe cómo mantendremos el mismo nivel?
—¿Por qué no invertimos en otra cosa? Así nos aseguramos de no perder nuestra fortuna.
Tal vez invertir sea la mejor salida hasta encontrar a Kyra; Madson es un pésimo administrador.
En unos años logrará destruir toda la riqueza que Kyra les proporcionó, a menos que la encuentre y la traiga de vuelta a la manada.
Ya en Ravenna, el almuerzo estuvo buenísimo; los tres conversan bastante, hasta que Kyra decide irse a casa.
De regreso, agradece a los anfitriones y sigue sola. Algunas personas en el camino la saludan, otras no.
Entre ellas, un grupo de cuatro chicas más o menos de su edad.
Kyra las oye hablar; su buen oído, en momentos así, a veces es un defecto.
Porque siempre va a oír lo que los demás dicen de ella.
—¿Quién es esa?
—¿Alguien que huye? ¿O abandonada, tal vez expulsada?
Esa es Bruna, insinuando varias cosas; sabe que Kyra puede oírla. En los años que convive con Marcos aprendió todo lo que los lobos son capaces de hacer.
—Espero que no se quede mucho tiempo.
—A nadie le gustan los forasteros. Marcos debería expulsarla de una vez.
—Tal vez lo haga si se lo pido con maña.
Kyra voltea para mirar al grupo; en un instante su mirada se cruza con la de Bruna.
Una mirada intimidante, fría, de quien no ha gustado de lo que está oyendo.
Bruna no es capaz de sostenerla ni de encararla al mismo nivel, y desvía la mirada cambiando de tema rápidamente.
Kyra tampoco se molesta en seguir mirando. Sin embargo, se queda pensando: si aquí no es una manada, ¿cómo podría ese Marcos expulsarme?
Hay algo en Ravenna que no es del todo normal.
—¿Debería averiguarlo?
—Sin duda. Si es por nuestra seguridad, adelante.
Dice Luna.
—Ya la oíste: si se lo pido con maña…
Continúa Luna, y Kyra ríe.
—Otra emocionada, como Camila. Recordemos no ponernos jamás en su camino.
—Cierto, lejos de la decepción. Merecemos a alguien solo nuestro, sin repartir.
—¡O quedarnos solas!
—No, eso no. Merecemos un compañero, y la Diosa Luna va a preparar a alguien especial para nosotras.